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miércoles, 7 de febrero de 2018

Crítica: El Pasajero (2018)

FICHA TÉCNICA
Título: The Commuter País: Reino Unido, Estados Unidos Género: Acción, Crimen, Drama Duración: 105 minutos Director: Jaume Collet-Serra Guión: Byron Willinger, Phillip de Blasi, Ryan Engle Productores: Jaume Collet-Serra, Michael Dreyer, Ron Halpern, Alex Heineman, Didier Lupfer, Andrew Rona, Juan Sona Música: Roque Baños Fotografía: Paul Cameron Montaje: Nicolas de Toth Intérpretes: Liam Neeson, Vera Farmiga, Patrick Wilson, Jonathan Banks, Sam Neill, Elizabeth McGovern, Killian Scott, Shazad Latif, Andy Nyman, Clara Lago, Roland Moller, Florence Pugh, Dean-Charles Chapman, Ella-Rae Smith, Colin McFarlane, Adam Nagaitis, Kingsley Ben-Adir, Damson Idris, Andy Lucas, Ben Caplan, Letitia Wright, Simon Hibbs, Nathan Wiley Estreno en España: 26 de enero de 2018 Calificación por edades: No recomendada para menores de 12 años




SINOPSIS: Durante su trayecto habitual de vuelta a casa en tren, un hombre de negocios felizmente casado comienza a hablar con una misteriosa pasajera. Pronto el hombre se verá envuelto en una conspiración criminal que amenaza con poner en peligro tanto su vida como la de sus seres más cercanos.

CRÍTICA: Tras unos inicios en los que su carrera profesional parecía enfocada al cine de terror, con títulos como La casa de cera (2005), el director español Jaume Collet-Serra (Barcelona, 1974), parece haber encontrado en el thriller de acción y suspense el género en el que mejor se desenvuelve y con el que se está labrando una trayectoria a tener en cuenta en el panorama cinematográfico estadounidense. En su nueva película, "El pasajero", además vuelve a contar con el que se está convirtiendo en su actor fetiche, Liam Neeson (Ballymena, 1952), que desde que protagonizara Venganza (2008), parece haberse anclado en un tipo concreto de personaje a la hora de interpretar, algo que de momento parece que le funciona. En esta ocasión interpreta a un vendedor de seguros que es despedido y se encuentra en su viaje diario en tren con una misteriosa mujer que le hace una enigmática propuesta con la que puede ganar 100.000 dólares.El resultado es una película en la que, como el tren en el que se desarrolla, la trama arranca lentamente, dosificando el suspense poco a poco, para coger velocidad en forma de un par de escenas de acción, preludio del ritmo vertiginoso que desencadenará en un final explosivo (y algo inverosímil, seamos sinceros). Veamos si merece la pena pagar el billete para embarcarnos en este viaje.


                        A Collet-Serra hay que agradecerle su sinceridad cinematográfica en sus propuestas. Aunque trabaje con temas mil veces vistos, no engaña, no marea a la audiencia, ofrece divertimentos puros y duros, y eso es "El pasajero", una cinta que busca la complicidad del espectador durante hora y media, que ha de ser consciente de lo que se va a encontrar. Obviando la poca consistencia del guión, debemos detenernos en el estilismo y saber hacer en la dirección que Collet-Serra ya ha demostrado en sus anteriores cintas. Al igual que en Non-Stop (Sin escalas) (2014), que comparte con esta director y actor protagonista, el escenario vuelve a ser asfixiante, cambiando un avión por un tren. La cosa empieza pausada, y tras la consabida presentación de personajes (brillante la de Michael, con un montaje que nos muestra su rutina diaria de una manera atemporal), abordamos un primer acto en el que prima el suspense, incluso pudiendo apreciar remininiscencias "hitchcockianas", como en el encuentro del personaje interpretado por Neeson con la intrigante mujer que le realiza la descabellada propuesta. Todo ello sienta las bases de lo que sucede a continuación, un tramo en el que la acción se adueña de la pantalla, sabedor el director de que el factor sorpresa ya se ha diluido y que debe transitar por otros derroteros. Y aquí el realizador tiene las de ganar, ya que se muestra como un consumado especialista de las "set-pieces" de acción, con una dirección muy dinámica y con la inclusión de planos arriesgados que están muy bien llevados, aunque la era de automatismos cinematográficos que vivimos hace que dichas escenas no estén exentas de cierta inverosimilutud inducida en aras del espectáculo, pero realmente es algo que no da exactamente igual. 


                           Liam Neeson tiene pinta de ser un tipo simpático, vamos, del tipo de persona con la que te podrías ir de cañas sin conocerla. Es por eso que estos papeles le sientan como un guante, ya que encarna a la perfección al hombre corriente desbordado por las circunstancias, por lo que no debemos hacer demasiados esfuerzos para identificarnos con él. Breve, pero intenso, es el papel de Vera Farmiga (Clifton, 1973), "femme fatale" y factor desencadenante de la odisea del protagonista. Farmiga es una de mis actrices favoritas, teniendo en su haber la estupenda serie Bates Motel (2013-2017) y las dos peliculas de Expediente Warren. Se les une en el reparto una serie de caras más o menos conocidas, como Patrick Wilson (Norfolk, 1973), Sam Neill (Tyrone, 1947), Jonathan Banks (Washington, 1947) o la española Clara Lago (Madrid, 1990), en su primer papel en Hollywood.

                            En definitiva, una película de muy fácil digestión y que se olvida con facilidad, ideal para pasar un rato agradable en el cine si no somos demasiado exigentes. Positiva en el aspecto visual y en las escenas de acción, baja enteros si analizamos a fondo el guión o no tenemos la mente abierta hacía varias fantasmadas propias del género.

NOTA: 6,5/10 


 

viernes, 27 de octubre de 2017

Crítica: El muñeco de nieve (2017)

FICHA TÉCNICA
Título: The Snowman País: Reino Unido, Estados Unidos, Suecia Género: Crimen, Drama, Horror, Thriller Duración: 119 minutos Director: Tomas Alfredson Guión: Hossein Amini, Peter Straughan, Soren Sveistrup, basado en la novela de Jo Nesbo Productores: Tomas Alfredson, Tim Bevan, Jo Nesbo, Martin Scorsese, Amelia Granger, Liza Chasin Música: Marco Beltrami Fotografía: Dion Beebe Montaje: Thelma Schoonmaker, Claire Simpson Intérpretes: Michael Fassbender, Rebecca Ferguson, Val Kilmer, Charlotte Gainsbourg, J.K. Simmons, James D´Arcy, Toby Jones, David Dencik, Chloë Sevigny, Jamie Clayton, Ronan Vibert, Jonas Karlsson, Sofia Helin, Jakob Oftebro Estreno en España: 12 de octubre de 2017 Calificación por edades: No recomendada para menores de 16 años




SINOPSIS: Al investigar la desaparición de una víctima durante la primera nevada del invierno, el detective de una brigada de investigación de élite (Michael Fassbender) empieza a sospechar que un asesino en serie vuelve a estar activo. Con la ayuda de una brillante y perspicaz agente (Rebecca Ferguson) el policía encajará las piezas del rompecabezas a partir de antiguos casos sin resolver para conectarlos con el último brutal acontecimiento y así adelantarse al cruel asesino que volverá a actuar, antes de la próxima nevada.

CRÍTICA:  La irrupción en nuestro país de la saga "Millenium", escrita por Stieg Larssen, marcó el inicio de la imparable hegemonía que la novela negra escandinava ostenta desde hace ya varios años en el mercado literario patrio, aglutinando nombres tan conocidos como Camilla Lackberg, Asa Larsson o Jo Nesbo, el autor del libro en el que se basa la película que nos ocupa en la crítica de hoy. Todas ellas suelen seguir un guión bastante marcado, y presentan una serie de características comunes, siendo las más reseñables su localización en paisajes muy definidos, una crítica palpable y directa a la corrupción presente en todos los estamentos del sistema, personajes con profundos dilemas morales, una violencia bastante explícita en ocasiones y el recurso de entremezclar pasado y presente en sus tramas. Era inevitable que un filón de semejantes características resultara un caramelo demasiado goloso para las ávidas fauces del séptimo arte, y ahora le ha tocado el turno a "El muñeco de nieve". No he leído la novela, por lo que me resulta imposible establecer una relación entre la misma y su adaptación al cine. Y he de decir que me he encontrado una película que en rasgos generales me ha dejado tan frío como los parajes en los que se desarrolla. Más detalles después de la foto...

                                     
                            Una historia interesante, un reparto de lujo y un director que había dado sobradas muestras de su buen hacer parecen mimbres suficientes para ofrecer un producto notable, pero todo se desmorona sin sentido como un castillo de naipes, para sorpresa del incrédulo espectador. Lo más sangrante del asunto es que la cosa empieza bien, las bases sobre las que se sustenta la película están correctamente construidas y el interés por ver qué sucede va creciendo. Entonces, ¿qué falla en "El muñeco de nieve"? En primer lugar un montaje confuso, resultado de un cruce de tramas que no está bien llevado y que provoca un colapso mental en el espectador incapaz de atar cabos y que acaba perdiéndose en una maraña de escenas en las que no sabe muy bien si la acción está en el presente o en el pasado. El director de la cinta alega que el resultado final no es el esperado, que no le dejaron hacer su película, dando explicación al hecho de que sí parezca que se ha metido la tijera en la sala de montaje, con la mala suerte de que han prescindido de partes de la película que seguramente constituían un nexo de unión importante.


                                 Otro aspecto que lastra el resultado final es el hecho de que aparecen multitud de personajes secundarios que provocan en el espectador la sensación de que están de relleno y no aportan nada a la trama, aumentando la sensación de confusión, a la par que los personajes principales no terminan de echarse la historia sobre sus espaldas totalmente, desperdiciando de esta manera un reparto de campanillas. Michael Fassbender (Heidelberg, 1977), que encarna al detective Harry Hole, y Rebecca Ferguson (Suecia, 1983), como su compañera en la investigación, navegan a la deriva y ofrecen una actuación carente de alma, en piloto automático, sepultados bajo la mediocridad del guión. 

                                  En definitiva, una película que finalmente no hace justicia a lo mostrado en los diferentes trailers, que acusa un montaje caótico y un guión deficiente, algo que unido a unos personajes en su mayoría planos deja una materia prima excelente en algo totalmente desaprovechado. El apartado técnico sí brilla, ofreciendo el director de fotografía unos paisajes bellísimos y propiciando una atmósfera gélida, acorde al desarrollo de la historia. Algunos buenos planos y una banda sonora correcta salvan al conjunto del desastre absoluto. Tendremos que leer la novela...


NOTA: 4/10 

     

viernes, 6 de octubre de 2017

Crítica: Kingsman: El círculo de oro (2017)

FICHA TÉCNICA
Título: Kingsman: The Golden Circle País: Reino Unido, Estados Unidos Género: Acción, Aventura, Comedia Duración: 141 minutos Director: Matthew Vaughn Guión: Jane Goldman, Matthew Vaughn, basado en los cómics de Mark Millar y Dave Gibbons Productores: Adam Bohling, David Reid, Matthew Vaughn, Dave Gibbons, Mark Millar Música: Henry Jackman, Matthew Margeson Fotografía: George Richmond Montaje: Eddie Hamilton Intérpretes: Taron Egerton, Edward Holcroft, Mark Strong, Julianne Moore, Colin Firth, Michael Gambon, Channing Tatum, Halle Berry, Pedro Pascal, Jeff Bridges, Elton John, Bruce Greenwood, Emily Watson, Hanna Alström, Gordon Alexander, Sophie Cookson, Björn Granath Estreno en España: 22 de septiembre de 2017 Calificación por edades: No recomendada para menores de 16 años



SINOPSIS: Cuando el cuartel general de la agencia secreta es destruido, se descubre una organización de espionaje aliada en EE.UU. llamada Statesman, cuyo origen se remonta a la fecha en que ambas fueron fundadas. En una nueva aventura que pone a prueba la fuerza y el ingenio de sus agentes, ambas organizaciones secretas de élite aúnan sus esfuerzos para intentar derrotar a su enemigo común y salvar al mundo... algo que está convirtiéndose en una especie de hábito para Eggsy.

CRÍTICA: El cine de espías sufría de un creciente encorsetamiento, generando películas cortadas por el mismo patrón, siendo las sagas de Jason Bourne y James Bond los exponentes por excelencia del género, presentando a personajes con un pasado difuso y enredados en dilemas existenciales. Es por ello que Kingsman: Servicio Secreto (2014), basada en el cómic de Mark Millar y Dave Gibbons vino a proponer algo diferente, fresco y original, demostrando que las películas de espías, sin caer en lo autoparódico, pueden funcionar igual de bien cuando se enfocan al gamberrismo y al exceso. El director, Matthew Vaughn (Londres, 1971), vuelve tres años después con una secuela que acaba fagocitada por su propio estilo, en la que ha apostado por ofrecer más de todo, perdiendo el factor sorpresa que supuso la primera entrega, ofreciendo una película con un metraje excesivo que provoca que el guión avance a trompicones y que nos deje la sensación de estar descolocados, y con la creciente inseguridad de que la tercera entrega puede terminar por enterrar una saga que apuntaba muy alto.



                     La principal novedad de "Kingsman: El círculo de oro" respecto a su predecesora es la aparición en escena de los Statesman, los "primos americanos" (como bien dice uno de los personajes) de los espías británicos. Partiendo de esta simple premisa, Vaughn apuesta por sobredimensionar lo ofrecido en la película anterior, dando más acción, más humor, más personajes, en definitiva, más de todo, algo que no siempre termina siendo positivo, ya que puede agotar al espectador, atónito ante tal bombardeo de estímulos. Las escenas de acción que tan bien funcionaron en la primera entrega, aquí pueden generar cierta confusión, ya que abusan del CGI, dejando de lado ese aire artesanal que posibilitaba el hecho de que todo no pareciera un producto de diseño, que los FX estaban al servicio de la película y no al revés, lo que no quita que algunas de ellas estén magníficamente rodadas en lo que al ritmo y ubicación de las cámaras se refiere. El problema de afrontar una película con un metraje de casi dos horas y media es cuidar al máximo los tiempos muertos, sin dar la sensación de que algunas escenas están de relleno, y eso termina sucediendo con la relación romántica de Eggsy con la princesa sueca. No funciona, no aporta nada a la trama (salvo las notas de humor que suponen el hecho de que el espía deba conocer a los padres de su prometida, los Reyes de Suecia) y termina por romper el ritmo conseguido.

        
                     El reparto es apabullante en cuestión de nombres, corriendo el riesgo de que algunos personajes tengan menos peso del que parece en un principio. Es el caso de Jeff Bridges (Los Ángeles, 1949), Channing Tatum (Cullman, 1980) y Halle Berry (Cleveland, 1966), todos ellos miembros de los Statesman y cuya aparición es prácticamente testimonial, si bien Berry aparece algo más. Pedro Pascal (Santiago de Chile, 1975) está experimentando un meteórico ascenso en su carrera, gracias a su participación en Juego de Tronos y Narcos, y es el que más protagonismo acumula de entre todos los Statesman. Taron Egerton (Birkenhead, 1989) vuelve a encarnar a Eggsy, el chico de los bajos fondos londinenses que se transforma en espía por obra y gracia de Harry Hart, que cuenta con los rasgos de Colin Firth (Grayshott, 1960), siempre una estimulante presencia en cualquier película, aunque en esta ocasión echemos en falta mayor interactuación entre ambos. Para encarnar al villano de la historia se ha apostado por el continuismo, ofreciendo un personaje histriónico, megalómano y con un gusto exagerado por la violencia. Si en aquella ocasión fue el Valentine de Samuel L. Jackson (Washington, 1948) el que hacía la vida imposible a los protagonistas, aquí tenemos a Julianne Moore (Fayetteville, 1960), que se marca una interpretación muy alejada de lo que nos tiene acostumbrados, dejando claro que se ha divertido en el rodaje.  


               En definitiva, una película que apuesta por el continuismo hipervitaminado, ofreciendo lo que ya destacaba en la primera entrega, pero multiplicado por dos. No me entendáis mal, "Kingsman: El círculo de oro" es una película entretenida (salvando los puntos muertos ya comentados con anterioridad), gamberra, con buenas escenas de acción (aunque abusen demasiado del GCI) y con un desfile de caras conocidas para el gran público. Su principal hándicap es que no sorprende, por lo que la vía elegida ha sido la saturación, algo que puede influir negativamente en la percepción por parte del espectador del conjunto final, máxime cuando la primera parte es tan disfrutable.


NOTA: 7/10 

viernes, 11 de agosto de 2017

Crítica: Inside (2016)

FICHA TÉCNICA
Título: Inside País: España, Reino Unido, Estados Unidos, Francia Duración: 100 minutos Género: Horror, Thriller Director: Miguel Ángel Vivas Guión: Jaume Balagueró, Alexandre Bustillo, Manu Diez, Julien Maury Productores: Adrián Guerra, Marta Sánchez, Núria Valls Música: Víctor Reyes Fotografía: Josu Inchaustegui Montaje: Luis de la Madrid Intérpretes: Rachel Nichols, Laura Harring, Andrea Tivadar, Stanny Coppet, Ben Temple, Craig Stevenson, David Chevers, Richard Felix, Maarten Swaan, Steve Howard Estreno en España: 28 de julio de 2017 Calificación por edades: No recomendada para menores de 16 años








SINOPSIS: Una joven viuda, embarazada y deprimida, intenta reconstruir su vida después del fatídico accidente de tráfico en el que perdió a su pareja y su oído de manera parcial. Ahora, a punto de dar a luz, vive en una casa aislada de un suburbio cuando, una noche de Navidad, recibe la visita inesperada de otra mujer con siniestras intenciones...

CRÍTICA: He de reconocer que no he visto la película francesa en la que se basa "Inside", À l'intérieur (2007), por lo que no puedo hacer comparaciones entre ambas y, por lo tanto, mi opinión no está condicionada. Pero, teniendo en cuenta las críticas que pululan por la red, se desprende que todo aquel que ha visto la original sale muy decepcionado del visionado de "Inside". Tengo entendido que aquella película era muy cruda y muy, muy salvaje, sin escatimar en gore y crueldad. El director español Miguel Ángel Vivas, reputado director de cortos y de la muy angustiosa Secuestrados (2010), opta por suavizar el tono y se apoya en el libreto de Jaume Balagueró (Lleida, 1968) para ofrecer un predecible thriller psicológico que tira de tópicos de género hasta la extenuación, al que no se le pueden negar ciertas virtudes en el intento de generar tensión pero que se ve lastrado por lo repetitivo de la propuesta. 

                               
                      Una mujer embarazada pierde a su marido en un accidente de tráfico y además le queda como secuela una sordera parcial. Durante la Nochebuena, recibe la visita de una mujer con intenciones siniestras para ella y su bebé, y a partir de ese momento se desarrolla un angustioso juego del gato y el ratón. Una premisa tan simple se podría haber finiquitado en menos tiempo, pero la película dura más de hora y media, y ese es el principal problema de la misma, alargar en el tiempo algo que funciona relativamente pero que en un momento dado se convierte en algo que termina cansando sobremanera al espectador. Es cierto que cuenta con un trabajo de fotografía estupendo, con un juego de claros y oscuros que casa muy bien con el tono de la película, y que a Vivas no se le puede negar destreza en el uso de la cámara, pero falla en el principal objetivo de este tipo de cintas, generar tensión en el espectador (algo que sí consiguió con la ya nombrada con anterioridad "Secuestrados") más allá de los dos o tres golpes de sonido, y el hecho de que uno no llegue a empatizar con la protagonista no dice demasiado a favor de la película. 

                    Y es que el diseño de personajes es otro aspecto que influye negativamente en el devenir de la película. Rachel Nichols (Maine, 1980), no termina de plasmar toda la fragilidad que debiera en el personaje de Sarah, teniendo en cuenta su embarazo y sus problemas de oído, que suponen un agravante a la situación a la que se enfrenta. Por contra, la mujer que quiere robarle el hijo a Sarah, encarnada por Laura Harring (Sinaloa, 1964), empieza bien, con un tono amenazante muy creíble, pero a medidad que avanza el metraje se convierte en una especie de Terminator Psicópata, acabando con todo el realismo que debería tener la película. Mención aparte para el resto de personajes: el amigo de la protagonista, su madre, los policías...,cuyas decisiones, a caballo entre lo absurdo y lo idiota, son de lo más patético que he visto últimamente, hasta el punto de que pueden provocar una carcajada en el espectador.

                        En definitiva, un producto bastante fallido, principalmente en lo que a su guión se refiere, por lo inverosímil de algunas situaciones y especialmente las acciones de algunos personajes, algo que no coincide con el tono serio de la cinta. No se le puede negar un acabado técnico y formal notable oficio en la dirección y ciertos picos (leves) de tensión, pero constituye algo insuficiente en un género en el que ya se ha visto todo, por lo que para poder impresionar hay que sacar algo muy bueno de la chistera, y no es el caso. Correcta para entretenerse un rato pero fácilmente olvidable.


NOTA: 3/10

domingo, 30 de julio de 2017

Crítica: A 47 metros (2017)

FICHA TÉCNICA
Título: 47 Meters Down País: Estados Unidos, Reino Unido, República Dominicana Duración: 89 minutos Género: Aventura, Drama, Horror Director: Johannes Roberts Guión: Johannes Roberts, Ernest Riera Productores: Bob Weinstein, Harvey Weinstein, Lee Vandermolen, Matthew Signer, Iain Abrahams, Byron Allen, Mark Borde, Andrew Boucher, Will Clarke Música: tomandandy Fotografía: Mark Silk Montaje: Martin Brinkler Intérpretes: Mandy Mooore, Claire Holt, Chris Johnson, Yani Gellman, Santiago Segura, Matthew Modine Estreno en España: 21 de julio de 2017 Calificación por edades: No recomendada para menores de 12 años







SINÓPSIS: Dos hermanas que se encuentran de vacaciones en México quedan atrapadas en una jaula para tiburones en el fondo del océano. Con menos de una hora de oxígeno y grandes tiburones blancos rodeándolas, deben luchar por sobrevivir.

CRÍTICA: Verano. Es tiempo de playa, chiringuitos, crema protectora y, por supuesto, película de tiburones. El año pasado, aproximadamente por estas fechas, se estrenaba otra película con escualo asesino incluido, Infierno Azul (2016), en la que Blake Lively sufría el acoso de un gran tiburón blanco. Este año, Johannes Roberts (Cambridge, 1976), especializado en películas de terror, nos trae otra pesadilla acuática, un producto de fácil digestión y que no perdurará en nuestras retinas durante mucho tiempo, y que presenta muy poquitas virtudes y cantidad de desaciertos.

                   El punto de partida es muy, muy simple. Tanto que con una pequeña presentación de los personajes, dos hermanas que están de vacaciones, enseguida entramos en materia. Tras conocer a dos chicos en una noche de fiesta, aceptan su invitación para ver tiburones blancos metidas en una jaula protectora. Tenemos a la hermana pequeña, alocada y juerguista, que quiere vivir experiencias extremas, y la hermana mayor, más responsable y que acaba de terminar la relación con su novio, y que no termina de ver claro lo de meterse en la jaula con grandes depredadores a su alrededor. No hace falta ser el espectador con el ojo más clínico para saber que, tarde o temprano, la cosa acabará mal. Y así es. El cable que sujeta la jaula se rompe, precipitándose hasta el fondo, a 47 metros de profundidad.

                         Lo que promete ser una experiencia asfixiante y terrorífica para el espectador se convierte en un cúmulo de despropósitos,gracias principalmente a la inutilidad e inoperancia de las dos protagonistas, que transforma casi sin querer un "survival horror" en una mala comedia en la que lo único que piensas es cuál va a ser la siguiente torpeza de las protagonistas para ser engullidas por algún tiburón que pase por ahí o quedarse sin aire. En resumidas cuentas, se trata de un manual de qué no se debe hacer si te encuentras en una situación de este tipo. A favor de la película diré que el metraje es exiguo, por lo que no da tiempo a que uno se aburra soberanamente, que tiene un par de escenas bien llevadas en lo que al suspense se refiere y ofrece un giro sorpresa que, aunque se ve a leguas, llega a inquietar.
                    En definitiva, una propuesta que aporta muy poco al género y con unas interpretaciones de telefilme de sobremesa, que no puede escapar de el sambenito de repetitiva. No se hace larga, y eso es de agradecer cuando ves que la cosa no da para más. Hay mejores opciones en la cartelera, pero si no eres demasiado exigente y te gustan las películas de tiburones, puedes echarle un vistazo.
NOTA: 4/10

 

domingo, 17 de julio de 2016

Crítica: Espías desde el cielo (2015)

FICHA TÉCNICA
Título original: Eye in the sky. País: Reino Unido. Duración: 102 minutos. Género: Drama, Thriller, Bélico Director: Gavin Hood. Guión: Guy Hibbert. Productores: Guy Hibbert, Claudia Bluemhuber, Ged Doherty, Benedict Carver, Colin Firth. Música: Paul Hepker, Mark Kilian. Fotografía: Haris Zambarloukos. Montaje: Megan Gill. Intérpretes: Helen Mirren, Alan Rickman, Aaron Paul, Barkhad Abdi, Iain Glen, Phoebe Fox, Carl Beukes, Jeremy Northam. Estreno en España: 11 de marzo del 2016. Calificación: No recomendada para menores de 12 años.


SINOPSIS: La coronel Katherine Powell (Helen Mirren), una oficial de la inteligencia militar británica, lidera una operación secreta para capturar a un grupo de terroristas en Nairobi, Kenia. Cuando se da cuenta que los terroristas están en una misión suicida, ella debe cambiar sus planes de 'capturar' por 'matar'. El piloto estadounidense de drones Steve Watts (Aaron Paul) recibe la orden de destruir el refugio donde se hallan los terroristas, pero una niña de nueve años ingresa en la zona donde podría ser herida.

CRÍTICA: Gavin Hood (Johannesburgo, 1963) es un tipo polifacético. Desde que en 2006 ganara el Oscar a la Mejor Película Extranjera con Tsotsi, se ha atrevido con el cine de superhéroes, adentrándose en el universo Marvel con X-Men orígenes: Lobezno (2009), o con la ciencia-ficción, en su irregular El juego de Ender (2013). En 2007 ya se había adentrado en el thriller terrorista con Expediente Anwar, género que retoma en parte en la película que nos ocupa.

                   La guerra, tal y como la conocemos, ha cambiado. Los avances tecnológicos en materia militar han provocado que muchas de las batallas se libren a distancia, y que las decisiones se tomen en despachos situados en diferentes lugares del mundo. Pues bien, esto es lo que nos ofrece "Espías desde el cielo", un enérgico thriller de doble vía, ya que por un lado entretiene una barbaridad y por otro hace pensar, ya que presenta un dilema moral del que el espectador acaba siendo partícipe.

                      El descubrimiento de una célula terrorista en Nairobi en la que participa una ciudadana británica es el punto de partida de una cinta que narra la nueva guerra tecnológica, la utilización de drones que de manera silenciosa se acercan al objetivo en cualquier parte del mundo y con una precisión quirúrgica lo ejecutan. El disparo final es el resultado de una ardua toma de decisiones, consultas, evaluación de daños y cruces de llamadas que constituyen el grueso del metraje. Gavin Hood juega bien sus cartas en este sentido y ofrece un relato apasionante, nos lleva de manera fluida a todos aquellos lugares en los que se decide el destino de la misión. La tensión de la situación va "in crescendo", y a la vez el espectador se ve sometido a un ejercicio de empatía y análisis moral de la situación. ¿Por qué? Pues lo de siempre. Del resultado de la misión depende la vida de mucha gente, ya que los terroristas están dispuestos a atacar de manera inminente (lo que tristemente es más real y cercano de lo que pensamos). Pero también hay daños colaterales que no se pueden evitar. De ahí que estemos en la tesitura de pensar si la misión es necesaria y esas bajas civiles asumibles. Se trata de un añadido que da empaque a la película.




                                El director se rodea de un elenco de actores muy destacados, siendo una de las damas actuales de la interpretación, Helen Mirren, la que más destaca. No recuerdo una película en la que haya podido decir que está regular en su papel, por lo que siempre es un valor seguro. No podemos olvidarnos del malogrado Alan Rickman, fallecido a principios de este año, en el que fue su último trabajo para la gran pantalla (en carne y hueso, puesto que puso la voz a un par de proyectos), que deja ciertas notas de humor en una historia caracterizada por la seriedad del tema que trata. Por último, destacar a Aaron Paul, con una carrera en ascenos desde que protagonizara la fantástica serie Breaking Bad (2008-2013), que encarna a unos de los pilotos encargados de manejar el dron utilizado en la misión.

                                       En definitiva, una buena cinta de suspense, que podemos enmarcar dentro del entretenimiento inteligente, puesto que más allá de olvidarla al salir de la sala, hace que podamos tener un interesante debate sobre una situación que en los días que corren es más habitual de los que pensamos, y que se apoya en un manejo muy bueno del tempo de la acción por parte del director, lo que hace que la hora y media que dura condense perfectamente toda la trama.


NOTA: 8/10

viernes, 2 de noviembre de 2012

Crítica: Skyfall (2012)

FICHA TÉCNICA

Película: Skyfall. Dirección: Sam Mendes. Países: Reino Unido y USA. Año: 2012. Duración: 143 min. Género: Acción, thriller. Intérpretes: Daniel Craig (James Bond), Judi Dench (M), Bérénice Marlohe (Sévérine), Javier Bardem (Silva), Ralph Fiennes (Gareth Mallory), Ben Whishaw (Q), Naomie Harris (Eve), Helen McCrory (Clair), Albert Finney (Kincade), Ola Rapace (Patrice). Guión: John Logan, Neal Purvis y Robert Wade; a partir de los personajes creados por Ian Fleming. Producción: Barbara Broccoli y Michael G. Wilson. Música: Thomas Newman. Fotografía: Roger Deakins. Montaje: Stuart Baird. Diseño de producción: Dennis Gassner. Vestuario: Jany Temime. Distribuidora: Sony Pictures Releasing de España.






SINOPSIS: La lealtad del mejor agente de los servicios británicos, James Bond (Daniel Craig), hacia su superiora M (Judi Dench) se verá seriamente puesta a prueba cuando el pasado de ella vuelve para atormentarla. El MI6 sufre un ataque, y 007 debe localizar y destruir la amenaza, liderada por el villano Silva (Javier Bardem), y en la que contará con la ayuda de la agente Eve (Naomie Harris).


     Llega a nuestras pantallas la aventura número 23 de James Bond, y la tercera protagonizada por Daniel Craig, cuando se cumple el 50 aniversario de la saga que cuenta las andanzas del agente secreto más famoso de todos los tiempos. Y llega con nuevo director, Sam Mendes, extraordinario realizador que no había entrado nunca de lleno en el cine de acción y que deja en la saga su sello personal, algo que los seguidores de James Bond agradecemos, puesto que la anterior película, 007: Quantum of Solace (2008), no consiguió establecer un continuismo del exitoso camino que había empezado a marcar Casino Royale (2006), una vuelta de tuerca al personaje que en esta última película se hace más marcada, ofreciéndonos posiblemente el Bond más oscuro y humano. Cada nueva entrega provoca enfrentamientos entre los amantes del Bond de toda la vida y el que ha encarnado Craig en estas tres últimas películas, y bien es cierto que la saga necesitaba nuevos aires, ya que corría el riesgo de convertirse en una caricatura de sí misma y la fórmula podría llegar a agotar. ¿El mejor film de Bond? Numerosos críticos así lo aseveran, y el tiempo, la taquilla y los espectadores tienen la última palabra.





     Sin duda, lo más significativo en cuanto a cambios se refiere es que se le ha querido dar a la película una dimensión más introspectiva, se ha escatimado en escenas de acción para apostar por más escenas de diálogo, lo que no implica que no disfrutemos de varias set pieces al más puro estilo Bond. Y todo para dar una mayor profundidad a los personajes, en especial a Bond, del que vemos el lado más humano a lo largo de todo el metraje, al que vemos sufrir, emborracharse o sentirse algo obsoleto, e incluso se atreve a bucear (muy por la superficie) en los orígenes del agente secreto. En resumen, nos presenta a un James Bond humano, alejado del arquetipo que escenificó hasta sus cotas más irreales Pierce Brosnan, tornando al agente secreto en una especie de superhombre. Y es más, me atrevo a considerar que "Skyfall" supone una desmitificación absoluta del personaje y todo lo que le ha rodeado en las 22 películas anteriores, algo que se ve reflejado en la escena con el nuevo Q, que aleja a James Bond de toda la parafernalia y equipación que siempre lleva, reduciendo los gadgets típicos de la saga a algo más acorde a los tiempos (¿de crisis?) que vivimos. Incluso existe el atrevimiento claro de dar un escaso protagonismo a las habituales chicas Bond, que pasan más desapercibidas de lo habitual. Por lo tanto, la dualidad moderno/obsoleto está más presente que nunca, invitando a pensar si Bond es una reliquia o bien alguien que siempre será necesario para los intereses de la Corona Británica.


     Si nos ceñimos a los aspectos técnicos, por encima de todo me gustaría destacar la estupenda fotografía de Roger Deakins, que luce fantástica en la larga escena que cierra la película, y que imbuye a la película un signo de identidad propio. Momentos como este y el de la pelea a contraluz en el rascacielos convierten a la película en un placer visual pocas veces visto con anterioridad en la saga. La BSO no es de las que dejan huella, pero la partitura de Thomas Newman posee más atractivo que la de "Casino Royale".  Por otro lado, la canción de Adele ha supuesto para mí una pequeña decepción, ya que es muy, muy normalita, máxime si la comparamos con el You know my name de Chris Cornell que suena en "Casino Royale", ateniéndonos, eso sí, a las tres últimas películas de la saga, pues en las 20 anteriores hay temas notabilísimos.




     El trío interpretativo formado por Daniel Craig, Judi Dench y Javier Bardem es la gran piedra angular sobre la que se cimenta toda la película. Poco a poco Craig va haciendo el personaje suyo, hasta el punto de que la competencia con Sean Connery por ser el mejor Bond está cada vez más igualado, teniendo ya claro que ha superado a los demás actores que han encarnado al agente secreto. El nuevo enfoque del personaje hace que Craig alcance registros no vistos anteriormente. Judi Dench está de 10, confirmándose como una de las mejores actrices de la actualidad, explotando con maestría la relación jefa/subordinado entre M y Bond y como esta se va tornando en algo más personal, una relación madre/hijo que alcanza su máxima expresión en esta película. A Bardem le han dado carta blanca para construir al villano de la función, ofreciéndonos un personaje histriónico/oscuro/afeminado cuyos encuentros con Bond y M no terminan de cuajar, lo que no es obstáculo para que su actuación sea atrayente. Entre los secundarios destacan Ralph Fiennes y Ben Wishaw como el nuevo Q. Como ya he apuntado con anterioridad, Naomie Harris y Bérénice Marlohe ofrecen dos de las chicas Bond más descafeinadas de toda la saga, aunque la primera viene con sorpresa final.


     En definitiva, nuevos aires para la saga de James Bond, modelando un universo alejado de los excesos irreales de otras partes de la serie y presentando a un Bond más humano en un mundo más acorde a lo que vivimos en la actualidad. Para ello se sirve de un trío protagonista muy destacable y de un director con un estilo propio que no desentona con el rumbo que toman las aventuras del agente 007.


LO MEJOR: Los tres protagonistas; la fotografía; un Bond mas realista; la dirección de Mendes.

LO PEOR: Las chicas Bond; falta alguna escena de acción; la canción de Adele.

MI NOTA: 8,75/10

LA FRASE: "¿Qué esperabas? ¿Un bolígrafo explosivo?"


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viernes, 3 de agosto de 2012

Crítica: El pianista (2002)

FICHA TÉCNICA

Película: The Pianist. Dirección: Roman Polanski. Países: Francia, Alemania, Reino Unido, Polonia, Holanda. Año: 2002. Duración: 148 min. Género: Drama. Interpretación: Adrien Brody (Wladyslaw Szpilman), Thomas Kretschmann  (Capitán Wilm Hosenfeld), Daniel Caltagirone (Majorek), Frank Finlay (Padre), Maureen Lipman (Madre), Emilia Fox (Dorota), Ed Stoppard  (Henryk), Julia Rayner (Regina), Jessica Kate Meyer (Halina), Ruth Platt (Janina) Guión: Ronald Harwood; basado en la novela "El pianista del guetto de Varsovia" de Wladyslaw Szpilman. Producción: Roman Polanski,Robert Benmussa y Alain Sarde Música: Wojciech Kilar. Fotografía: Pawel Edelman. Diseño de producción: Allan Starski. Vestuario: Anna B. Sheppard. Montaje: Hervé de Luze.






SINOPSIS: Wladyslaw Szpilman, un brillante pianista polaco de origen judío, vive con su familia en el ghetto de Varsovia. Cuando, en 1939, los alemanes invaden Polonia, consigue evitar la deportación gracias a la ayuda de algunos amigos. Pero tendrá que vivir escondido y completamente aislado durante mucho tiempo, y para sobrevivir tendrá que afrontar constantes peligros.


     Hay películas que llegan a rayar en la dureza extrema, pero que lamentablemente son necesarias, necesarias para que no olvidemos los momentos más sórdidos y sonrojantes de nuestra existencia como seres humanos. Películas que te remueven las entrañas y cuyo visionado despierta un torrente de emociones que van desde la indignación hasta el más profundo de los incómodos. Son múltiples las ocasiones en las que se ha trasladado a la gran pantalla todo los sucedido en el Holocausto, especialmente en la brillante e imprescindible La lista de Schindler (1993), de Steven Spielberg, pero la que nos ocupa trata sobre los acontecimientos que precedieron a esa infamia, la creación del ghetto de Varsovia. Roman Polanski se erige en un narrador con autoridad para tratar este tema, ya que debido a su origen polaco, vivió en sus propias carnes los hechos que se narran en esta película, por lo que podemos tener claro que todo lo que en ella se cuenta tiene un halo de veracidad que avala el resultado final.


     A través de una dirección formal y un evidente clasicismo narrativo milimétricamente ejecutado, Polanski divide el periplo de Szpilman en un tríptico en el que no escatima en escenas duras que pueden ser consideradas como gratuitas por el más impresionable de los espectadores. La primera parte de la película se centra en la familia de Szpilman, en cómo poco a poco van sufriendo las consecuencias de la instauración del guetto, perdiendo todo su dinero, su trabajo, sus pertenencias, hasta un final que no por esperado termina poniéndonos un nudo en el estómago. En la segunda parte, quizá la mejor para mi gusto, observamos la lucha del protagonista por sobrevivir, ayudado por algunos de los amigos que tenía antes del conflicto. La última parte, la más corta pero quiza la más cargada de simbolismo, contiene una de las escenas más bonitas y poéticas de la última década, ya que supone un rayo de esperanza entre tanta barbarie. Las tres partes están perfectamente conjugadas y ejecutadas, y a pesar de ser una película de dos horas y media, en ningún momento sentimos que se esté haciendo larga.



     Con Chopin sonando de fondo durante toda la película, remarcando el abismo existente entre la poética y la belleza de la música frente al horror que la guerra despliega, Polanski nos hace partícipes de la odisea de Szpilman, especialmente a través de aquellas escenas en las que el protagonista se asoma a una ventana o a una rendija para ser testigo de las atrocidades cometidas por los nazis. Como ya he comentado en varias ocasiones a lo largo de la crítica, la película contiene escenas duras pero necesarias, como el momento en el que arrojan a un anciano parapléjico por una ventana o las frecuente ejecuciones masivas. Para captar de manera veraz lo que nos cuenta la historia, Polanski se ha rodeado de un gran equipo técnico, que nos ofrece una fotografía de una calidad exacerbante o un diseño de producción que hace que las escenas en las que el protagonista camina por una Varsovia derruida e inhabitada caigan como una losa en nuestra conciencia.


     Si de lo que hablamos es de interpretaciones, Adrien Brody hace suyo a Szpliman, aunque debemos señalar que estos papeles constituyen un caramelo muy apetecible para cualquier actor que se precie. Pero hay que tener la capacidad necesaria para encarnar de manera magistral el descenso a los infiernos de un pianista acomodado que asiste con incredulidad a todo lo que está sucediendo a su alrededor, sufriendo una transformación física a la vez que mental, que le lleva al límite de sus posibilidades y de su razón, y que no sucumbe finalmente a la locura gracias a su música. Corto, pero intenso, es el papel que nos ofrece Thomas Kretschmann como el oficial nazi que se presenta como el inesperado salvador de Szpilman.


     En definitiva, una grandísima película sobre una de las etapas más oscuras del ser humano, en la que el director no toma partido por nadie, dejándonos claro que había nazis con corazón y también judíos que no dudaron en traicionar a sus congéneres para salvar la vida. Es una película sobre el horror, pero también una película que deja un resquicio para la esperanza, que nos recuerda que todavía queda algo de humanidad en nosotros.

LO MEJOR: La ambientación; la música de Chopin; la interpretación de Adrien Brody; la escena con el oficial nazi.

LO PEOR: La crudeza que su realismo conlleva.

MI NOTA: 9,5/10

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viernes, 4 de mayo de 2012

Terror en el internado



LA MALDICIÓN DE ROOKFORD (2011)
Dirigida por Nick Murphy




Película: La maldición de Rookford. Título original: The awakening. AKA: El despertar. Dirección: Nick Murphy. País: Reino Unido. Año: 2011. Duración: 107 min. Género: Suspense, Drama, Thriller Sobrenatural. Interpretación: Rebecca Hall(Florence Cathcart), Dominic West (Robert Mallory), Imelda Staunton (Maud Hill), Isaac Hempstead-Wright (Tom), Lucy Cohu (Constance), Diana Kent (Harriet), Richard Durden (Alexander Cathcart), John Shrapnel (reverendo Hugh).  Guion: Nick Murphy y Stephen Volk. Producción: Sarah Curtis, Julia Stannard y David M. Thompson. Música: Daniel Pemberton. Fotografía: Eduard Grau. Montaje: Victoria Boydell. Diseño de producción: Jon Henson. Vestuario: Caroline Harris. Distribuidora: DeAPlaneta.




SINOPSIS: “La maldición de Rookford” está ambientada en 1921, en la Inglaterra de la posguerra, donde muchos de quienes han perdido a sus seres queridos buscan consuelo en el espiritismo. Atormentada por la muerte de su prometido, Florence Cathcart dedica sus energías a desmontar presuntos fenómenos sobrenaturales sirviéndose de sistemas metódicos y racionales. Cuando le piden que visite Rookford, un internado en la campiña inglesa, para investigar las supuestas apariciones del fantasma de un niño, ella se siente decidida a aceptar el reto. Ya en Rookford, se pone manos a la obra, poniendo trampas y reuniendo pruebas científicas. Poco a poco empiezan a desvelarse algunos secretos, y el misterio que rodea al fantasma parece no ser más que una broma de niños. Sin embargo, cuando Florence está lista para marcharse, tiene un escalofriante encuentro que desafía toda explicación racional. Uno de los maestros, Robert Mallory, se preocupa por el bienestar de Florence después del hecho, ya que se encuentra asustada y confundida. Pero ella está dispuesta a llegar al fondo de la cuestión, y decide quedarse allí durante las vacaciones de Navidad, cuando los niños se van con sus familias.


    Hace unas semanas hablaba de una película de terror, La mujer de negro. Pues bien, el género sigue de moda y cada cierto tiempo se estrena un film de estas características. En esta ocasión le toca el turno a "La maldición de Rookford", que si bien intenta ofrecer aspectos novedosos en su contenido, acaba dando la impresión de que lo que hemos visto no ha aportado nada a lo que ya nos habían ofrecido las anteriores películas de este género.

       La película está dividida en dos partes claramente diferenciadas. En la primera de ellas vemos como nuestra protagonista se dedica a destapar fraudes paranormales (curiosamente, otra de las películas destripadas en este blog hace poco, Luces Rojas, también trataba este tema), y que todavía no ha superado la pérdida de su prometido en la guerra. Es entonces cuando se requiere su ayuda para tratar de descubrir al espíritu que atormenta a los niños de un internado. Ahí empieza la segunda parte de la película, en la que la protagonista tiene que replantearse sus creencias y empezar a pensar que tal vez existan los fantasmas. Lo que más me llamó la atención de la película es la manera en que está moldeado el papel de Florence, presentada como una mujer de ciencia, una mujer inteligente que ayuda después de la guerra a todos aquellos que depositan su esperanza tras haber perdido a un ser querido en cuentistas y falsos mediums. Es una mujer con estudios y capacidad de decisión en una época de la historia en la que el machismo era la nota predominante, como bien demuestran varios comentarios que se hacen a lo largo de la película.

     La historia está muy bien contada, con un ritmo adecuado y una atmósfera inquietante, lograda en parte gracias a la magnífica fotografía de un español, Eduard Grau, en parte con el tempo que logra darle Nick Murphy, debutante en cine pero con experiencia en televisión. Pero, ¡ay amigos!, volvemos a la historia de siempre. A ese ritmo pausado, no le sigue un tramo final en esa línea, ya que nos brinda un final muy atropellado, en el que los acontecimientos se desarrollan demasiado deprisa y en el que no nos da tiempo a asimilar tanta información, además de que deja varias cosas en el aire y sin atar en cuanto al argumento, lo que echa por tierra todo lo conseguido hasta el momento. Algún que otro personaje sin sentido también es algo que se le puede achacar a la cinta en sentido negativo

   
    En el plano interpretativo, Rebecca Hall lleva magníficamente el peso de la película, especialmente en el paso de la mujer segura de sí misma a la mujer que empieza a despertar (de ahí el título original de la película "The Awakening") en cuanto su interpretación de la realidad se refiere. Su presencia es estimulante y propicia que la cinta no caiga en el tedio más absoluto. El resto del reparto no está mal, pero no llegan a la altura de la protagonista.

    En definitiva, una nueva aportación al tan machacado género de las casas encantadas, que cumple con su cometido de estremecer al espectador en un par de ocasiones y que bebe de películas como El sexto sentido (1999) o El Orfanato (2007). Es novedosa en el perfil que presenta el personaje de Florence, pero se pierde en convencionalismos del género y termina siendo una más del montón, ideal para ver en una noche lluviosa y con las luces apagadas.

LO MEJOR: El personaje de Florence, algún que otro susto y pasajes efectistas como el de la casa de muñecas.

LO PEOR: Que ya nada sorprende en estas películas, que el género vuelve a parecer agotado y algunas incongruencias de guión originadas por el poco pulido final, que deja más dudas que certezas.

MI NOTA: 6.5/10