Mostrando entradas con la etiqueta China. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta China. Mostrar todas las entradas

viernes, 17 de agosto de 2018

Crítica: Megalodón (2018)

FICHA TÉCNICA
Título: The Meg País: China, Estados Unidos Género: Acción, Horror, Ciencia-Ficción Duración: 117 minutos Director: John Turtletaub Guión: Dean Georgaris, John Hoeber, Eric Hoeber Productores: Belle Avery,  Lorenzo di Bonaventura, Colin Wilson, Jie Chen, Barrie M. Osborne, Chunzi Wang, Chi-Li Wong, Chantal Nong, Randy Greenberg Música: Harry Gregson-Williams Fotografía: Tom Stern Montaje: Steven Kemper, Kelly Matsumoto Intérpretes: Jason Statham, Bingbing Li, Rainn Wilson, Cliff Curtis, Winston Chao, Shuya Sophia Kai, Ruby Rose, Page Kennedy, Robert Taylor, Ólafur Darri Ólafsson, Jessica McNamee, Masi Oka, Raymond Vinten, Hongmei Mai, Wei Yi, Vithaya Pansringarm, Rob Kipa-Williams, Tawanda Manyimo Estreno en España: 10 de agosto de 2018 Calificación por edades: No recomendada para menores de 12 años



SINOPSIS: Un submarino de aguas profundas, que forma parte de un programa internacional, es atacado por una enorme criatura y queda averiado en el fondo de la fosa oceánica más profunda del Pacífico, con su tripulación atrapada en el interior. El tiempo se acaba y un oceanógrafo chino, el Dr. Chang, recluta a Jonas Taylor, un especialista en rescate en aguas profundas, en contra de los deseos de su hija Suyin, que cree que puede rescatar a la tripulación por sus propios medios. Pero ambos deberán unir sus fuerzas para salvar a la tripulación y también al océano de una amenaza imparable. (Fuente: Filmaffinity)

SINOPSIS: Hace ya varios años que llegó por casualidad a mis manos una novela de la que no tenía ninguna referencia, y era raro, puesto que todo lo relacionado con los tiburones (en especial las películas) siempre me ha atraído. Dicha novela era MEG (1997) de Steve Alten, que sin ser una maravilla trataba un tema interesante, la posibilidad de que el Megalodón, un enorme tiburón prehistórico, hubiera sobrevivido hasta nuestros días. Vamos, que había material de sobra para que los grandes estudios de Hollywood se fijarán en el libro para llevarlo a la gran pantalla. El problema es que el proyecto fue pasando de unas manos a otras, se barajaron multitud de directores y el guión se reescribió una y otra vez, sin que la empresa llegara a buen puerto. Finalmente el trabajo cayó en las manos de Jon Turteltaub (New York City, 1963), uno de esos directores cumplidores y competentes que tanto abundan en Hollywood, cuyos mayores éxitos son Mientras dormías (1995) y La búsqueda (2004). Con un presupuesto de unos 130 millones de dólares, nos ofrece una película entretenida, someramente filmada y con un par de escenas de acción destacables, pero que, lamentablemente, se queda a años luz de lo que podría haber sido, teniendo en cuenta el material que manejaba. Veamos las sombras y alguna otra luz que proyecta uno de los blockbusters del verano.


                          El principal problema que le encuentro a "Megalodón" es la falta de valentía de los responsables. El director se queja de que no le han dejado presentar al público la película que había rodado, ya que los productores no contemplaban la posibilidad de que el film recibiera la calificación "R", es decir "No recomendada para menores de 18 años", por lo que decidieron prescindir de algunas escenas para obtener la calificación "PG-13". Yendo al grano, estamos hablando de una película en la que aparece un tiburón de 25 metros y en la que no vemos prácticamente ninguna escena sangrienta, incluso cuando devora a alguno de los personajes. Este detalle me parece una absoluta tomadura de pelo al espectador que acude al cine esperando una auténtica explosión de muerte y destrucción, y supone un hándicap importante para la película, reflejándose dicho lastre en escenas como la de la abarrotada playa china, que enfocándola de otro modo podría haber sido apoteósica. Por otro lado, los ataques del tiburón terminan siendo bastante repetitivos, llegando a perder el factor sorpresa, ya que salvo alguna contada ocasión sabemos cuándo va a aparecer el escualo en escena. Se abusa demasiado del humor, mal utilizado e innecesario en ocasiones, producto de un guión que no destaca principalmente por la calidad de los diálogos de los personajes. Vamos, que nos importan un pimiento, porque aquí la estrella es el tiburón, y tarda la friolera de 40 minutos en dar la cara por primera vez.




                            Pocas virtudes atesora la película más allá de ser entretenida, aunque bien es cierto que las prácticamente dos horas de metraje se antojan bastante largas en ocasiones, provocando cierta sensación de lentitud en ocasiones. Los efectos especiales son impresionantes, el tiburón luce perfectamente en pantalla, aunque como en otras muchas películas de este tipo, el animal cambia de tamaño de unos planos a otros. Paradójicamente, el suspense está muy bien llevado durante la primera media hora de la película, justo cuando el tiburón no aparece en pantalla, herencia directa del clásico por excelencia en estas lides, Tiburón (1975), que destacaba por lo que se intuía más que por lo que mostraba. Talento se llama.

                           Jason Statham (Derbyshire, 1967) llevaba ya tiempo mereciendo un blockbuster de estas características, ya que llevaba un tiempo moviéndose entre películas de bajo presupuesto que frenaban su candidatura a "héroe de acción" del nuevo milenio. Aporta al personaje de Jonas Taylor su habitual chulería y frases lapidarias, aunque por razones obvias no puede desplegar todos sus conocimientos en artes marciales, por lo que sus escenas de acción se reducen a ejecutar piruetas imposibles para escapar en el último momento de las terribles dentelladas del Megalodón. Poco más podemos destacar del resto del reparto, repleto de actores asiáticos, peaje obligado debido al hecho de que casi todo el presupuesto de la película proviene de las arcas chinas.  

                         En definitiva, una película que no constituye un absoluto desastre pero tampoco el pelotazo que se presuponía, no sabiendo definir en ningún momento su estatus, ya que se queda a medio camino entre tomarse en serio a sí misma o el desmadre más absoluto, en la que se echa en falta más sangre en el agua al no explotar al 100% sus potenciales virtudes, quedando en un (liviano) pasatiempo veraniego que, eso sí, nos provocará un un escalofrío cada vez que metamos el pie en el agua este verano...

NOTA : 5,5/10

                

jueves, 14 de septiembre de 2017

Crítica: Transformers: El último caballero (2017)

FICHA TÉCNICA
Título: Transformers: The Last Knight País: Estados Unidos, China, Canadá Género: Acción, Aventuras, Ciencia-Ficción Duración: 149 minutos Director: Michael Bay Guión: Art Marcum, Matt Holloway, Ken Nolan, Akiva Goldsman Productores: Michael Bay, Tom DeSanto, Lorenzo Di Bonaventura, Steven Spielberg, Don Murphy, Brian Goldner Música: Steve Jablonsky Fotografía: Jonathan Sela Montaje: Roger Barton, Adam Gerstel, Debra Neil-Fisher, John Refoua, Mark Sanger, Calvin Wimmer Intérpretes: Mark Wahlberg, Anthony Hopkins, Josh Duhamel, Laura Haddock, Santiago Cabrera, Isabela Moner, Stanley Tucci, John Turturro, Jerrod Carmichael, Liam Garrigan, Glenn Morshower, Gemma Chan, Mitch Pileggi, Dan Warner Estreno en España: 4 de agosto de 2017 Calificación por edades: No recomendada para menores de 12 años




SINOPSIS: Dos especies en guerra: una de carne y hueso, la otra de metal. El Último Caballero rompe con el mito original de la franquicia de Transformers y redefine lo que significa ser un héroe. Humanos y Transformers están en guerra y Optimus Prime se ha ido. La llave para salvar nuestro futuro está enterrada en los secretos del pasado, en la historia oculta de los Transformers en la Tierra.

CRÍTICA: Si en las últimas décadas ha habido un director que ha sido inmisericordemente destrozado por la crítica y buena parte del público (a veces con razón), ese es Michael Bay (Los Ángeles, 1965). Siempre he reconocido que su cine no me disgusta, que él no engaña en ningún momento y que todos sabemos lo que nos vamos a encontrar viendo una de sus películas. Es más, dos de sus últimos trabajos, Dolor y Dinero (2013) y 13 horas: Los soldados secretos de Bengasi (2016) son cintas muy reivindicables y parecían marcar un nuevo camino alejado de excesos previos. En 2007 llegó a nuestros cines con Transformers, la película basada en los juguetes de la compañía Hasbro, aquellos vehículos que se transformaban en robots y que enfrentaban a Autobots (los buenos) contra los Decepticons (los malos). La película fue un éxito de público, recaudando una cantidad estratosférica de dinero que auguraba nuevas entregas. Pues bien, lo que era una cinta bien construida, emocionante, con unos FX que quitaban el aliento, ha ido convirtiéndose tras las diferentes secuelas en una caricatura de sí misma, y es posible que haya tocado fondo con "Transformers: El último caballero", y carga a sus críticos de razones para seguir atacándolo sin piedad.

                    El visionado de la película es agotador, y deja al espectador con la misma sensación que al beberse dos Red-Bull y pegarse cuatro viajes en la montaña rusa. Como no hay un mínimo nivel de coherencia narrativa y la historia no hay quien la entienda (algo sorprendente si tenemos en cuenta que el guión ha sido escrito a 8 manos), Michael Bay opta por bombardearnos con larguísimas set-pieces de acción embarullada, exhibiendo músculo en lo que a FX se refiere y dejando a los personajes a la altura del betún, haciendo las dos horas y media que duran la función eternas. Si tuviera que hablar del argumento, no sabría por dónde empezar, ya que los ¿guionistas? mezclan a los Transformers con la leyenda del Rey Arturo, metiendo entre medias a un grupo paramilitar que se dedica a cazar robots y al ejercito, que no sabemos muy bien qué pinta en todo esto, pero es que una película de Michael Bay sin el ejercito no sería una película de Michael Bay. Todo ello aderezado con los planos de atardeceres marca de la casa, los planos de segundo y medio y los chispazos de humor que cada vez hacen menos gracia. Vamos, lo que viene llamándose una auténtica locura.


                   ¿Por qué, Anthony Hopkins, por qué? ¿Qué lleva a un reputado actor como tú a hacer una película de estas características? ¿Dinero? No creo, te debe sobrar. ¿Aburrimiento? Supongo que habrá proyectos que también te llamen la atención y que no supongan un borrón en tu carrera. Cierto que has hecho alguna que otra bazofia, pero esto es la gota que colma el vaso. Supongo que quieres demostrar que sabes reirte de tí mismo. Pues has dejado claro que sabes hacerlo, así que por favor te pedimos que vuelvas al redil de las buenas interpretaciones. Mark Wahlberg (Dorchester, 1971) es un actor todoterreno, se atreve con cualquier género y suele salir bastante airoso siempre. Además esta es su segunda película de Transformers, por lo que ya sabe de qué va el asunto y por ello se le nota en su salsa. La presencia femenina corre a cargo de Laura Haddock (Inglaterra, 1985), cuyo personaje se limita a ser una extensión de los interpretados por Megan Fox y Rosie Huntington-Whiteley en otras películas de la saga. Con decir que la mejor interpretación y los mejores momentos corren a cargo del mayordomo-robot de Anthony Hopkins ya dejamos claro el nivel de la cinta en el apartado actoral.

                         En definitiva, una película excesiva, agotadora y que no tiene nada más que ofrecer que unos magníficos efectos especiales que también terminan por cansar, que debería suponer el cierre definitivo de la saga, pero que por los resultados en taquilla (la ha salvado el mercado chino) parece ser que continuará, eso sí, sin Michael Bay a los mandos. Esperemos que en las siguientes entregas den el golpe de timón necesario para ofrecer un producto completo en todas sus facetas.
NOTA: 3/10