viernes, 6 de octubre de 2017

Crítica: Kingsman: El círculo de oro (2017)

FICHA TÉCNICA
Título: Kingsman: The Golden Circle País: Reino Unido, Estados Unidos Género: Acción, Aventura, Comedia Duración: 141 minutos Director: Matthew Vaughn Guión: Jane Goldman, Matthew Vaughn, basado en los cómics de Mark Millar y Dave Gibbons Productores: Adam Bohling, David Reid, Matthew Vaughn, Dave Gibbons, Mark Millar Música: Henry Jackman, Matthew Margeson Fotografía: George Richmond Montaje: Eddie Hamilton Intérpretes: Taron Egerton, Edward Holcroft, Mark Strong, Julianne Moore, Colin Firth, Michael Gambon, Channing Tatum, Halle Berry, Pedro Pascal, Jeff Bridges, Elton John, Bruce Greenwood, Emily Watson, Hanna Alström, Gordon Alexander, Sophie Cookson, Björn Granath Estreno en España: 22 de septiembre de 2017 Calificación por edades: No recomendada para menores de 16 años



SINOPSIS: Cuando el cuartel general de la agencia secreta es destruido, se descubre una organización de espionaje aliada en EE.UU. llamada Statesman, cuyo origen se remonta a la fecha en que ambas fueron fundadas. En una nueva aventura que pone a prueba la fuerza y el ingenio de sus agentes, ambas organizaciones secretas de élite aúnan sus esfuerzos para intentar derrotar a su enemigo común y salvar al mundo... algo que está convirtiéndose en una especie de hábito para Eggsy.

CRÍTICA: El cine de espías sufría de un creciente encorsetamiento, generando películas cortadas por el mismo patrón, siendo las sagas de Jason Bourne y James Bond los exponentes por excelencia del género, presentando a personajes con un pasado difuso y enredados en dilemas existenciales. Es por ello que Kingsman: Servicio Secreto (2014), basada en el cómic de Mark Millar y Dave Gibbons vino a proponer algo diferente, fresco y original, demostrando que las películas de espías, sin caer en lo autoparódico, pueden funcionar igual de bien cuando se enfocan al gamberrismo y al exceso. El director, Matthew Vaughn (Londres, 1971), vuelve tres años después con una secuela que acaba fagocitada por su propio estilo, en la que ha apostado por ofrecer más de todo, perdiendo el factor sorpresa que supuso la primera entrega, ofreciendo una película con un metraje excesivo que provoca que el guión avance a trompicones y que nos deje la sensación de estar descolocados, y con la creciente inseguridad de que la tercera entrega puede terminar por enterrar una saga que apuntaba muy alto.



                     La principal novedad de "Kingsman: El círculo de oro" respecto a su predecesora es la aparición en escena de los Statesman, los "primos americanos" (como bien dice uno de los personajes) de los espías británicos. Partiendo de esta simple premisa, Vaughn apuesta por sobredimensionar lo ofrecido en la película anterior, dando más acción, más humor, más personajes, en definitiva, más de todo, algo que no siempre termina siendo positivo, ya que puede agotar al espectador, atónito ante tal bombardeo de estímulos. Las escenas de acción que tan bien funcionaron en la primera entrega, aquí pueden generar cierta confusión, ya que abusan del CGI, dejando de lado ese aire artesanal que posibilitaba el hecho de que todo no pareciera un producto de diseño, que los FX estaban al servicio de la película y no al revés, lo que no quita que algunas de ellas estén magníficamente rodadas en lo que al ritmo y ubicación de las cámaras se refiere. El problema de afrontar una película con un metraje de casi dos horas y media es cuidar al máximo los tiempos muertos, sin dar la sensación de que algunas escenas están de relleno, y eso termina sucediendo con la relación romántica de Eggsy con la princesa sueca. No funciona, no aporta nada a la trama (salvo las notas de humor que suponen el hecho de que el espía deba conocer a los padres de su prometida, los Reyes de Suecia) y termina por romper el ritmo conseguido.

        
                     El reparto es apabullante en cuestión de nombres, corriendo el riesgo de que algunos personajes tengan menos peso del que parece en un principio. Es el caso de Jeff Bridges (Los Ángeles, 1949), Channing Tatum (Cullman, 1980) y Halle Berry (Cleveland, 1966), todos ellos miembros de los Statesman y cuya aparición es prácticamente testimonial, si bien Berry aparece algo más. Pedro Pascal (Santiago de Chile, 1975) está experimentando un meteórico ascenso en su carrera, gracias a su participación en Juego de Tronos y Narcos, y es el que más protagonismo acumula de entre todos los Statesman. Taron Egerton (Birkenhead, 1989) vuelve a encarnar a Eggsy, el chico de los bajos fondos londinenses que se transforma en espía por obra y gracia de Harry Hart, que cuenta con los rasgos de Colin Firth (Grayshott, 1960), siempre una estimulante presencia en cualquier película, aunque en esta ocasión echemos en falta mayor interactuación entre ambos. Para encarnar al villano de la historia se ha apostado por el continuismo, ofreciendo un personaje histriónico, megalómano y con un gusto exagerado por la violencia. Si en aquella ocasión fue el Valentine de Samuel L. Jackson (Washington, 1948) el que hacía la vida imposible a los protagonistas, aquí tenemos a Julianne Moore (Fayetteville, 1960), que se marca una interpretación muy alejada de lo que nos tiene acostumbrados, dejando claro que se ha divertido en el rodaje.  


               En definitiva, una película que apuesta por el continuismo hipervitaminado, ofreciendo lo que ya destacaba en la primera entrega, pero multiplicado por dos. No me entendáis mal, "Kingsman: El círculo de oro" es una película entretenida (salvando los puntos muertos ya comentados con anterioridad), gamberra, con buenas escenas de acción (aunque abusen demasiado del GCI) y con un desfile de caras conocidas para el gran público. Su principal hándicap es que no sorprende, por lo que la vía elegida ha sido la saturación, algo que puede influir negativamente en la percepción por parte del espectador del conjunto final, máxime cuando la primera parte es tan disfrutable.


NOTA: 7/10 

viernes, 29 de septiembre de 2017

Crítica: Detroit (2017)

FICHA TÉCNICA
Título: Detroit País: Estados Unidos Género: Crimen, Drama, Histórico, Thriller Duración: 143 minutos Director: Kathryn Bigelow Guión: Mark Boal Productores: Kathryn Bigelow, Mark Boal, Matthew Budman, Megan Ellison, Colin Wilson, Greg Shapiro Música: James Newton Howard Fotografía: Barry Ackroyd Montaje: William Goldenberg, Harry Yoon Intérpretes: John Boyega, Will Poulter, Algee Smith, Jacob Latimore, Jason Mitchell, Hannah Murray, Jack Reynor, Kaitlyn Dever, Ben O´Toole, John Krasinski, Anthony Mackie, Nathan Davis Jr., Peyton ´Alex´ Smith, Malcolm David Kelley, Laz Alonso, Joseph David-Jones, Chris Coy Estreno en España: 15 de septiembre de 2017 Calificación por edades: No recomendada para menores de 12 años




SINOPSIS: Film ambientado durante los disturbios raciales que sacudieron la ciudad de Detroit, en el estado de Michigan, en julio de 1967. Todo comenzó con una redada de la policía en un bar nocturno sin licencia, que acabó convirtiéndose en una de las revueltas civiles más violentas de los Estados Unidos.

CRÍTICA: Tras abordar el drama bélico con En tierra hostil (2008), retrato trepidante del trabajo de un grupo de artificeros en Irak, y el thriller con base histórica en La noche más oscura (2012), donde narra la caza de Bin Laden, Kathryn Bigelow (San Carlos, 1951) completa su particular trilogía de cine orientado a despertar la conciencia social con "Detroit", demostrando una vez más que se trata de una de las directoras más viscerales de su generación, capaz de afrontar películas que se sustentan sobre temas de actualidad, pero también espinosos, siendo acusada en muchas ocasiones de tirar la piedra y esconder la mano, de cuidarse mucho de sobrepasar la línea que marca lo políticamente correcto en Estados Unidos, para no contrariar a nadie. Si lo observamos desde otra óptica distinta, también podemos decir en su favor que es capaz de ahondar en la llaga de ciertos temas sin tomar partido a favor o en contra. En "Detroit" trata el racismo que siempre ha estado presente en los EEUU, un tema atemporal, y lo hace a través de la narración suceso desconocido para gran parte del público, con un desarrollo irregular que afecta al resultado final pero con destellos del buen cine que es capaz de ofrecer Bigelow.


                    El libreto de Mark Boal (Nueva York, 1973), colaborador de Bigelow en las tres anteriores cintas de la directora, se estructura en tres partes. Tras una breve lección de historia insertada a través de unos artesanos títulos de crédito y usando imágenes reales de archivo como base, nos metemos de lleno en el contexto sociopolítico (aunque pueda parecer que en cierto modo se pasa de puntillas sobre él) de la trama. Bigelow maneja perfectamente los tempos, consiguiendo que flote en la atmósfera algo amenazante, algo que sabemos que no tardará en estallar. Y estalla con la redada que se lleva a cabo en un club nocturno, constituyendo la chispa definitiva que precipita los acontecimientos. Es una fase de presentación de muchos de los personajes que serán fundamentales en la segunda parte de la película, donde la directora pone en boga sus enormes cualidades. Con el ejército ya en las calles de Detroit, un inocente juego con un arma de fogueo supone el asalto por parte de militares y policías del motel Algiers, buscando al autor de los disparos. Este segundo segmento de la película es sin duda el más desasosegante y cruel, donde asistimos al punto más bajo de la condición humana, al triunfo del odio racial como lacra de la humanidad. A través de un montaje preciso como un reloj y un uso de la cámara centrado en primeros planos y excelentes planos-secuencia, Bigelow acelera nuestro pulso y golpea nuestra conciencia con saña, provocando repulsa, angustia e indignación a partes iguales, encontrándonos con algunos de los mejores minutos de cine del año. El gran hándicap de la película es el tercer acto, posiblemente necesario pero mal insertado, que se encarga de tirar por tierra lo conseguido en las casi dos horas anteriores. Se centra en el juicio a los culpables y en las secuelas que sufren las personas que se encontraban esa noche en el motel.

                        
                    De un reparto coral, destaca principalmente el joven Will Poulter (1993), que encarna a un policía racista, y que se marca una interpretación absolutamente antológica, con un personaje repulsivo, obcecado en sus convicciones y que utiliza el incidente del motel para sacar fuera todo su odio y violencia. Él acarrea todo el peso interpretativo de la segunda parte del metraje, aunque también es justo nombrar a John Boyega (Londres, 1992), de moda en el firmamento cinematográfico por su participación en la nueva trilogía de "Star Wars" y que se mete en la piel de un guardia de seguridad que asiste horrorizado a las vejaciones y abusos de las autoridades sin nada que poder hacer. 
 
                 En definitiva, un nuevo paso de Kathryn Bigelow en su faceta de realizadora de cine de denuncia sociopolítica, con un duro alegato antiracista que sufre de un cierto bajón en el ritmo en su último tramo. La dirección es solvente, a ratos brillante, y tanto William Goldenberg como Harry Yoon dan una lección de cómo montar una película. Cine duro de ver pero muy necesario.
 
NOTA: 8/10 

lunes, 18 de septiembre de 2017

Crítica: IT (2017)

FICHA TÉCNICA
Título: IT País: Estados Unidos, Canadá Género: Aventura, Drama,  Horror Duración: 135 minutos Director: Andy Muschietti Guión: Chase Palmer, Cary Fukunaga, Gary Dauberman, basado en la novela de Stephen King Productores: Richard Brener, Doug Davison, Toby Emmerich, Marty P. Ewing, Walter Hamada, Dave Neustadter, Jon Silk, Barbara Muschietti Música: Benjamin Wallfisch Fotografía: Chung-hoon Chung Montaje: Jason Ballantine Intérpretes: Jaeden Lieberher, Jeremy Ray Taylor, Sophia Lillis, Finn Wolfhard, Chosen Jacobs, Jack Dylan Grazer, Wyatt Oleff, Bill Skarsgard, Nicholas Hamilton, Jake Sim, Logan Thompson, Owen Teague, Jackson Robert Scott, Stephen Bogaert, Stuart Hughes, Geoffrey Pounsett, Molly Atkinson Estreno en España: 8 de septiembre de 2017 Calificación por edades: No recomendada a menores de 16 años



SINOPSIS: Cuando empiezan a desparecer niños en el pueblo de Derry (Maine), un pandilla de amigos lidia con sus mayores miedos al enfrentarse a un malvado payaso llamado Pennywise, cuya historia de asesinatos y violencia data de siglos.

CRÍTICA: A Stephen King (Portland, 1947) le viene como anillo al dedo el apelativo de "maestro del terror", ya que conoce y maneja como nadie el material del que están hechas las pesadillas, y sus novelas han aterrorizado a lectores de todo el mundo durante décadas. Hace 27 años se estrenó una versión de su novela "IT" en formato miniserie, que no ha envejecido demasiado bien pero que puede presumir de ser una adaptación más que digna del libro (recordemos la infame La torre oscura, estrenada también este verano) y que ga sabido captar a la perfección el espíritu de la misma. Ha llegado a nuestras salas una nueva versión, dirigida por el argentino Andy Muschietti, y sorprendentemente se trata de un estupendo remake, con algunas cosas nuevas que ofrecer respecto a su predecesora y que desprende en todo momento esa atmósfera malévola que impregnaba la obra de King. No tengáis miedo, adentráos conmigo en la terrorífica odisea del "Club de los Perdedores" en su lucha contra el malvado Pennywise.

                          Sería injusto quedarse en la superficie y considerar a "IT" únicamente como una película más de terror, cuando realmente va más allá. Es un retrato perfecto de la brutal pérdida de la inocencia, de un grupo de niños que deben lidiar con los problemas propios de su edad, donde el payaso Pennywise no es más que un reflejo de los auténticos monstruos, de aquellos que nos rodean en la vida cotidiana, monstruos de carne y hueso. La historia se desarrolla en Derry, un pueblecito de Maine, donde cada 27 años suceden hechos inexplicables que se ceban especialmente con los niños. Un grupo de 7 chicos deben hacer frente a la amenaza, además de convivir diariamente con los matones del pueblo, con los conflictos con sus familias y sus propios miedos interiores, aquellos de los que se alimenta la criatura que los acecha. Es por ello que uno de los puentes de la película, más allá de los momentos terroríficos, es comprobar cómo esos niños van fortaleciendo su amistad, consiguiendo que su lucha contra el aterrador ser les sirve para superar sus propios traumas haciéndoles frente. Esto no quiere decir que no haya terror, que sí lo hay, aunque "It" funciona más con lo que insinua que con lo que explicita, llegando un momento en el que el típico susto con aumento de sonido incluido deja de ser un recurso para hacerse repetitivo, por lo que mejor cuando se mueve en el terreno del terror psicológico. El nivel de sangre y violencia también es adecuado, no podía ser en menos teniendo en cuenta el libro en el que se basa.


                       Lo retro mola. La serie de Netflix Stranger Things (2016- ) ha devuelto al cine y la televisión la fiebre por los años ochenta, e "It" bebe de ello constantemente. La estética "ochenter" está muy cuidada en la ropa, los carteles de los cines, las bicicletas etc... y nos transporta a esa época en la que teníamos 12 años y nos pasábamos las horas muertas en la calle con nuestra pandilla. El apartado artístico ofrece en este sentido un trabajo fabuloso, siendo inevitable el acordarse también de películas míticas de aquella década cómo Los Goonies (1985) o Cuenta Conmigo (1986), basada también en un relato de Stephen King, componiendo así Muschietti un efectivo retablo de nostalgia.

                          Las comparaciones con la película de 1990 son inevitables, y en el apartado interpretativo no iba a ser menos, centrándose dichas comparaciones en el payaso, Pennywise. Si Tim Curry (Cheshire, 1946) se centró en la vena irónica e incluso cómica del personaje, Bill Skarsgard (Vällingby, 1990) conforma un villano más violento y aterrador, da más miedo, incluso con la modulación de su voz (hay ganas de ver la película en su versión original), siendo los suficientemente carismático para salir con nota del envite. Sería injusto destacar a alguno de los actores que interpretan a los integrantes del "Club de los Perdedores", ya que todos están perfectos en sus roles, les coges cariño y llegas a sufrir con ellos. Seguro que son caras a tener en cuenta en el futuro cercano de Hollywood.

                             
                   En definitiva, una película muy bien dirigida e interpretada, con un diseño de producción extremadamente cuidado y que es bastante fiel a la obra de Stephen King. Sangre, violencia y un exceso de sustos de esos que abusan del sonido efectista no están reñidos con una buena historia y un trasfondo que bucea en conflictos emocionales. Eso sí, si tienes miedo a los payasos, no es tu película, y si no les tienes miedo, te lo empezarás a pensar. 


NOTA: 9/10 

jueves, 14 de septiembre de 2017

Crítica: Transformers: El último caballero (2017)

FICHA TÉCNICA
Título: Transformers: The Last Knight País: Estados Unidos, China, Canadá Género: Acción, Aventuras, Ciencia-Ficción Duración: 149 minutos Director: Michael Bay Guión: Art Marcum, Matt Holloway, Ken Nolan, Akiva Goldsman Productores: Michael Bay, Tom DeSanto, Lorenzo Di Bonaventura, Steven Spielberg, Don Murphy, Brian Goldner Música: Steve Jablonsky Fotografía: Jonathan Sela Montaje: Roger Barton, Adam Gerstel, Debra Neil-Fisher, John Refoua, Mark Sanger, Calvin Wimmer Intérpretes: Mark Wahlberg, Anthony Hopkins, Josh Duhamel, Laura Haddock, Santiago Cabrera, Isabela Moner, Stanley Tucci, John Turturro, Jerrod Carmichael, Liam Garrigan, Glenn Morshower, Gemma Chan, Mitch Pileggi, Dan Warner Estreno en España: 4 de agosto de 2017 Calificación por edades: No recomendada para menores de 12 años




SINOPSIS: Dos especies en guerra: una de carne y hueso, la otra de metal. El Último Caballero rompe con el mito original de la franquicia de Transformers y redefine lo que significa ser un héroe. Humanos y Transformers están en guerra y Optimus Prime se ha ido. La llave para salvar nuestro futuro está enterrada en los secretos del pasado, en la historia oculta de los Transformers en la Tierra.

CRÍTICA: Si en las últimas décadas ha habido un director que ha sido inmisericordemente destrozado por la crítica y buena parte del público (a veces con razón), ese es Michael Bay (Los Ángeles, 1965). Siempre he reconocido que su cine no me disgusta, que él no engaña en ningún momento y que todos sabemos lo que nos vamos a encontrar viendo una de sus películas. Es más, dos de sus últimos trabajos, Dolor y Dinero (2013) y 13 horas: Los soldados secretos de Bengasi (2016) son cintas muy reivindicables y parecían marcar un nuevo camino alejado de excesos previos. En 2007 llegó a nuestros cines con Transformers, la película basada en los juguetes de la compañía Hasbro, aquellos vehículos que se transformaban en robots y que enfrentaban a Autobots (los buenos) contra los Decepticons (los malos). La película fue un éxito de público, recaudando una cantidad estratosférica de dinero que auguraba nuevas entregas. Pues bien, lo que era una cinta bien construida, emocionante, con unos FX que quitaban el aliento, ha ido convirtiéndose tras las diferentes secuelas en una caricatura de sí misma, y es posible que haya tocado fondo con "Transformers: El último caballero", y carga a sus críticos de razones para seguir atacándolo sin piedad.

                    El visionado de la película es agotador, y deja al espectador con la misma sensación que al beberse dos Red-Bull y pegarse cuatro viajes en la montaña rusa. Como no hay un mínimo nivel de coherencia narrativa y la historia no hay quien la entienda (algo sorprendente si tenemos en cuenta que el guión ha sido escrito a 8 manos), Michael Bay opta por bombardearnos con larguísimas set-pieces de acción embarullada, exhibiendo músculo en lo que a FX se refiere y dejando a los personajes a la altura del betún, haciendo las dos horas y media que duran la función eternas. Si tuviera que hablar del argumento, no sabría por dónde empezar, ya que los ¿guionistas? mezclan a los Transformers con la leyenda del Rey Arturo, metiendo entre medias a un grupo paramilitar que se dedica a cazar robots y al ejercito, que no sabemos muy bien qué pinta en todo esto, pero es que una película de Michael Bay sin el ejercito no sería una película de Michael Bay. Todo ello aderezado con los planos de atardeceres marca de la casa, los planos de segundo y medio y los chispazos de humor que cada vez hacen menos gracia. Vamos, lo que viene llamándose una auténtica locura.


                   ¿Por qué, Anthony Hopkins, por qué? ¿Qué lleva a un reputado actor como tú a hacer una película de estas características? ¿Dinero? No creo, te debe sobrar. ¿Aburrimiento? Supongo que habrá proyectos que también te llamen la atención y que no supongan un borrón en tu carrera. Cierto que has hecho alguna que otra bazofia, pero esto es la gota que colma el vaso. Supongo que quieres demostrar que sabes reirte de tí mismo. Pues has dejado claro que sabes hacerlo, así que por favor te pedimos que vuelvas al redil de las buenas interpretaciones. Mark Wahlberg (Dorchester, 1971) es un actor todoterreno, se atreve con cualquier género y suele salir bastante airoso siempre. Además esta es su segunda película de Transformers, por lo que ya sabe de qué va el asunto y por ello se le nota en su salsa. La presencia femenina corre a cargo de Laura Haddock (Inglaterra, 1985), cuyo personaje se limita a ser una extensión de los interpretados por Megan Fox y Rosie Huntington-Whiteley en otras películas de la saga. Con decir que la mejor interpretación y los mejores momentos corren a cargo del mayordomo-robot de Anthony Hopkins ya dejamos claro el nivel de la cinta en el apartado actoral.

                         En definitiva, una película excesiva, agotadora y que no tiene nada más que ofrecer que unos magníficos efectos especiales que también terminan por cansar, que debería suponer el cierre definitivo de la saga, pero que por los resultados en taquilla (la ha salvado el mercado chino) parece ser que continuará, eso sí, sin Michael Bay a los mandos. Esperemos que en las siguientes entregas den el golpe de timón necesario para ofrecer un producto completo en todas sus facetas.
NOTA: 3/10




 

miércoles, 30 de agosto de 2017

Crítica: Verónica (2017)

FICHA TÉCNICA
Título: Verónica País: España Duración: 105 minutos Género: Horror Director: Paco Plaza Guión: Fernando Navarro, Paco Plaza Productores: María Angulo, Javier Carneros, Mar Ilundain, Enrique López Lavigne, Fernando Navarro, Paco Plaza, Carla Pérez de Albéniz Música: Chucky Namanera Fotografía: Pablo Rosso Montaje: Martí Roca Intérpretes: Sandra Escacena, Bruna González, Claudia Placer, Iván Chavero, Ana Torrent, Consuelo Trujillo, Ángela Fabián, Carla Campra, Chema Adeva, Miranda Gas, Luis Rallo, Nayara Feito, Carlos Cristino, Núria Gago, Sonia Almarcha, Leticia Dolera, Maru Valdivielso, Gema Matarranz, Samuel Romero Estreno en España: 25 de agosto de 2017 Calificación por edades: No recomendada para menores de 16 años





SINOPSIS: Tras hacer una ouija con unas amigas, una adolescente es asediada por aterradoras presencias sobrenaturales que amenazan con hacer daño a toda su familia.

CRÍTICA: A pesar de haber dirigido un par de películas bastante competentes en lo que al cine de terror patrio se refiere, como El segundo nombre (2002) y Romasanta, la caza de la bestia (2004), fue la saga "REC", cuyas dos primeras entregas codirigió junto a Jaume Balagueró (Lleida, 1968) mientras que de la tercera se encargó él mismo, la que puso el nombre de Paco Plaza (Valencia, 1973) entre aquellos directores a tener muy en cuenta a la hora de aterrorizarnos en una sala de cine. Con "Verónica" conforma la que es su mejor (y más personal) obra hasta el momento, y para afrontar este proyecto se basó en dos de los casos más famosos de la parapsicología española, como el Expediente Vallecas, único caso recogido en los archivos policiales y el Caso Embajadores. Si pincháis en los enlaces podréis leer toda la información sobre dichos sucesos, ya que recomiendo ir a ver la película debidamente documentados sobre los mismos. Sobre estos hechos (tomándose las licencias necesarias para transmutarlos en lenguaje cinematográfico) edifica Paco Plaza su obra, una fantástica película que revitaliza el tan denostado género de terror en nuestro país, con una dirección que gestiona la tensión de una manera milimétrica, además de ofrecer un envoltorio a la altura de las circunstancias y que sube la media del producto.


                     Verónica es una adolescente que vive en el Vallecas de fin de siglo. Tras fallecer su padre, debe encargarse de sus tres hermanos prácticamente durante todo el día, ya que la madre se encuentra trabajando en el bar para sacar adelante la familia. Es por ello que Verónica ha debido madurar demasiado rápido, y las vías de escape a todos sus problemas cotidianos son la música de Héroes del Silencio y un peligroso interés por el ocultismo, lo que le lleva a practicar una sesión de ouija con sus amigas, con terribles consecuencias. Y hasta ahí puedo contar. Lo que podía haber sido una película de terror más que al final termina dejando al espectador completamente indiferente se convierte en manos de Plaza en una historia sobre el miedo a crecer, los cambios corporales y los estragos de una responsabilidad precoz en una adolescente cualquiera de una ciudad cualquiera. 

                           
                    Uno de los puntos fuertes de la película es su ambientación y el cuidado que el equipo artístico ha puesto en los detalles. Los años 90 están recreados a la perfección, tanto en la gente que vemos en las calles como en la decoración de los hogares,los juguetes, los televisores e incluso la mentalidad, tan diferente en aquellos años respecto a lo que vemos en la actualidad, con familias numerosas que luchaban por salir adelante Era una época en la que el impacto tecnológico era mínimo, y las vías de información se reducían a televisión y radio o las revistas y periódicos que comprábamos en los kioscos. Ese aire costumbrista y de realismo hace que empaticemos enseguida con la película y con lo que nos cuenta, acrecentando esa sensación de terror que nos va invadiendo desde el minuto 1, ya que todo nos suena, en mayor o menor medida todo eso lo hemos vivido los espectadores.


                    No, no me olvido de que estamos ante una película de terror. Hay terror, y del bueno, de ese que hace que te muerdas las uñas y te agarres a la butaca. De ese que te deja sin respiración y que te deja muy, pero que muy mal cuerpo. Es más, la película no te deja hasta después de un par de días de haberla visto. Es evidente que Paco Plaza bebe de muy diversas fuentes para plasmar el Terror en imágenes, y en ocasiones no duda en sucumbir a clichés y convencionalismos del género mil veces vistos, pero eso puede ser un arma de doble filo, y el director valenciano sale airoso del reto, edificando la tensión escena a escena, poniendo énfasis en cada ruido, en cada recoveco oscuro, con el único objetivo de helarnos la sangre. Además, los efectos especiales lucen estupendamente, así como el trabajo del equipo de maquillaje.

                  Ha nacido una estrella. Hacía tiempo que no veía una interpetación con tanta naturalidad y oficio como la de la debutante Sandra Escacena, auténtico descubrimiento de la cinta. Maneja con soltura y habilidad propias de una veterana todo tipo de registros, lo que influye positivamente en el halo de credibilidad que se le quiere dar a la historia, ya que es uno de esos personajes con los que empatizas al instante, con los que sufres en cada una de sus vivencias. Ya era hora de llenar el cine español de nuevos rostros con ganas de comerse la pantalla. Los momentos (muy necesarios) cómicos de la cinta corren a cargo de los tres niños que encarnan a los hermanos de la protagonista, Bruna González, Claudia Placer e Iván Chavero, que aportan frescura y desparpajo al reparto. Las caras más conocidas son las de Ana Torrent (Madrid, 1966), como madre de Verónica y Leticia Dolera (Barcelona, 1981), como profesora de Historia.

                En definitiva, una película de terror española que hace que recuperemos la confianza en el género, dirigida con gran virtuosismo por Paco Plaza, que sabe mezclar el horror con el realismo de los años 90 y con una acertadísima elección de actores, que consigue meterte el miedo en el cuerpo y que te tomes de otra manera todos esos ruidos que escuchas en tu casa. Yo no soy de encender las luces en mi casa, pero dos días después de ver la película aún lo sigo haciendo...


NOTA: 9/10 

domingo, 27 de agosto de 2017

Crítica: La Torre Oscura (2017)

FICHA TÉCNICA
Título: The Dark Tower País: Estados Unidos Duración: 95 minutos Género: Acción, aventura, fantasía Director: Nikolaj Arcel Guión: Akiva Goldsman, Jeff Pinkner, Anders Thomas Jensen, Nikolaj Arcel Productores: G. Mac Brown, Cheryl Eatock, Akiva Goldsman, Ron Howard, Erica Huggins, Jeff Pinkner Música: Junkie XL Fotografía: Rasmus Videbaek Montaje: Alan Edward Bell, Dan Zimmerman Intérpretes: Idris Elba, Matthew McConaughey, Tom Taylor, Dennis Haysbert, Claudia Kim, Jackie Earle Haley, Abbey Lee, Katheryn Winnick, Nicholas Pauling, Michael Barbieri, José Zúñiga, Nicholas Hamilton, Ben Gavin, Fran Kranz, Eva Kaminski, Robbie McLean Estreno en España: 18 de agosto de 2017 Calificación por edades: No recomendada para menores de 12 años




SINOPSIS: En un mundo extrañamente parecido al nuestro un cowboy de nombre Roland Deschain de Gilead persigue a su eterno enemigo, "el hombre de negro". Roland, solitario, quizá maldito, anda sin descanso a través de un paisaje triste y abandonado. Conoce a Jake, un chico de Nueva York pero venido de otro tiempo, y ambos unen sus destinos. Ante ellos están las montañas. Y mucho más allá, la Torre Oscura...

CRÍTICA: Confieso que soy un seguidor bastante fiel de la obra de Stephen King (Portland, 1947) desde hace muchos años, y es rara la temporada en la que no tengo uno de sus libros en la cabecera de la cama. Pero siendo absolutamente sincero, también he de reconocer que siempre me ha costado engancharme al universo creado en torno a la Torre Oscura, una obra mastodóntica, muy densa, con multitud de universos paralelos y que se extiende a través de 8 libros. Por eso me mostré receloso cuando me enteré de que por fin iba a ver la luz su adaptación cinematográfica, después de años pasando de productora en productora. Por fin ha llegado a las carteleras, y los temores de miles de fans del escritor se hicieron realidad, ya que nos encontramos con un producto que no contenta a nadie ya que falla terriblemente tanto como adaptación como entretenimiento veraniego, mostrando gran cantidad de lagunas a todos los niveles y que desperdicia un material que, de estar en otras manos, posiblemente habría dado más de sí.

                    Un adolescente llamado Jake tiene terribles pesadillas en las que un hombre vestido de negro secuestra niños con un don especial con el objetivo de destruir la Torre Oscura, que protege al universo de las fuerzas oscuras. En sus sueños también ve a un personaje llamado El Pistolero, que parece ser la única persona capaz de hacer frente al Hombre de Negro. Lo que a priori parece ser un argumento bastante simple, se convierte en un jeroglífico para el espectador, ya que los responsables han querido condensar los 8 volúmenes en hora y media de metraje, lo que hace que la trama vaya demasiado acelerada, haciendo al espectador perderse en una amalgama de nombres y mundos paralelos, con la clara sensación al acabar la película de estar más perdido que al principio. Hubiera sido más fácil centrarse en la primera novela y establecer las líneas maestras sobre las que se va a construir la saga, en vez de coger retazos de uno y otro libro y narrarlos de forma totalmente inconexa, que es lo que finalmente ha ocurrido.


                 La historia en la que se basa la película requiere una profundidad narrativa que no ofrece en ningún momento, todo son pinceladas superficiales que, unidas a unos personajes principales desdibujados y unos secundarios que aparecen y desaparecen por arte de magia, sin influir demasiado en la trama suponen un lastre del que la película no logra desprenderse en ningún momento. El director, Nikolaj Arcel (Copenhage, 1972), tampoco arriesga en el ámbito de la dirección con el objetivo de tapar las carencias narrativas, mostrándose demasiado académico, sin optar por encuadres poco ortodoxos que nos ofrezcan algo positivo a lo que agarrarnos, a la par que algunos efectos especiales que dan la sensación de inacabados o un montaje caótico dan idea de lo que parece haber sido un proceso de postproducción muy irregular.  


                    Otro punto negativo de la película es darle el protagonismo (erróneamente) a Jake Chambers, el adolescente encarnado por Tom Taylor,cuando en las novelas el auténtico protagonista es Roland Deschain, El Pistolero, que cuenta con los rasgos de Idris Elba (Hackney, 1972), que aporta su buen hacer, dándole un tono entre misterioso y melancólico a su interpretación, aunque nos quedamos con ganas de saber más del personaje. Lo mismo sucede con el Hombre de Negro, con los rasgos de Matthew McConaughey (Uvalde, 1969), del que nos explican muy poco y que se caracteriza por su socarronería, aunque puede parecer algo sobreactuado, conformando un villano de segunda.

                     En definitiva, una película que dejará indiferente al espectador que vaya al cine por curiosidad y que enervará a los fans de Stephen King, al tratarse de una adaptación caótica que no hace justicia a la colección en la que se basa. Fallos claros en la narración, mediocre diseño de personajes o efectos especiales que no no lucen auguran el fin de la saga cinematográfica. Esperemos que la serie que se está preparando sí que merezca la pena. ¿Algo positivo? Que no se hace pesada y la multitud de referencias a las otras obras del escritor.

NOTA: 5/10  

viernes, 18 de agosto de 2017

Crítica: Spider-Man: Homecoming (2017)

FICHA TÉCNICA
Título: Spider-Man: Homecoming País: Estados Unidos Duración: 133 minutos Género: Acción, Aventura, Ciencia-Ficción Director: Jon Watts Guión: Jonathan Goldstein, John Francis Daley, Jon Watts, Christopher Ford, Chris McKenna, Erik Sommers Productores: Avi Arad, Victoria Alonso, Louis D´Espósito, Jeremy Lachtam, Stan Lee, Matt Tolmach, Patricia Witcher Música: Michael Giacchino Fotografía: Salvatore Totino Montaje: Debbie Berman, Dan Lebental Intérpretes: Tom Holland, Michael Keaton, Robert Downey JR., Marisa Tomei, Jon Favreau, Gwyneth Paltrow, Zendaya, Jacob Batalon, Bokeem Woodbine, Donald Glover, Laura Harrier, Tony Revolori, Kenneth Choi Estreno en España: 28 de julio de 2017 Calificación por edades: No recomendada para menores de 7 años 




SINOPSIS: Peter Parker (Tom Holland) comienza a experimentar su recién descubierta identidad como el superhéroe Spider-Man. Después de la experiencia vivida con los Vengadores, Peter regresa a casa, donde vive con su tía (Marisa Tomei). Bajo la atenta mirada de su mentor Tony Stark (Robert Downey Jr.), Peter intenta mantener una vida normal como cualquier joven de su edad, pero interrumpe en su rutina diaria el nuevo villano Vulture (Michael Keaton) y, con él, lo más importante de la vida de Peter comenzará a verse amenazado.

CRÍTICA: Tras su fugaz (y refrescante) aparición en Capitán América: Civil War (2016), Spider-Man confirma su adhesión definitiva al Universo Cinematográfico de Marvel (tras la venta de los derechos por parte de Sony)  con "Spider-Man: Homecoming", que supone un nuevo reinicio del personaje, después de las sagas protagonizadas por Tobey Maguire (Santa Mónica, 1975) y Andrew Garfield (Los Ángeles, 1983). En una época en la que se apuesta por explotar el lado más oscuro e introspectivo de los superhéroes, los responsables de "Spider-Man: Homecoming" deciden cambiar el tono y nos ofrecen una película con un tono muy ligero, orientada principalmente a la comedia y que cuenta con el que sea, posiblemente, el mejor Spiderman de una adaptación al cine, aunque por contra encontramos también cierta deficiencia en la ejecución de las escenas de acción o algunas licencias que no gustarán a los seguidores acérrimos de los cómics.

                         La escena que vimos en "Capitán América: Civil War" sirve como nexo de unión para introducir la película que ahora nos ocupa. Spiderman ha llevado a cabo su primer trabajo para Los Vengadores y quiere más. Pero por el momento no va a ser posible, y es por ello que esta película se centra en el día a día de un adolescente de 15 años más que en los actos de Spiderman. Peter Parker no se ha hecho todavía a sus recién adquiridos poderes, y a su frustración por no poder ser el héroe que quiere se unen los problemas en el instituto, los enamoramientos y el lidiar con su tía May. Ser un superhéroe mola, pero debe encontrar su sitio en la vida, asumir con total naturalidad su nueva condición y prepararse para lo que Spiderman será en un futuro. Es por ello que "Spider-Man: Homecoming" se puede catalogar dentro de las comedias de adolescentes popularizadas en los años 80, como Todo en un día (1986), lo que convierte a la película en un divertimento adecuado para todas las edades, en lo que nos hubiera gustado ver si volviéramos a ser adolescentes. Se trata de un Spideman de andar por casa, del "amigo y vecino" de toda la vida, de ese superhéroe que se dedica a parar los pequeños delitos de su barrio de toda la vida, pero que suspira por jugar en primera división. El director de la cinta, Jon Watts (Fountain, 1981), se desenvuelve perfectamente en todo lo relacionado con Peter Parker, pero demuestra que le falta cierto saber hacer para ejecutar las escenas de acción que se le presuponen a un producto de estas características, error que esperamos pueda subsanar en la continuación, ya que también la dirigirá él.



                            Hemos necesitado 6 películas nada más y nada menos para encontrar al actor que mejor encarna a Spiderman. Tom Holland (Kingston, 1996) hace el personaje suyo con una facilidad pasmosa y un carisma fuera de toda duda. Encarna con natural simpatía al adolescente deseoso de utilizar sus poderes para un fin mayor, afrontando con estoicismo los problemas propios de su edad, agravados por su recién adquirida condición de superhéroe. Podríamos decir que asistimos a la gestación de aquella famosa frase que reza: "un gran poder conlleva una gran responsabilidad" El villano de la función es Michael Keaton (Coraopolis, 1951), un obrero de la construcción afectado por las crisis que trafica con los restos de la batalla de Los Vengadores contra los Chitauri en Nueva York, y que se convierte en El Buitre. Me parece uno de los mejores villanos de las películas de Spiderman, e incluso da mas miedo sin el traje puesto, compartiendo un par de escenas muy tensas con Peter Parker. Ya conocemos a Tony Stark/Iron Man, encarnado por Robert Downey JR (Nueva York, 1965), que representa la figura paterna que apadrina a Peter Parker y que le guía en sus primeros pasos como futuro Vengador, aunque con su habitual cinismo y bordería.


                                     En definitiva, una película que supone una nueva apuesta en lo que al universo Spiderman se refiere, especialmente en todo lo relativo al tratamiento del personaje y a su próxima inclusión en Los Vengadores, por lo que se ajusta milimétricamente a los arquetipos de las películas de Marvel Studios en narración y estructura. Llama la atención el hecho de que pase de puntillas por todo lo relacionado con la mitología de Spiderman (picadura de araña, el tío Ben...), que ya nos sabemos de memoria. Excelsa en el desarrollo de los personajes, funciona al ralentí en las escenas de acción, faltas de cierto ápice de espectacularidad. Simpática, fácil de digerir y muy entretenida, no se puede pedir más en verano.


NOTA: 7,5/10