miércoles, 27 de diciembre de 2017

Crítica: En realidad, nunca estuviste aquí (2017)

FICHA TÉCNICA
Título: You were never really here País: Reino Unido, Francia, Estados Unidos Género: Drama, Misterio, Thriller Duración: 85 minutos Director: Lynne Ramsay Guión: Lynne Ramsay, basado en la novela de Jonathan Ames Productores: Rosa Attab, Pascal Caucheteux, Carrie Fix, Rose Garnett, Rebecca O'Brien, Lynne Ramsay, James Wilson Música: Jonny Greenwood Fotografía: Thomas Townend Montaje: Joe Bini Intérpretes: Joaquin Phoenix, Ekaterina Samsonov, Alessandro Nivola, Alex Manette, John Doman, Jason Babinsky, Judith Roberts, Kate Easton, Frank Pando, Dante Pereira - Olson, Cristina Dohmen, Leigh Dunham, Scott Price, Christian Reeve, Ronan Summers, Jonathan Wilde, Joseph Anthony Jerez, Jalina Mercado, Silvia Pena, Vinicius Damasceno, Ryan Martin Brown Estreno en España: 24 de noviembre de 2017 Calificación por edades: No recomendada para menores de 16 años


SINOPSIS: Joe (Joaquin Phoenix), ex marine y antiguo veterano de guerra, es un tipo solitario que dedica su tiempo a intentar salvar a mujeres que son explotadas sexualmente. No se permite ni amigos ni amantes y se gana la vida rescatando jóvenes de las garras de los tratantes de blancas. Un día recibe la llamada de un político porque que su hija ha sido secuestrada.

CRÍTICA: Lynne Ramsay (Glasgow, 1969) es una directora que se prodiga muy poco, contando únicamente en su haber con cuatro películas en prácticamente 20 años de carrera, y dándose a conocer en nuestro país con la estupenda Tenemos que hablar de Kevin (2011), un drama sobre la maternidad que lidia con el terror psicológico y el thriller. Se trata de una directora con un estilo muy marcado y personal, que dota a sus narraciones de un marcado lirismo que provoca que sus películas sean de difícil digestión, con una aureola de violencia contenida y ambientes malsanos en los que se ven enrolados sus protagonistas, reflejo de una sociedad que cada vez se ve más inversa en esa vorágine de autodestrucción. En esta ocasión nos presenta un thriller con reminiscencias de las películas setenteras de justicieros, pero alejada completamente de la concepción hollywoodiense de las mismas, que en fondo y forma se acerca a la mítica Taxi Driver (1976), de Martin Scorsese (Queens, 1942), aunque con su propia personalidad, centrándose en la decadencia de la moralidad en Estados Unidos y conformando la que se puede catalogar como una nueva película de culto.


                          Durante todo el metraje acompañamos a Joe, un exmarine que se dedica a sacar a niñas y adolescentes de la explotación sexual a la que se ven sometidas, personaje encarnado magistralmente por Joaquin Phoenix (San Juan, 1974), que se marca una las interpretaciones más potentes del año, con un papel que le viene al dedillo. Joe es la antítesis absoluta del héroe al uso, acosado constantemente por los fantasmas en forma de traumas de su pasado y que camina peligrosamente en cada fotograma por la cuerda floja del derrumbe tanto psicológico como mental. Se trata de un tipo capaz de ejecutar de manera inmisericorde a aquellos que se cruzan en su camino con poco más que un martillo para a continuación cuidar de su madre enferma con un amor y dedicación absolutos. Es decir, la brújula de la moralidad en esta película la enarbola un tipo que machaca los cráneos de sus enemigos sin torcer el gesto lo más mínimo. Pero lo más extraño, sin duda, es que uno termina empatizando de manera directa con el personaje, bien sea a través de la pena que transmite o de lo encomiable de su cruzada.


                            Un estupendo trabajo de montaje provoca que el desarrollo de la historia no tenga un itinerario definido, que sea el propio espectador el que saque sus propias conclusiones, especialmente en lo que al pasado del protagonista se refiere, ofreciéndonos retales de los sucesos que provocaron su estado actual, estado que deja su sello en el desarrollo de la cinta. Todo ello a través de una dirección que se recrea demasiado en lo poético, pero que lejos de ser una carga termina funcionando perfectamente, ofreciéndonos escenas en la que el encuadre, la iluminación y una acertadísima banda sonora consiguen el efecto emocional perseguido por la directora. 

                                 En definitiva, una película que se aleja de los parámetros establecidos por Hollywood, que espantará a los que buscan una película de acción de usar y tirar, ya que es de visionado difícil, pero que enamorará al espectador necesitado de nuevas emociones y sensaciones. Yo recomiendo verla al menos para disfrutar del espectacular trabajo de Joaquín Phoenix, de una banda sonora que casa a la perfección con las imágenes a las que acompaña y del personal estilo de dirección de Lynne Ramsay.

NOTA: 8,75/10 

sábado, 25 de noviembre de 2017

Crítica: Musa (2017)


FICHA TÉCNICA
Título: Musa País: España, Irlanda, Bélgica, Francia Género: Horror, Ciencia-Ficción, Thriller Duración: 107 minutos Director: Jaume Balagueró Guión: Jaume Balagueró y Fernando Navarro, basado en la novela de José Carlos Somoza Productores: John Brady, Albert Espel, Carlos Fernández, Marianne Lambert, Brendan McCarthy, John McDonnell, Adriá Monés, Jean-Yves Roubin Música: Stephen Rennicks Fotografía: Pablo Rosso Montaje: Guillermo de la Cal Intérpretes: Elliot Cowan, Franka Potente, Ana Ularu, Leonor Watling, Manuela Vellés, Joanne Wahlley, Christopher Lloyd, Sam Hardy, Cally O´Connell, Stella McCusker, Yennis Cheung, Eve Maher, Ciaran McGlynn, Carlos Lasarte, Eve Connolly, Frank Cannon, Lawrence Stanley, Mark Fitzgerald, Tighe Wardell Estreno en España: 10 de noviembre de 2017 Calificación por edades: No recomendada para menores de 16 años


SINOPSIS: Samuel Salomon, profesor de literatura, no pisa la universidad desde la trágica e inesperada muerte de su novia. Samuel sufre una recurrente pesadilla donde una mujer es brutalmente asesinada a través de un extraño ritual. De repente, la misma mujer que aparece todas las noches en su mente es hallada muerta en idénticas circunstancias a las de su sueño. Samuel se cuela decidido en la escena del crimen para averiguar la verdad, y conoce a Rachel, una joven que asegura haber soñado con el asesinato. Juntos, harán todo lo posible para descubrir la identidad de la misteriosa mujer, sumergiéndose en un oscuro mundo gobernado por las musas que han inspirado a los poetas de todos los tiempos.

CRÍTICA: La máxima "renovarse o morir" es una constante en el mundo del cine, y muchas veces marca tanto la evolución positiva de un cineasta como su estancamiento definitivo. Hace unas semanas, y aprovechando el estreno de "Verónica" (2017), sacaba a colación el impacto que había tenido en lo que a cine de terror español se refiere el el tándem formado por Paco Plaza (Valencia,1973) y Jaume Balagueró (Lérida, 1968), que este mes ha estrenado su nueva película, "Musa", que si bien sigue siendo un producto bastante aceptable, denota cierto estancamiento creativo por parte del realizador, ya que sigue el esquema marcado por otras cintas de su filmografía, lo que despide un cierto olor a rancio, a algo ya visto, arriesgando muy poco en la propuesta, pero enmascarado con un envoltorio que tiene forma de producción muy cuidada, eso no se le puede negar. Comprobemos si las musas siguen acompañando a Balagueró o bien han decidido tomarse unas vacaciones...

          
                          El guión de la película se basa en la novela "La Dama número Trece", de José Carlos Somoza. Un profesor universitario mantiene una relación con una de sus alumnas.Cuando ella se suicida, deja su trabajo y se sumerge en la depresión y el alcohol, hasta que pasado un tiempo empieza a tener horribles pesadillas en las que una mujer es asesinada en una especie de ritual. Es entonces cuando conoce a una chica que sufre esas mismas pesadillas y, al comprobar que ha sido un asesinato real, comienzan una carrera contrarreloj para desentrañar el misterio. La película empieza muy bien, es más, podríamos decir que una vez que pone las cartas sobre la mesa, la primera hora es muy disfrutable, mantiene el suspense muy acertadamente y nos invita a seguir con interés la investigación que llevan a cabo los dos protagonistas. Hasta que llega un momento en el que parece que entramos en un bucle creativo de los responsables de la cinta, cuando comprobamos que los múltiples caminos que toma la trama terminan siendo vías muertas que no llevan a ningún sitio. Lo más sangrante es sin duda el poco tratamiento de las Musas que dan título a la película, encontrándonos únicamente con leves pinceladas sobre todo lo que las rodea, y quedando la sensación de que su inclusión es un mero pretexto para enlazar escenas.   



                          El apartado técnico está muy cuidado, destacando por encima de todo la fotografía de Pablo Rosso, que se vale de la belleza de los escenarios irlandeses en los que se desarrolla la película, elegidos cuidadosamente para reforzar el halo misterioso de la película. La banda sonora de Stephen Rennicks es correcta, acompaña bien las imágenes, aunque sin ofrecernos un tema recurrente que acabemos recordando. Y como toda buena película de terror (aunque podríamos catalogarla más bien de suspense), no falta un cuidado montaje de sonido. También está muy bien interpretada, destacando a Elliot Cowan (Londres, 1976), como el profesor, Ana Ularu (Bucarest, 1985), como su compañera de fatigas y una agradable sorpresa como es la aparición de Christopher Lloyd (Stamford, 1938), que encarna a un misterioso personaje que parece tener algunas claves sobre las Musas.

                             En definitiva, una película que supone una pequeña decepción dada la categoría de su director y lo que nos había ofrecido con anterioridad. Técnicamente ofrece lo que se espera de una producción de estas características, pero cojea sustancialmente en su faceta narrativa, lastrada por agujeros de guión que aparentan ser fácilmente subsanables


NOTA: 5,5/10 

viernes, 27 de octubre de 2017

Crítica: El muñeco de nieve (2017)

FICHA TÉCNICA
Título: The Snowman País: Reino Unido, Estados Unidos, Suecia Género: Crimen, Drama, Horror, Thriller Duración: 119 minutos Director: Tomas Alfredson Guión: Hossein Amini, Peter Straughan, Soren Sveistrup, basado en la novela de Jo Nesbo Productores: Tomas Alfredson, Tim Bevan, Jo Nesbo, Martin Scorsese, Amelia Granger, Liza Chasin Música: Marco Beltrami Fotografía: Dion Beebe Montaje: Thelma Schoonmaker, Claire Simpson Intérpretes: Michael Fassbender, Rebecca Ferguson, Val Kilmer, Charlotte Gainsbourg, J.K. Simmons, James D´Arcy, Toby Jones, David Dencik, Chloë Sevigny, Jamie Clayton, Ronan Vibert, Jonas Karlsson, Sofia Helin, Jakob Oftebro Estreno en España: 12 de octubre de 2017 Calificación por edades: No recomendada para menores de 16 años




SINOPSIS: Al investigar la desaparición de una víctima durante la primera nevada del invierno, el detective de una brigada de investigación de élite (Michael Fassbender) empieza a sospechar que un asesino en serie vuelve a estar activo. Con la ayuda de una brillante y perspicaz agente (Rebecca Ferguson) el policía encajará las piezas del rompecabezas a partir de antiguos casos sin resolver para conectarlos con el último brutal acontecimiento y así adelantarse al cruel asesino que volverá a actuar, antes de la próxima nevada.

CRÍTICALa irrupción en nuestro país de la saga "Millenium", escrita por Stieg Larssen, marcó el inicio de la imparable hegemonía que la novela negra escandinava ostenta desde hace ya varios años en el mercado literario patrio, aglutinando nombres tan conocidos como Camilla Lackberg, Asa Larsson o Jo Nesbo, el autor del libro en el que se basa la película que nos ocupa en la crítica de hoy. Todas ellas suelen seguir un guión bastante marcado, y presentan una serie de características comunes, siendo las más reseñables su localización en paisajes muy definidos, una crítica palpable y directa a la corrupción presente en todos los estamentos del sistema, personajes con profundos dilemas morales, una violencia bastante explícita en ocasiones y el recurso de entremezclar pasado y presente en sus tramas. Era inevitable que un filón de semejantes características resultara un caramelo demasiado goloso para las ávidas fauces del séptimo arte, y ahora le ha tocado el turno a "El muñeco de nieve". No he leído la novela, por lo que me resulta imposible establecer una relación entre la misma y su adaptación al cine. Y he de decir que me he encontrado una película que en rasgos generales me ha dejado tan frío como los parajes en los que se desarrolla. Más detalles después de la foto...

                                     
                            Una historia interesante, un reparto de lujo y un director que había dado sobradas muestras de su buen hacer parecen mimbres suficientes para ofrecer un producto notable, pero todo se desmorona sin sentido como un castillo de naipes, para sorpresa del incrédulo espectador. Lo más sangrante del asunto es que la cosa empieza bien, las bases sobre las que se sustenta la película están correctamente construidas y el interés por ver qué sucede va creciendo. Entonces, ¿qué falla en "El muñeco de nieve"? En primer lugar un montaje confuso, resultado de un cruce de tramas que no está bien llevado y que provoca un colapso mental en el espectador incapaz de atar cabos y que acaba perdiéndose en una maraña de escenas en las que no sabe muy bien si la acción está en el presente o en el pasado. El director de la cinta alega que el resultado final no es el esperado, que no le dejaron hacer su película, dando explicación al hecho de que sí parezca que se ha metido la tijera en la sala de montaje, con la mala suerte de que han prescindido de partes de la película que seguramente constituían un nexo de unión importante.


                                 Otro aspecto que lastra el resultado final es el hecho de que aparecen multitud de personajes secundarios que provocan en el espectador la sensación de que están de relleno y no aportan nada a la trama, aumentando la sensación de confusión, a la par que los personajes principales no terminan de echarse la historia sobre sus espaldas totalmente, desperdiciando de esta manera un reparto de campanillas. Michael Fassbender (Heidelberg, 1977), que encarna al detective Harry Hole, y Rebecca Ferguson (Suecia, 1983), como su compañera en la investigación, navegan a la deriva y ofrecen una actuación carente de alma, en piloto automático, sepultados bajo la mediocridad del guión. 

                                  En definitiva, una película que finalmente no hace justicia a lo mostrado en los diferentes trailers, que acusa un montaje caótico y un guión deficiente, algo que unido a unos personajes en su mayoría planos deja una materia prima excelente en algo totalmente desaprovechado. El apartado técnico sí brilla, ofreciendo el director de fotografía unos paisajes bellísimos y propiciando una atmósfera gélida, acorde al desarrollo de la historia. Algunos buenos planos y una banda sonora correcta salvan al conjunto del desastre absoluto. Tendremos que leer la novela...


NOTA: 4/10 

     

viernes, 6 de octubre de 2017

Crítica: Kingsman: El círculo de oro (2017)

FICHA TÉCNICA
Título: Kingsman: The Golden Circle País: Reino Unido, Estados Unidos Género: Acción, Aventura, Comedia Duración: 141 minutos Director: Matthew Vaughn Guión: Jane Goldman, Matthew Vaughn, basado en los cómics de Mark Millar y Dave Gibbons Productores: Adam Bohling, David Reid, Matthew Vaughn, Dave Gibbons, Mark Millar Música: Henry Jackman, Matthew Margeson Fotografía: George Richmond Montaje: Eddie Hamilton Intérpretes: Taron Egerton, Edward Holcroft, Mark Strong, Julianne Moore, Colin Firth, Michael Gambon, Channing Tatum, Halle Berry, Pedro Pascal, Jeff Bridges, Elton John, Bruce Greenwood, Emily Watson, Hanna Alström, Gordon Alexander, Sophie Cookson, Björn Granath Estreno en España: 22 de septiembre de 2017 Calificación por edades: No recomendada para menores de 16 años



SINOPSIS: Cuando el cuartel general de la agencia secreta es destruido, se descubre una organización de espionaje aliada en EE.UU. llamada Statesman, cuyo origen se remonta a la fecha en que ambas fueron fundadas. En una nueva aventura que pone a prueba la fuerza y el ingenio de sus agentes, ambas organizaciones secretas de élite aúnan sus esfuerzos para intentar derrotar a su enemigo común y salvar al mundo... algo que está convirtiéndose en una especie de hábito para Eggsy.

CRÍTICA: El cine de espías sufría de un creciente encorsetamiento, generando películas cortadas por el mismo patrón, siendo las sagas de Jason Bourne y James Bond los exponentes por excelencia del género, presentando a personajes con un pasado difuso y enredados en dilemas existenciales. Es por ello que Kingsman: Servicio Secreto (2014), basada en el cómic de Mark Millar y Dave Gibbons vino a proponer algo diferente, fresco y original, demostrando que las películas de espías, sin caer en lo autoparódico, pueden funcionar igual de bien cuando se enfocan al gamberrismo y al exceso. El director, Matthew Vaughn (Londres, 1971), vuelve tres años después con una secuela que acaba fagocitada por su propio estilo, en la que ha apostado por ofrecer más de todo, perdiendo el factor sorpresa que supuso la primera entrega, ofreciendo una película con un metraje excesivo que provoca que el guión avance a trompicones y que nos deje la sensación de estar descolocados, y con la creciente inseguridad de que la tercera entrega puede terminar por enterrar una saga que apuntaba muy alto.



                     La principal novedad de "Kingsman: El círculo de oro" respecto a su predecesora es la aparición en escena de los Statesman, los "primos americanos" (como bien dice uno de los personajes) de los espías británicos. Partiendo de esta simple premisa, Vaughn apuesta por sobredimensionar lo ofrecido en la película anterior, dando más acción, más humor, más personajes, en definitiva, más de todo, algo que no siempre termina siendo positivo, ya que puede agotar al espectador, atónito ante tal bombardeo de estímulos. Las escenas de acción que tan bien funcionaron en la primera entrega, aquí pueden generar cierta confusión, ya que abusan del CGI, dejando de lado ese aire artesanal que posibilitaba el hecho de que todo no pareciera un producto de diseño, que los FX estaban al servicio de la película y no al revés, lo que no quita que algunas de ellas estén magníficamente rodadas en lo que al ritmo y ubicación de las cámaras se refiere. El problema de afrontar una película con un metraje de casi dos horas y media es cuidar al máximo los tiempos muertos, sin dar la sensación de que algunas escenas están de relleno, y eso termina sucediendo con la relación romántica de Eggsy con la princesa sueca. No funciona, no aporta nada a la trama (salvo las notas de humor que suponen el hecho de que el espía deba conocer a los padres de su prometida, los Reyes de Suecia) y termina por romper el ritmo conseguido.

        
                     El reparto es apabullante en cuestión de nombres, corriendo el riesgo de que algunos personajes tengan menos peso del que parece en un principio. Es el caso de Jeff Bridges (Los Ángeles, 1949), Channing Tatum (Cullman, 1980) y Halle Berry (Cleveland, 1966), todos ellos miembros de los Statesman y cuya aparición es prácticamente testimonial, si bien Berry aparece algo más. Pedro Pascal (Santiago de Chile, 1975) está experimentando un meteórico ascenso en su carrera, gracias a su participación en Juego de Tronos y Narcos, y es el que más protagonismo acumula de entre todos los Statesman. Taron Egerton (Birkenhead, 1989) vuelve a encarnar a Eggsy, el chico de los bajos fondos londinenses que se transforma en espía por obra y gracia de Harry Hart, que cuenta con los rasgos de Colin Firth (Grayshott, 1960), siempre una estimulante presencia en cualquier película, aunque en esta ocasión echemos en falta mayor interactuación entre ambos. Para encarnar al villano de la historia se ha apostado por el continuismo, ofreciendo un personaje histriónico, megalómano y con un gusto exagerado por la violencia. Si en aquella ocasión fue el Valentine de Samuel L. Jackson (Washington, 1948) el que hacía la vida imposible a los protagonistas, aquí tenemos a Julianne Moore (Fayetteville, 1960), que se marca una interpretación muy alejada de lo que nos tiene acostumbrados, dejando claro que se ha divertido en el rodaje.  


               En definitiva, una película que apuesta por el continuismo hipervitaminado, ofreciendo lo que ya destacaba en la primera entrega, pero multiplicado por dos. No me entendáis mal, "Kingsman: El círculo de oro" es una película entretenida (salvando los puntos muertos ya comentados con anterioridad), gamberra, con buenas escenas de acción (aunque abusen demasiado del GCI) y con un desfile de caras conocidas para el gran público. Su principal hándicap es que no sorprende, por lo que la vía elegida ha sido la saturación, algo que puede influir negativamente en la percepción por parte del espectador del conjunto final, máxime cuando la primera parte es tan disfrutable.


NOTA: 7/10 

viernes, 29 de septiembre de 2017

Crítica: Detroit (2017)

FICHA TÉCNICA
Título: Detroit País: Estados Unidos Género: Crimen, Drama, Histórico, Thriller Duración: 143 minutos Director: Kathryn Bigelow Guión: Mark Boal Productores: Kathryn Bigelow, Mark Boal, Matthew Budman, Megan Ellison, Colin Wilson, Greg Shapiro Música: James Newton Howard Fotografía: Barry Ackroyd Montaje: William Goldenberg, Harry Yoon Intérpretes: John Boyega, Will Poulter, Algee Smith, Jacob Latimore, Jason Mitchell, Hannah Murray, Jack Reynor, Kaitlyn Dever, Ben O´Toole, John Krasinski, Anthony Mackie, Nathan Davis Jr., Peyton ´Alex´ Smith, Malcolm David Kelley, Laz Alonso, Joseph David-Jones, Chris Coy Estreno en España: 15 de septiembre de 2017 Calificación por edades: No recomendada para menores de 12 años




SINOPSIS: Film ambientado durante los disturbios raciales que sacudieron la ciudad de Detroit, en el estado de Michigan, en julio de 1967. Todo comenzó con una redada de la policía en un bar nocturno sin licencia, que acabó convirtiéndose en una de las revueltas civiles más violentas de los Estados Unidos.

CRÍTICA: Tras abordar el drama bélico con En tierra hostil (2008), retrato trepidante del trabajo de un grupo de artificeros en Irak, y el thriller con base histórica en La noche más oscura (2012), donde narra la caza de Bin Laden, Kathryn Bigelow (San Carlos, 1951) completa su particular trilogía de cine orientado a despertar la conciencia social con "Detroit", demostrando una vez más que se trata de una de las directoras más viscerales de su generación, capaz de afrontar películas que se sustentan sobre temas de actualidad, pero también espinosos, siendo acusada en muchas ocasiones de tirar la piedra y esconder la mano, de cuidarse mucho de sobrepasar la línea que marca lo políticamente correcto en Estados Unidos, para no contrariar a nadie. Si lo observamos desde otra óptica distinta, también podemos decir en su favor que es capaz de ahondar en la llaga de ciertos temas sin tomar partido a favor o en contra. En "Detroit" trata el racismo que siempre ha estado presente en los EEUU, un tema atemporal, y lo hace a través de la narración suceso desconocido para gran parte del público, con un desarrollo irregular que afecta al resultado final pero con destellos del buen cine que es capaz de ofrecer Bigelow.


                    El libreto de Mark Boal (Nueva York, 1973), colaborador de Bigelow en las tres anteriores cintas de la directora, se estructura en tres partes. Tras una breve lección de historia insertada a través de unos artesanos títulos de crédito y usando imágenes reales de archivo como base, nos metemos de lleno en el contexto sociopolítico (aunque pueda parecer que en cierto modo se pasa de puntillas sobre él) de la trama. Bigelow maneja perfectamente los tempos, consiguiendo que flote en la atmósfera algo amenazante, algo que sabemos que no tardará en estallar. Y estalla con la redada que se lleva a cabo en un club nocturno, constituyendo la chispa definitiva que precipita los acontecimientos. Es una fase de presentación de muchos de los personajes que serán fundamentales en la segunda parte de la película, donde la directora pone en boga sus enormes cualidades. Con el ejército ya en las calles de Detroit, un inocente juego con un arma de fogueo supone el asalto por parte de militares y policías del motel Algiers, buscando al autor de los disparos. Este segundo segmento de la película es sin duda el más desasosegante y cruel, donde asistimos al punto más bajo de la condición humana, al triunfo del odio racial como lacra de la humanidad. A través de un montaje preciso como un reloj y un uso de la cámara centrado en primeros planos y excelentes planos-secuencia, Bigelow acelera nuestro pulso y golpea nuestra conciencia con saña, provocando repulsa, angustia e indignación a partes iguales, encontrándonos con algunos de los mejores minutos de cine del año. El gran hándicap de la película es el tercer acto, posiblemente necesario pero mal insertado, que se encarga de tirar por tierra lo conseguido en las casi dos horas anteriores. Se centra en el juicio a los culpables y en las secuelas que sufren las personas que se encontraban esa noche en el motel.

                        
                    De un reparto coral, destaca principalmente el joven Will Poulter (1993), que encarna a un policía racista, y que se marca una interpretación absolutamente antológica, con un personaje repulsivo, obcecado en sus convicciones y que utiliza el incidente del motel para sacar fuera todo su odio y violencia. Él acarrea todo el peso interpretativo de la segunda parte del metraje, aunque también es justo nombrar a John Boyega (Londres, 1992), de moda en el firmamento cinematográfico por su participación en la nueva trilogía de "Star Wars" y que se mete en la piel de un guardia de seguridad que asiste horrorizado a las vejaciones y abusos de las autoridades sin nada que poder hacer. 
 
                 En definitiva, un nuevo paso de Kathryn Bigelow en su faceta de realizadora de cine de denuncia sociopolítica, con un duro alegato antiracista que sufre de un cierto bajón en el ritmo en su último tramo. La dirección es solvente, a ratos brillante, y tanto William Goldenberg como Harry Yoon dan una lección de cómo montar una película. Cine duro de ver pero muy necesario.
 
NOTA: 8/10 

lunes, 18 de septiembre de 2017

Crítica: IT (2017)

FICHA TÉCNICA
Título: IT País: Estados Unidos, Canadá Género: Aventura, Drama,  Horror Duración: 135 minutos Director: Andy Muschietti Guión: Chase Palmer, Cary Fukunaga, Gary Dauberman, basado en la novela de Stephen King Productores: Richard Brener, Doug Davison, Toby Emmerich, Marty P. Ewing, Walter Hamada, Dave Neustadter, Jon Silk, Barbara Muschietti Música: Benjamin Wallfisch Fotografía: Chung-hoon Chung Montaje: Jason Ballantine Intérpretes: Jaeden Lieberher, Jeremy Ray Taylor, Sophia Lillis, Finn Wolfhard, Chosen Jacobs, Jack Dylan Grazer, Wyatt Oleff, Bill Skarsgard, Nicholas Hamilton, Jake Sim, Logan Thompson, Owen Teague, Jackson Robert Scott, Stephen Bogaert, Stuart Hughes, Geoffrey Pounsett, Molly Atkinson Estreno en España: 8 de septiembre de 2017 Calificación por edades: No recomendada a menores de 16 años



SINOPSIS: Cuando empiezan a desparecer niños en el pueblo de Derry (Maine), un pandilla de amigos lidia con sus mayores miedos al enfrentarse a un malvado payaso llamado Pennywise, cuya historia de asesinatos y violencia data de siglos.

CRÍTICA: A Stephen King (Portland, 1947) le viene como anillo al dedo el apelativo de "maestro del terror", ya que conoce y maneja como nadie el material del que están hechas las pesadillas, y sus novelas han aterrorizado a lectores de todo el mundo durante décadas. Hace 27 años se estrenó una versión de su novela "IT" en formato miniserie, que no ha envejecido demasiado bien pero que puede presumir de ser una adaptación más que digna del libro (recordemos la infame La torre oscura, estrenada también este verano) y que ga sabido captar a la perfección el espíritu de la misma. Ha llegado a nuestras salas una nueva versión, dirigida por el argentino Andy Muschietti, y sorprendentemente se trata de un estupendo remake, con algunas cosas nuevas que ofrecer respecto a su predecesora y que desprende en todo momento esa atmósfera malévola que impregnaba la obra de King. No tengáis miedo, adentráos conmigo en la terrorífica odisea del "Club de los Perdedores" en su lucha contra el malvado Pennywise.

                          Sería injusto quedarse en la superficie y considerar a "IT" únicamente como una película más de terror, cuando realmente va más allá. Es un retrato perfecto de la brutal pérdida de la inocencia, de un grupo de niños que deben lidiar con los problemas propios de su edad, donde el payaso Pennywise no es más que un reflejo de los auténticos monstruos, de aquellos que nos rodean en la vida cotidiana, monstruos de carne y hueso. La historia se desarrolla en Derry, un pueblecito de Maine, donde cada 27 años suceden hechos inexplicables que se ceban especialmente con los niños. Un grupo de 7 chicos deben hacer frente a la amenaza, además de convivir diariamente con los matones del pueblo, con los conflictos con sus familias y sus propios miedos interiores, aquellos de los que se alimenta la criatura que los acecha. Es por ello que uno de los puentes de la película, más allá de los momentos terroríficos, es comprobar cómo esos niños van fortaleciendo su amistad, consiguiendo que su lucha contra el aterrador ser les sirve para superar sus propios traumas haciéndoles frente. Esto no quiere decir que no haya terror, que sí lo hay, aunque "It" funciona más con lo que insinua que con lo que explicita, llegando un momento en el que el típico susto con aumento de sonido incluido deja de ser un recurso para hacerse repetitivo, por lo que mejor cuando se mueve en el terreno del terror psicológico. El nivel de sangre y violencia también es adecuado, no podía ser en menos teniendo en cuenta el libro en el que se basa.


                       Lo retro mola. La serie de Netflix Stranger Things (2016- ) ha devuelto al cine y la televisión la fiebre por los años ochenta, e "It" bebe de ello constantemente. La estética "ochenter" está muy cuidada en la ropa, los carteles de los cines, las bicicletas etc... y nos transporta a esa época en la que teníamos 12 años y nos pasábamos las horas muertas en la calle con nuestra pandilla. El apartado artístico ofrece en este sentido un trabajo fabuloso, siendo inevitable el acordarse también de películas míticas de aquella década cómo Los Goonies (1985) o Cuenta Conmigo (1986), basada también en un relato de Stephen King, componiendo así Muschietti un efectivo retablo de nostalgia.

                          Las comparaciones con la película de 1990 son inevitables, y en el apartado interpretativo no iba a ser menos, centrándose dichas comparaciones en el payaso, Pennywise. Si Tim Curry (Cheshire, 1946) se centró en la vena irónica e incluso cómica del personaje, Bill Skarsgard (Vällingby, 1990) conforma un villano más violento y aterrador, da más miedo, incluso con la modulación de su voz (hay ganas de ver la película en su versión original), siendo los suficientemente carismático para salir con nota del envite. Sería injusto destacar a alguno de los actores que interpretan a los integrantes del "Club de los Perdedores", ya que todos están perfectos en sus roles, les coges cariño y llegas a sufrir con ellos. Seguro que son caras a tener en cuenta en el futuro cercano de Hollywood.

                             
                   En definitiva, una película muy bien dirigida e interpretada, con un diseño de producción extremadamente cuidado y que es bastante fiel a la obra de Stephen King. Sangre, violencia y un exceso de sustos de esos que abusan del sonido efectista no están reñidos con una buena historia y un trasfondo que bucea en conflictos emocionales. Eso sí, si tienes miedo a los payasos, no es tu película, y si no les tienes miedo, te lo empezarás a pensar. 


NOTA: 9/10 

jueves, 14 de septiembre de 2017

Crítica: Transformers: El último caballero (2017)

FICHA TÉCNICA
Título: Transformers: The Last Knight País: Estados Unidos, China, Canadá Género: Acción, Aventuras, Ciencia-Ficción Duración: 149 minutos Director: Michael Bay Guión: Art Marcum, Matt Holloway, Ken Nolan, Akiva Goldsman Productores: Michael Bay, Tom DeSanto, Lorenzo Di Bonaventura, Steven Spielberg, Don Murphy, Brian Goldner Música: Steve Jablonsky Fotografía: Jonathan Sela Montaje: Roger Barton, Adam Gerstel, Debra Neil-Fisher, John Refoua, Mark Sanger, Calvin Wimmer Intérpretes: Mark Wahlberg, Anthony Hopkins, Josh Duhamel, Laura Haddock, Santiago Cabrera, Isabela Moner, Stanley Tucci, John Turturro, Jerrod Carmichael, Liam Garrigan, Glenn Morshower, Gemma Chan, Mitch Pileggi, Dan Warner Estreno en España: 4 de agosto de 2017 Calificación por edades: No recomendada para menores de 12 años




SINOPSIS: Dos especies en guerra: una de carne y hueso, la otra de metal. El Último Caballero rompe con el mito original de la franquicia de Transformers y redefine lo que significa ser un héroe. Humanos y Transformers están en guerra y Optimus Prime se ha ido. La llave para salvar nuestro futuro está enterrada en los secretos del pasado, en la historia oculta de los Transformers en la Tierra.

CRÍTICA: Si en las últimas décadas ha habido un director que ha sido inmisericordemente destrozado por la crítica y buena parte del público (a veces con razón), ese es Michael Bay (Los Ángeles, 1965). Siempre he reconocido que su cine no me disgusta, que él no engaña en ningún momento y que todos sabemos lo que nos vamos a encontrar viendo una de sus películas. Es más, dos de sus últimos trabajos, Dolor y Dinero (2013) y 13 horas: Los soldados secretos de Bengasi (2016) son cintas muy reivindicables y parecían marcar un nuevo camino alejado de excesos previos. En 2007 llegó a nuestros cines con Transformers, la película basada en los juguetes de la compañía Hasbro, aquellos vehículos que se transformaban en robots y que enfrentaban a Autobots (los buenos) contra los Decepticons (los malos). La película fue un éxito de público, recaudando una cantidad estratosférica de dinero que auguraba nuevas entregas. Pues bien, lo que era una cinta bien construida, emocionante, con unos FX que quitaban el aliento, ha ido convirtiéndose tras las diferentes secuelas en una caricatura de sí misma, y es posible que haya tocado fondo con "Transformers: El último caballero", y carga a sus críticos de razones para seguir atacándolo sin piedad.

                    El visionado de la película es agotador, y deja al espectador con la misma sensación que al beberse dos Red-Bull y pegarse cuatro viajes en la montaña rusa. Como no hay un mínimo nivel de coherencia narrativa y la historia no hay quien la entienda (algo sorprendente si tenemos en cuenta que el guión ha sido escrito a 8 manos), Michael Bay opta por bombardearnos con larguísimas set-pieces de acción embarullada, exhibiendo músculo en lo que a FX se refiere y dejando a los personajes a la altura del betún, haciendo las dos horas y media que duran la función eternas. Si tuviera que hablar del argumento, no sabría por dónde empezar, ya que los ¿guionistas? mezclan a los Transformers con la leyenda del Rey Arturo, metiendo entre medias a un grupo paramilitar que se dedica a cazar robots y al ejercito, que no sabemos muy bien qué pinta en todo esto, pero es que una película de Michael Bay sin el ejercito no sería una película de Michael Bay. Todo ello aderezado con los planos de atardeceres marca de la casa, los planos de segundo y medio y los chispazos de humor que cada vez hacen menos gracia. Vamos, lo que viene llamándose una auténtica locura.


                   ¿Por qué, Anthony Hopkins, por qué? ¿Qué lleva a un reputado actor como tú a hacer una película de estas características? ¿Dinero? No creo, te debe sobrar. ¿Aburrimiento? Supongo que habrá proyectos que también te llamen la atención y que no supongan un borrón en tu carrera. Cierto que has hecho alguna que otra bazofia, pero esto es la gota que colma el vaso. Supongo que quieres demostrar que sabes reirte de tí mismo. Pues has dejado claro que sabes hacerlo, así que por favor te pedimos que vuelvas al redil de las buenas interpretaciones. Mark Wahlberg (Dorchester, 1971) es un actor todoterreno, se atreve con cualquier género y suele salir bastante airoso siempre. Además esta es su segunda película de Transformers, por lo que ya sabe de qué va el asunto y por ello se le nota en su salsa. La presencia femenina corre a cargo de Laura Haddock (Inglaterra, 1985), cuyo personaje se limita a ser una extensión de los interpretados por Megan Fox y Rosie Huntington-Whiteley en otras películas de la saga. Con decir que la mejor interpretación y los mejores momentos corren a cargo del mayordomo-robot de Anthony Hopkins ya dejamos claro el nivel de la cinta en el apartado actoral.

                         En definitiva, una película excesiva, agotadora y que no tiene nada más que ofrecer que unos magníficos efectos especiales que también terminan por cansar, que debería suponer el cierre definitivo de la saga, pero que por los resultados en taquilla (la ha salvado el mercado chino) parece ser que continuará, eso sí, sin Michael Bay a los mandos. Esperemos que en las siguientes entregas den el golpe de timón necesario para ofrecer un producto completo en todas sus facetas.
NOTA: 3/10