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miércoles, 10 de octubre de 2018

Crítica: Searching (2018)

FICHA TÉCNICA
Título: Searching País: Estados Unidos Género: Drama, Misterio, Thriller Duración: 102 minutos Director: Aneesh Chaganty Guión: Aneesh Chaganty, Sev Ohanian Productores: Timur Bekmanmetov, Sev Ohanian, Natalie Qasabian, Adams Sidman, Igor Tsay, Ana Liza Muravina, Sofía Maltseva Música: Torin Borrowdale Fotografía: Juan Sebastian Baron, Nicholas D.Johnson, Will Merrick Montaje: Nicholas D. Johnson, Will Merrick Intérpretes: John Cho, Sara Sohn, Michelle La, Joseph Lee, Debra Messing, Connor McRaith, Melissa Disney, Collin Woodell, Erica Jenkins, Julie Nathanson, Briana McLean, Ben J. Pierce, Franchesca Maia, Thomas Barbusca Estreno en España: 28 de septiembre de 2018 Calificación por edades: No recomendada para menores de 12 años




SINOPSIS: Después de que la hija de 16 años de David Kim desaparece, se abre una investigación policial. Pero 37 horas más tarde y sin una sola pista, David decide buscar en el único lugar donde nadie ha buscado todavía y donde se guardan todos los secretos hoy en día: el ordenador portátil de su hija. David debe rastrear las huellas digitales de su hija antes de que desaparezca para siempre. (Fuente: Filmaffinity)

CRÍTICA: Dependemos peligrosamente de la tecnología y en muchas ocasiones no somos plenamente conscientes de ello, ya que smartphones, tablets, pulseras de actividad etc...se han convertido en extensiones de nuestro cuerpo, y cada vez estamos más enganchados. Son indudables los beneficios que nos aportan, pero no debemos dejar de lado el componente de riesgo que atesoran. Era evidente que el cine, tarde o temprano, haría uso de las posibilidades que a nivel visual y narrativo ofrecen todos estos aparatos. Tenemos dos películas que se pueden considerar precedentes de la que nos ocupa, como son Open Windows (2014) y Eliminado (2014). "Searching" nos ofrece un thriller de suspense con tintes dramáticos que ha triunfado en los circuitos "indies" estadounidenses, por lo original de la propuesta y su perfecta ejecución a nivel de dirección.


                               Tras un emotivo inicio que sirve como canalizador de un creciente sentimiento empático hacia la familia protagonista, la película entra pronto en materia. La hija de David Kim desaparece sin dejar rastro, y ante la falta de avances en la investigación por parte de la policía, su padre decide tomar cartas en el asunto y decide rastrear los movimientos de su hija en la red para tratar de encontrar alguna pista que arroje luz sobre el asunto. A partir de aquí asistimos a una película enteramente narrada a través de lo que visualizamos en pantallas de móviles, ordenadores y televisión, un recurso que funciona magníficamente y que está tan bien llevado que no tardamos en entrar en aceptar la propuesta de buen grado. Esta potencia visual se apoya, afortunadamente, en un guión sólido y consistente, que propicia que la tensión vaya in crescendo, pero sin dejar de lado el aspecto humano de la historia, tomándose su tiempo para mostrarnos el punto en el que se encuentra la relación paterno-filial entre padre e hija y lanzando al público una pregunta inquietante: ¿conocemos bien a nuestros hijos? No faltan los giros de guión habituales del género, pero están bien insertados y terminan siendo creíbles dentro del contexto de la historia.



                                  El peso interpretativo recae principalmente en dos actores. Por un lado tenemos a John Cho (Seúl, 1972), muy convincente en el papel de padre desesperado, mostrando un abanico muy amplio de emociones que conforman un personaje creíble desde el primer momento. Debra Messing (Brooklyn, 1968) es la detective encargada del caso, la cual se lo toma como algo personal desde el principio, aunque el padre de la desaparecida no esté demasiado contento con el modo en el que la policía lleva el caso.


                                  En definitiva, una película ejecutada con mucho oficio, que además de generar una buena dosis de suspense sirve como reflexión sobre los peligros de la tecnología en el mundo actual, ahondando también en el campo de las relaciones interpersonales, especialmente entre padres e hijos. 

NOTA: 8/10

miércoles, 22 de agosto de 2018

Crítica: The Equalizer 2 (2018)

FICHA TÉCNICA
Título: The Equalizer 2 País: Estados Unidos Género: Acción, Crimen, Thriller Duración: 121 minutos Director: Antoine Fuqua Guión: Richard Wenk, basado en el personaje creado para televisión por Michael Sloan y Richard Lindheim Productores: Todd Black, Jason Blumenthal, Tony Eldridge, Antoine Fuqua, Michael Sloan, Denzel Washington, Richard Wenk, Molly Allen, David J. Bloomfield, Kat Samick, Steve Tisch, Alex Siskin, Mace Neufeld Música: Harry Gregson-Williams Fotografía: Oliver Wood Montaje: Conrad Buff IV Intérpretes: Denzel Washington, Pedro Pascal, Ashton Sanders, Orson Bean, Bill Pullman, Melissa Leo, Jonathan Scarfe, Sakina Jaffrey, Kazy Tauginas, Garrett Golden, Adam Karst, Caroline Day Estreno en España: 10 de agosto de 2018 Calificación por edades: No recomendada para menores de 18 años




SINOPSIS: Regresa a la gran pantalla Robert McCall, el veterano ex-agente del gobierno que decide seguir combatiendo por su cuenta contra delincuentes, secuestradores o cualquier tipo de extorsionador, por muy arriesgados que sean. Pero en esta ocasión, este justiciero va a tener que enfrentarse a un caso en el que entrarán en juego cuestiones muy personales. Y es que Susan Plummer, su compañera de la CIA, una ex-agente retirada, ha desaparecido. (Fuente: Sensacine)

CRÍTICA: En una dilatada carrera que se extiende durante más de 30 años, Denzel Washington (Mount Vernon, 1954) nunca había participado en una secuela de ninguno de sus éxitos. Pero el hecho de que The Equalizer: El protector (2014) funcionara estupendamente tanto a nivel de taquilla como de crítica, animó a los responsables a embarcarse en una segunda parte, conscientes de que Robert McCall, el personaje interpretado por Washington, tenía mucho recorrido por delante. También repiten el director, Antoine Fuqua (Pittsburgh, 1965) y el encargado del libreto Richard Wenk (Plainfield, 1956), que, aunque no dejan de dotar a la película de una línea continuista reflejada en las virtudes que iluminaron la primera parte, optan por aportarle matices nuevos con el objetivo de enriquecer el producto final, aunque de manera algo irregular, lo que acaba suponiendo un pequeño obstáculo en su desarrollo narrativo.

                     La fórmula evoca a la de la primera parte en su esquema principal. Robert McCall es un ex-militar retirado que lleva una vida (aparentemente) tranquila, salvo cuando se dedica a ayudar a gente con problemas, momento en el que no duda en emplear todas sus habilidades para acabar con las injusticias. En "The Equalizer" tan solo se adivinaban pequeños esbozos de la personalidad de McCall, ya que la información venía con cuentagotas, además de recalcar constantemente su ostracismo voluntario. En "The Equalizer 2" el escenario varía sustancialmente, ya que nos encontramos con un personaje que se ha abierto al mundo y que no rehuye el contacto social. Y aquí es donde encuentro el principal problema de la película, ya que el metraje se alarga en exceso por las conversaciones que McCall mantiene con varios de los personajes de la cinta, conversaciones en muchas ocasiones vacuas e innecesarias, redundantes y que no aportan nada a la trama ni tampoco al perfil del protagonista, más allá de recalcar que es un buen hombre preocupado por sus el bienestar de sus conciudadanos, el prototipo perfecto de antihéroe. Tal vez la relación más interesante es la que mantiene con su joven vecino, Miles, enfocada desde un evidente prisma paternofilial. Por otro lado, el guión es bastante sobrio, con una historia que, al contrario de muchas de las últimas películas de espías, se sigue con relativa facilidad al no centrarse en una trama enrevesada, amén de contar con un par de giros que se ven venir de lejos.


                   Fuqua rinde a gran nivel en lo que es su auténtica especialidad, las escenas de acción. Están bien dosificadas a lo largo de todo el metraje, destacando por su solvente manejo de la cámara y por ofrecer una violencia cruda, seca, sin demasiadas florituras, destacando dos por encima de todas una que se sucede en el interior de un coche, con un plano realmente sublime, y por otro lado la que cierra la cinta, un ejercicio visual y de montaje de sonido sencillamente espectacular, con un duelo al más puro estilo del "spaguetti western". La banda sonora original no tiene una presencia demasiado destacable, más allá del tema central que ya escuchamos en la primera parte.

                     En definitiva, una película que intenta ofrecer algo más que su antecesora pero que patina en el tratamiento de las novedades, centrándose en conversaciones bastante triviales e innecesarias para redundar en la personalidad y comportamiento del protagonista pero que ralentizan en ocasiones el relato. En lo relativo al apartado técnico no hay nada que objetar: buena fotografía y buen sonido al servicio de un puñado de escenas de acción sobriamente rodadas. 

 NOTA: 6,75/10     

sábado, 28 de julio de 2018

Crítica: El rascacielos (2018)

FICHA TÉCNICA
Título: Skyscraper País: Estados Unidos Género: Acción, Crimen, Drama, Thriller Duración: 102 minutos Director: Rawson Marshall Thurber Guión: Rawson Marshall Thurber Productores: Beau Flynn, Dany Garcia, Hiram Garcia, Eric Hedayat, Petra Holtorf, Wendy Jacobson, Dwayne Johnson, Eric McLeod, Rawson Marshall Thurber Música: Steve Jablonsky Fotografía: Robert Elswit Montaje: Julian Clarke, Michael L. Sale Intérpretes: Dwayne Johnson, Neve Campbell, Chin Han, Roland Moller, Noah Taylor, Byron Mann, Pablo Schreiber, McKenna Roberts, Noah Cottrell, Hannah Quinlivan, Aadrian Holmes, Elfina Luk, Kevin Rankin, Gretal Montgomery, Jett Klyne, Kayden Magnuson, Jason William Day, Matt O´Leary Estreno es España: 19 de julio de 2018 Calificación por edades: No recomendada para menores de 12 años



SINOPSIS: Will Sawyer, antiguo líder del Equipo de Rescate de Rehenes del FBI y veterano de guerra del ejército de Estados Unidos, ahora se encarga de evaluar la seguridad de los rascacielos. Durante un viaje de trabajo en China, se ve incriminado en el incendio del edificio más alto y seguro del mundo. Perseguido y a la fuga, Will deberá encontrar a los que le han tendido la trampa, limpiar su nombre y rescatar a su familia, atrapada en el interior del rascacielos… sin sucumbir a las llamas. (Fuente: Filmaffinity)

CRÍTICA: Verano. Tiempo de blockbusters, destinados a hacernos más llevadero el calor, porque no hay nada como coger nuestras palomitas, nuestra bebida y sentarnos dos horas en el fresquito más absoluto (aunque a veces se les va la mano con el aire acondicionado). Y uno de los que no podía faltar a su cita veraniega es Dwayne Johnson (Hayward, 1972), que sigue estrenando películas como churros y que en esta ocasión nos trae una película con leves reminiscencias de dos clásicos del cine de catástrofes y de acción, como son El coloso en llamas (1974) y Jungla de Cristal (1988), de la que hace unos días se han cumplido 30 años de su estreno en salas. Ya han aparecido los críticos que comparan "El rascacielos" con estas dos películas, y considero que es un punto de vista demasiado injusto, ya que aunque podamos ver esbozos de ambas cintas en varias escenas de la película que nos ocupa, intenta tener su propia identidad, y en esa comparación siempre va a salir perdiendo. "El rascacielos" no deja de ser un liviano divertimento, que sabe lo que puede ofrecer y que no va más allá en sus aspiraciones, con una estrella en estado de gracia y algunas secuencias de auténtico vértigo. 


                          La película entra enseguida en materia. Johnson es Will Sayer, antiguo agente del FBI especialista en situaciones con rehenes, que ahora se dedica a evaluar la seguridad en grandes edificios, por lo que es contratado para realizar un informe sobre "La Perla", un impresionante edificio que es una ciudad en sí mismo. La familia de Sawyer queda atrapada cuando una de las plantas se incendia, y nuestro protagonista hará todo lo que esté en su mano para salvarlos. A partir de ahí asisitimos a hora y media de un absoluto desenfreno en las alturas, con escenas perfectamente ejecutadas pero que juegan peligrosamente con la inverosimilitud más extrema, por lo que no nos queda más remedio que poner el cerebro en punto muerto y dejarnos arrastrar por una sucesión de saltos imposibles que superan todas las leyes de la física. No busquemos un guión elaborado ni un desarrollo de personajes milimétrico, aquí lo que importa es el exceso, que una fantasmada quede eclipsada por una fantasmada aún mayor, entrar en el juego y aceptar que nuestro protagonista es, como poco, un superhéroe inmune a los golpes, a los cortes y al fuego, además de contar con un hándicap que no contaremos para no contar más de lo necesario. La película también se caracteriza por una violencia totalmente aséptica, en la que la sangre brilla prácticamente por su ausencia, con el objetivo de llegar a todo tipo de público, muy lejos de aquella violencia seca, descarnada, de las películas ochenteras. También echamos en falta un villano con el suficiente carisma para llenar la pantalla, y que no quede reducido a una mera comparsa, quedando en segundo plano con el verdadero enemigo de nuestro protagonista, el fuego.

                               Dwayne Johnson es la auténtica estrella de la función. Se ha ganado a pulso un hueco entre los actores más taquilleros de Hollywood, y pelea por convertirse en el "héroe de acción" por excelencia de este siglo. Aunque, a decir verdad, he echado en falta algo de humor mordaz en su actuación, algo a lo que nos tiene acostumbrados, ya quwe en esta ocasión esta añgo más comedido y no nos regala algunas de sus frases lapidarias. Ha sido toda una sorpresa reencontranos con Neve Campbell (Ontario, 1973), que tuvo su momento de gloria a finales de los 90 y que estaba relegada a los cajones del olvido fílmico, y que en esta película no se dedica a ser la mera comparsa, sino que nos regala un personaje con los bemoles necesarios para ser una partenaire perfecta de "La Roca".

                                En definitiva, una película perfecta para evadirse durante una hora y media, que nos satisfará si dejamos nuestro nivel de exigencia en un segundo plano, sólidamente rodada y con un actor en el mejor momento de su carrera. También debemos saber perdonar sus inverosímiles situaciones para disfrutar plenamente de ella.

NOTA: 6/10  

miércoles, 11 de julio de 2018

Crítica: Jurassic World: El reino caído (2018)

FICHA TÉCNICA
Título: Jurassic World: Fallen Kingdom País: Estados Unidos, España Género: Acción, Aventura, Ciencia-Ficción Duración: 128 minutos Director: J.A.Bayona Guión: Colin Trevorrow, Derek Connoly, basado en personajes creados por Michael Crichton Productores: Belén Atienza, Patrick Crowley, Frank Marshall, Steven Spielberg, Colin Trevorrow, Thomas Tull, Thomas Hayslip Música: Patrick Doyle Fotografía: Oscar Faura Montaje: Bernat Vilaplana Intérpretes: Chris Pratt, Bryce Dallas Howard, Jeff Goldblum, Daniella Pineda, Ted Levine, James Cromwell, BD Wong, Rafe Spall, Toby Jones, Geraldine Chaplin, Justice Smith, Isabella Sermon, Daniel Stisen, Conlan Casal, Peter Jason, Jo Hart, Michael Papajohn, Robert Emms, Faith Fay, Kevin Layne Estreno en España: 7 de junio de 2018 Calificación por edades: No recomendada para menores de 12 años 



SINOPSIS: Una erupción volcánica amenaza a los dinosaurios restantes en la Isla Nublar, donde las criaturas han vagado libremente durante años tras de la desaparición del parque temático "Jurassic World". Claire Dearing, ex gerente del parque, ahora fundó el Grupo de Protección de Dinosaurios, una organización dedicada a proteger a los dinosaurios. Para ayudar con su causa, Claire ha reclutado a Owen Grady, el ex entrenador de dinosaurios que trabajó en el parque, para evitar la extinción de los dinosaurios...

CRÍTICA: Los dinosaurios siguen estando de moda. Veinticinco años después de que Steven Spielberg (Cincinnati, 1946), rompiera todos los esquemas cinematográficos y los resucitara en Parque Jurásico (1993), y tras los buenos resultados cosechados en taquilla por Jurassic World (2015), el reinicio de la saga dirigido por Colin Trevorrow (San Francisco, 1976), llega a nuestras pantallas "Jurassic World: El Reino Caído", cuya dirección en esta ocasión le ha sido encomendada al español J.A. Bayona (Barcelona, 1975), que empieza a llamar la atención dentro de la industria cinematográfica estadounidense, y cuyo trabajo parece que ha cumplido con las expectativas, aunque ya sabemos que la taquilla manda. Bayona nos ofrece una película que no da respiro al espectador en ningún momento, en la que los auténticos protagonistas de la función son los dinosaurios, lo que provoca que se deje un poco de lado el desarrollo de los personajes, que se convierten en meras comparsas. Duplica la espectacularidad, el desenfreno y el número de dinosaurios por metro cuadrado que nos ofrecía "Jurassic World", tratando Bayona de aportar un punto sentimental presente en toda su filmografía y con el hándicap de no tener un buen guión en el que apoyarse. Vayamos por partes...


                        La película está dividida principalmente en dos segmentos. El primero de ellos se desarrolla en la Isla Nublar,cuando nuestros protagonistas se embarcan en una misión para rescatar a los dinosaurios de una (nueva) extinción más que segura, ya que el volcán de dicha isla ha entrado en erupción, y es la parte que tiene más puntos en común con "Jurassic World", ofreciéndonos una aventura trepidante,en la que la acción apenas nos da un respiro, y en la que las referencias, homenajes y guiños a "Jurassic Park" son prácticamente constantes, y en la que Bayona da buena muestra de su saber hacer tras las cámaras, especialmente en el par de escenas submarinas que tenemos en este primer acto, tomando como referencia el trabajo de Steven Spielberg y aportando ideas nuevas de cosecha propia que sirven para expandir el uiverso jurásico, apoyado en una fotografía que luce estupendamente en las tomas aéreas de la isla. Asoma también por momentos el dilema moral que plantea la trilogía en muchas de sus partes, el hecho de jugar a ser Dios y las consecuencias que puede tener. El doctor Ian Malcolm, interpretados por Jeff Goldblum, siembra la duda en sus escasos pero determinantes discursos. ¿Hay que salvar a los dinosaurios de la isla o hay que dejar que la vida siga su curso y propiciar que se extingan nuevamente?  


                           Es en el segundo tramo de la película donde Bayona se encuentra más a gusto, ya que se mueve por derroteros en los que se maneja a la perfección, ya explorados en películas como El orfanato (2007), transformando la película en una historia de terror gótico, que se desarrolla en una gran masión. Es aquí donde el director puede sacar todo el partido a su habitual juego de luces y sombras y diseñar un juego del gato y el ratón en un escenario claustrofóbico, con pasillos laberínticos y un nuevo y terrorífico dinosaurio campando a sus anchas. Maneja perfectamente los tempos del suspense, y consigue atraparnos en la butaca, recordándonos que los dinosaurios no son mascotas, y sí una amenaza muy real. 


                            Chris Pratt (Virginia, 1979) sigue afianzándose como uno de los actores del momento. Tiene carisma, presencia en pantalla y una innegable química con sus compañera de reparto, Bryce Dallas Howard (Los Ángeles, 1981), aunque ambos personajes se ven arrastrados por las carencias de un guión bastante flojo que no desarrolla sus personajes de forma más extensa. Lo mismo ocurre con actores de la talla de Toby Jones (Hammersmith, 1966), James Cromwell (Los Ángeles, 1940) o Geraldine Chaplin (Santa Mónica, 1944), siendo desperdiciados sus talentos por la irregularidad del libreto. También se echa en falta un villano con algo más de empaque que Rafe Spall (Camberwell, 1983) o Ted Levine (Bellaire, 1957). Es destacable el trabajo de la joven Isabella Sermon, con gran protagonismo en el segundo segmento de la película.

                               En definitiva, una película que funciona perfectamente como bisagra a la espera de la parte que cierre esta nueva trilogía, con una muy buena dirección de Bayona, que da sobradas muestras de ser capaz de afrontar un proyecto tan mastodóntico, aunque apoyada en un guión bastante flojo, que, lejos de sus dos protagonistas principales, no tiene un desarrollo de personajes demasiado elaborado, aunque bien es cierto que las auténticas estrellas de la función son los dinosaurios, que lucen espectacularmente. Un divertimento puro y duro, con alguna que otra cuestión moral y un homenaje sincero al primer "Jurassic Park".

NOTA: 7/10 

miércoles, 4 de julio de 2018

Crítica: Hereditary (2018)

FICHA TÉCNICA
Título: Hereditary País: Estados Unidos Género: Drama, Horror, Misterio Duración: 127 minutos Dirección: Ari Aster Guión: Ari Aster Productores: Gabriel Byrne, Tyler Campellone, Scott E. Chester, Toni Colette, Beau Ferris, Kevin Scott Frakes, Jonathan Gardner, William Kay, Lars Knudsen, Ryan Kreston, Buddy Patrick, Jeffrey Penman, Brandon Tamburri Música: Colin Stetson Fotografía: Pawel Pogorzelski Montaje: Lucian Johnston, Jennifer Lame Intérpretes: Gabriel Byrne, Toni Collette, Alex Wolff, Milly Shapiro, Mallory Bechtel, Jake Brown, Ann Dowd, Jarrod Phillips, Zachary Arthur, Heidi Méndez, Moises L. Tovar, Brock McKinney, Rachelle Hardy, Marilyn Miller, Shane Morrisun Estreno en España: 22 de junio de 2018 Calificación por edades: No recomendada para menores de 16 años



SINOPSIS: Cosas extrañas comienzan a suceder en casa de los Graham tras la muerte de la abuela y matriarca, que deja a su hija Annie en herencia su casa. Annie Graham, una galerista casada y con dos hijos, no tuvo una infancia demasiado feliz junto a su madre, y cree que la muerte de ésta puede hacer que pase página. Pero todo se complica cuando su hija menor comienza a ver figuras fantasmales, que también empiezan a aparecer ante su hermano.

CRÍTICA: Cada cierto tiempo aparece por nuestras pantallas una película que lleva colgada la etiqueta de "la experiencia más aterradora jamás vista", siendo los ejemplos más recientes Babadook (2014), It Follows (2014) y La Bruja (2015). Sinceramente, cada vez que se anuncia una película así me suelo mostrar cauto y escéptico, ya que por lo general la película en cuestión me termina decepcionando, echando por tierra una expectativas más que halagüeñas. Esta vez le ha tocado a "Hereditary" ostentar el título de "película más terrorífica de la historia" hasta el punto de ser calificada como "El exorcista" de esta generación, y eso ya son palabras mayores. Abstrayéndome de todos los comentarios positivos que había leído, decidí acercarme al cine sin ningún tipo de condicionante externo, sin saber prácticamente nada del argumento y con la esperanza de encontrarme con una película que por fin me helara la sangre. Tres días después de verla todavía sigo dándole vueltas en mi cabeza a lo que he visto, algo que hacía tiempo que no me ocurría. Me he encontrado con un drama familiar con tintes terroríficos, enmarcado en una atmósfera opresiva, desasosegante, que genera un mal rollo insano del que te quieres desprender pero que te atrapa y te conduce a un cúmulo de sensaciones muy variadas. Pequeños detalles hacen que no se convierta al instante en una obra maestra, pero sin duda nos encontramos ante una película sobresaliente,un clásico instantáneo del cine de terror, que exige más de un revisionado para encajar todas las piezas.

                            
                               Lo que comienza como un ensayo sobre una familia bastante disfuncional que afronta la muerte de la madre de la protagonista, con la cual tenían una relación insana y poco convencional se va tornando poco a poco en una perturbadora e hipnótica sucesión de acontecimientos que, al igual que a los protagonistas, van dejando cada vez más descolocado al espectador, ya que el director de la película,el debutante en el largometraje Ari Aster, no toma el camino fácil, no sigue la hoja de ruta que marcan las películas de terror de rápido consumo y fácil olvido, sino que va cociendo la trama a fuego lento, con un estilo muy personal en cuanto a dirección y ambientación. Es por ello que todos los espectadores que se acerquen a las salas de cine esperando ver una película de terror al uso, se sentirán, como poco, estafados. Aquí el horror yace en aspectos tan mundanos como el dolor por la pérdida o la culpabilidad por los errores del pasado, aunque también hay tiempo para escenas de un terror tan explícito que resulta apabullante, como resultado del descenso a los infiernos de todos y cada uno de los miembros de la familia.

   
                                Sin duda, uno de los aspectos a destacar de la cinta, y que ya he comentado con anterioridad, es la dirección de Ari Aster, apoyada en la excelente fotografía de Pawel Pogorzelski y en la inquietante banda sonora de Colin Stetson, con una partitura capaz de tensar nuestros nervios con apenas par de notas. Volviendo al tema de la dirección, constituye un eficaz instrumento para acentuar esa atmósfera malsana que proyecta una constante sensación de amenaza. No estamos a gusto en la butaca, nos removemos y en ocasiones nos gustaría apartar la mirada. Es magistral el modo en el que el director usa la perspectiva como si estuviéramos mirando dentro de una casa de muñecas, las mismas que usa Annie para fabricar esos inquietantes dioramas que sirven para contar detalles ocultos que sirven para entender la historia. 

 
                                     En el apartado interpretativo destaca la fuerza de las protagonistas femeninas. Toni Collette (Sydney, 1972) sigue haciendo gala de su inmensa capacidad para desarrollar personajes al límite, y aquí nos ofrece una interpretación estratosférica, haciendo desfilar por la pantalla todo un repertorio de emociones llevadas al extremo. Milly Shapiro, que encarna a Charlie, su hija, nos ofrece un personaje que en más de una ocasión pondrá a prueba nuestros nervios, y que participa en una de las escenas más impactantes de la película. Por último, Ann Dowd, especialista en personajes especialmente desagradables (El cuento de la criada o The Leftovers) tiene una breve pero decisiva participación en la trama. Completan el elenco el veterano Gabriel Byrne, como el marido de Annie y Alex Wolff, como el hijo mayor de la pareja. 

                                      En definitiva, una muestra más de que el cine indie de horror está en auge, sazonado con un drama familiar contundente y que tiene su mayor virtud en una dirección que intensifica la atmósfera amenazante que nos va envolviendo. Como puntos en contra, quizás encontramos una serie de escenas que (de manera involuntaria, supongo) se prestan a la carcajada y un último acto en el que las cosas se van de madre un poquito. Cine no apto para el consumo de aquellos espectadores que buscan una película de terror apoyada en los convencionalismos del género, pero para mí cine en mayúsculas, de ese que deja poso y que no te puedes quitar encima en mucho tiempo.

NOTA: 9/10 

domingo, 10 de junio de 2018

Crítica: Han Solo: Una historia de Star Wars (2018)

FICHA TÉCNICA
Título: Solo: A Star Wars Story País: Estados Unidos Género: Acción, Aventura, Fantasía Duración: 135 minutos Director: Ron Howard Guión: Jonathan Kasdan, Lawrence Kasdan, basado en personajes creados por George Lucas Productores: Will Allegra, Rob Bredow, Simon Emanuel, Toby Hefferman, Jonathan Kasdan, Lawrence Kasdan, Kathleen Kennedy, Phil Lord, Christopher Miller, Allison Shearmur Música: John Powell Fotografía: Bradford Young Montaje: Pietro Scalia Intérpretes: Alden Ehrenreich, Joonas Suotamo, Woody Harrelson, Emilia Clarke, Donald Glover, Thandie Newton, Phoebe Waller-Bridge, Paul Bettany, Jon Favreau, Erin Kellyman, Linda Hunt, Ian Kenny, John Tui, Warwick Davis, Anthony Daniels, Andrew Woodall, Hal Fowler, Clint Howard, Kiran Shah Estreno en España: 24 de mayo de 2018 Calificación por edades: No recomendada para menores de 7 años


SINOPSIS: Precuela de la saga Star Wars, en la que se conocen los primeros pasos que dio el personaje de Han Solo, desde joven hasta convertirse en el contrabandista antihéroe que vimos en "Una nueva esperanza", antes de encontrarse con Luke Skywalker y Obi-Wan Kenobi en la cantina de Mos Eisley.
 
CRÍTICA: Después de la buena acogida que tuvo Rogue One: Una historia de Star Wars (2016), todos los ojos estaban puestos en el nuevo spin-off ambientado en el Universo Expandido de Star Wars, y que trataba ni más ni menos del pasado de uno de los personajes emblemáticos de la saga y de la Historia del Cine, Han Solo, noticia que los fans acogimos con una mezcla de ilusión y de escepticismo, ya que una película centrada en el contrabadista más canalla de la galaxia eran palabras mayores. Y el tiempo ha terminado dando la razón a las predicciones más pesimistas, en forma de interminables problemas durante la producción, hasta el punto de que la productora despidió a los directores iniciales, Phil Lord y Christopher Miller por desavenencias (parece que el film estaba más cerca de la comedia que de otra cosa) varias y contratando al veterano Ron Howard (Duncan,1954), que tuvo que rodar nuevas escenas y volver a grabar algunas que ya habían sido filmadas, por lo que el presupuesto inicial se disparó. Por otro lado, la elección del relativamente desconocido Alden Ehrenreich (Los Angeles, 1989) para encarnar a Solo también generó cierta controversia. Y las predicciones menos halagüeñas se están haciendo realidad, ya que doce días después de su estreno, la acogida en la taquilla mundial está siendo más bien tibia, y ya se habla de que la película va a provocar pérdidas a Disney, lo que puede hacer peligrar futuros proyectos. Pero, ¿tan mala es?



               "Han Solo: Una historia de Star Wars" no es una mala película, pero tampoco marcará una época ni colmará las expectativas de los fans más acérrimos de la saga, ya que es posible que sea la entrega de Star Wars que más se aleja del propio Universo Star Wars. Por lo pronto,y nada más empezar la película, encontramos que han desaparecido las legendarias letras de los títulos de crédito acompañadas por la mítica banda sonora de John Williams (Queens, 1932), una de  las señas de identidad de la saga. Por su parte, Lawrence Kasdan (1949, Miami), guionista de esa joya llamada El Imperio Contraataca (1980), no logra aquí elaborar un libreto con la solidez adecuada, con lo que la historia va dando bandazos y no termina de asentarse, quedando algo más parecido a un western o a una película de aventuras que a una odisea espacial, con el hándicap de que tarda bastante en arrancar y que asistamos durante la primera hora a pasajes algo aburridos, algo imperdonable para una película de estas características. Bien es cierto que se despejan algunas dudas en relación al personajes de Han Solo, como la manera en la que recibió su apellido, el momento en el que le ganó a Lando el Halcón Milenario o cómo consiguió su pistola láser, aunque en ocasiones puede parecer que su inclusión en la trama es demasiado forzada. Y, sin duda, el punto más negativo que le encuentro es que en una película basada en Han Solo, el personaje que menos interés despierta sea el propio Han. Imperdonable.


               Como ya he señalado con aterioridad, la película es bastante entretenida, y parte del mérito la tiene Ron Howard, director con muchos años de experiencia en Hollywood y que conoce perfectamente los entresijos de las grandes producciones, por lo que subirse en marcha a un proyecto ya empezado y conseguir que este no sea un absoluto desastre es digno de elogio. La escena del asalto al tren (con claras reminiscencias del western clásico) está perfectamente ejecutada en cuanto a ritmo, planos y efectos digitales, siendo de largo lo mejor de la película. Por el contrario, toda la parte del Corredor de Kessel adolece de un montaje demasiado alocado, que unido a la, en demasía, oscura fotografía de Bradford Young (Louisville, 1977), hace que nos cueste distinguir qué ocurre en pantalla. En la banda sonora se echa de menos a John Williams, pero John Powell (Londres, 1963) crea una partitura bastante aceptable, echando mano de algunas notas de la trilogía original. 

                       Una de las grandes incógnitas era ver si el joven Alden Ehrenreich había sido la elección correcta para encarnar al contrabandista, y las conclusiones son, desde mi punto de vista, contradictorias. Si vamos al cine buscando un calco de Harrison Ford (Chicago, 1942) no lo vamos a encontrar, por lo que es elogiable que el chico no se limite a hacer una mera imitación. Pero, por otro lado, no consigue el suficiente grado de carisma para que quedemos absolutamente satisfechos, pero en el global no lo hace del todo mal, aunque le falta pulir bastante el personaje. Emilia Clarke (Londres, 1986) no nos deja una interpretación tan sosa como en Juego de Tronos, y encarna a Qi´ra, el primer amor de Solo, bastante ambigua en sus intenciones. El que sí aprovecha cada minuto que aparece en pantalla es Donald Glover (California, 1983), que interpreta a Lando Calrissian, contrabandista y propietario del Halcón Milenario, y que acaba robándole todos los planos a sus compañeros de reparto, junto con su androide feminista, L3-37 Woody Harrelson (Texas, 1961), es Beckett, algo así como el mentor de Han Solo, y aporta veteranía y saber hacer a un joven elenco de actores.

                     En definitiva, una película entretenida, técnicamente competente y con un par de buenos momentos, pero que deja la sensación de que podría haber sido más de lo que finalmente nos ha ofrecido, posiblemente resultado de los innumerables problemas que ha sufrido durante la producción, además de un guión que adolece falta de solidez. El actor protagonista no termina de disipar las dudas que generó su elección, pero se esfuerza por agradar, aunque nos cueste encontrar algo de Han Solo en su interpretación. A día de hoy el público está dando la espalda a la película y la taquilla se está resintiendo, lo que hace peligrar futuras secuelas.

NOTA: 6/10 

domingo, 3 de junio de 2018

Crítica: Deadpool 2 (2018)

FICHA TÉCNICA
Título: Deadpool 2 País: Estados Unidos Género: Acción, Aventura, Comedia Duración: 119 minutos Director: David Leitch Guión: Rhett Reese, Paul Wernick, Ryan Reynolds Productores: Stan Lee, Kelly McCormick, Rhett Reese, Ethan Smith, Ryan Reynolds, Ethan Smith, Paul Wernick Música: Tyler Bates Fotografía: Jonathan Sela Montaje: Craig Alpert, Michael McCusker, Elísabet Ronaldsdóttir, Dirk Westervelt Intérpretes: Ryan Reynolds, Josh Brolin, Morena Baccarin, Julian Dennison, Zazie Beetz, T.J Miller, Leslie Uggams, Karan Soni, Brianna Hildebrand, Jack Kesy, Eddie Marsan, Shioli Kutsuna, Rob Delaney, Lewis Tan, Bill Skarsgard, Terry Crews, Robert Maillet, Randal Reeder, Nikolai Witschl Calificación por edades: No recomendada para menores de 18 años Estreno en España: 18 de mayo de 2018



SINOPSIS: Tras sobrevivir a un ataque bovino casi mortal, un desfigurado cocinero (Wade Wilson) lucha por cumplir su sueño de convertirse en el camarero buenorro de First Dates mientras aprende a arreglárselas después de perder el sentido del gusto. Buscando algo picante en su vida (y también un condensador de fluzo), Wade deberá luchar contra ninjas, yakuzas y una manada de canes sexualmente agresivos mientras viaja alrededor del mundo para descubrir la importancia de la familia, la amistad y el sabor, encontrando un nuevo gusto por la aventura y ganándose la codiciada taza de "Mejor Amante del Mundo".

CRÍTICA: Semanas después del estreno de la que, posiblemente, es la película definitiva de superhéroes, "Avengers; Infinity War" (2018), llega a nuestras pantallas la secuela de la que, posiblemente, sea la película más cachonda, salvaje e irreverente sobre superhéroes. Deadpool (2016) fue un auténtico sorpresón, que reescribió las líneas tradicionales del género de superhéroes y fijó sus miras en otro tipo de audiencia más adulta, ofreciéndoles grandes dosis de violencia, palabrotas por doquier y un estilo totalmente rompedor que se alejaba sobremanera de lo políticamente correcto. Todo ello, unido a una recaudación más que suculenta, auguraba una continuación que ha tardado dos años en llegar, esta vez dirigida por David Leitch, cuyo anterior película, Atómica (2017), dejó un muy buen sabor de boca y situó a Leitch en la terna de futuribles nombres a tener en cuenta en el cine de acción. Siguiendo la máxima de que "aquello que funciona, no lo toques", apuesta por una línea continuista respecto a la primera entrega, multiplicando por 10 todo lo que nos ofrecía "Deadpool", sin arriesgar lo más mínimo a la hora de innovar, lo que hace que la continuación no goce de la frescura que aportaba el original pero sí que siga funcionando como propuesta macarra, desbordando violencia por los cuatro costados y acumulando referencias a la "cultura pop" de todo tipo a un ritmo desenfrenado.


                     Mientras Wade Wilson (AKA Deadpool) sigue lidiando con su historia de amor con Vanessa y su problemilla con la inmortalidad, aparece en escena Cable, que busca incesantemente a un niño mutante para acabar con él. Para enfrentarse a esta amenaza, Deadpool decide reunir a un grupo de superhéroes y....No se puede decir más de la trama porque lo mejor es descubrirla por uno mismo para mantener el factor sorpresa intacto. A partir de ahí, "Deadpool 2" explota hasta la saciedad la fórmula que tan buen resultado le ofreció en la primera parte, acumulando chistes en cada fotograma, dirigidos a todo lo imaginable, y tomando como referencia películas, cómics, música... No salen demasiado bien librados los X-Men, y, especialmente, Linterna Verde (2011), una película que bien pudo ser el punto final a la carrera de Ryan Reynolds y que despedaza sin piedad constantemente. Es por ello que la película roza peligrosamente la autocomplacencia en ocasiones, y ello puede provocar que la saturación de chistes llegue a agotar al espectador.


                      Por lo tanto, "Deadpool 2" puede ser considerada como una comedia disfrazada de película de superhéroes, en la que no faltan un par de contrapuntos dramáticos que no están demasiado bien llevados, y que provocan cierto parón en el ritmo de un metraje completamente desenfrenado. Es cierto que la figura de Deadpool, su pasado y sus circunstancias, están rodeados de un halo trágico que en la primera parte estaba más justificado, mientras que en esta ocasión parece demasiado forzado. La parte orientada al cine de superhéroes nos deja un par de buenas escenas de acción que justifican el aumento de presupuesto en la secuela, especialmente la persecución por la ciudad, además de toda la parte en la que Deadpool monta su particular grupo de superhéroes, desternillante hasta la lágrima. 


                 La auténtica estrella de la función es Deadpool, personaje que Ryan Reynolds (Vancouver, 1976) ha hecho completamente suyo, proporcionándole un carisma arrebatador y que hace que disfrutemos de todos y cada uno de los minutos que aparece en pantalla. Como contrapunto al Mercenario Bocazas hace su aparición Cable, encarnado por Josh Brolin (Santa Mónica, 1968), que parece haberle cogido el gustillo a esto de aparecer en las películas Marvel, y que aporta presencia física y gravedad a su personaje, destacando en la escena de la prisión. Otra aparición destacable es la de Domino, con los rasgos de Zazie Beetz, integrante del grupo que monta Deadpool y que nos muestra sus poderes en un buen plano-secuencia. Julian Denison (Wellington, 2002) es Firefist, el niño mutante que es el detonante de la trama, el objetivo de Cable.

                    En definitiva, una continuación que en vez de arriesgar y explorar nuevos horizontes se limita a utilizar la misma fórmula, pero elevada al cuadrado, algo que no es negativo, ya que es evidente que sigue funcionando. Aquellos que disfrutaron con la primera parte harán lo propio con "Deadpool 2", ya que saben perfectamente lo que se van a encontrar: mucha violencia explícita, lenguaje soez y chistes sin ningún tipo de medida. Vamos, lo que viene siendo una gozada. Especial atención merecen las escenas post-créditos, una realmente súblime y que hace que te vayas del cine con una sonrisa. 

NOTA: 9/10 

jueves, 24 de mayo de 2018

Crítica: Avengers: Infinity War (2018)

FICHA TÉCNICA
Título: Avengers: Infinity War País: Estados Unidos Género: Acción, Aventura, Fantasía,Ciencia-Ficción Duración: 149 minutos Directores: Anthony Russo, Joe Russo Guión: Christopher Markus, Stephen McFeely Productores: Victoria Alonso, Louis D´Espósito, Jon Favreau, Kevin Feige, James Gunn, Stan Lee Música: Alan Silvestri Fotografía: Trent Opaloch Montaje: Jeffrey Ford, Matthew Smichdt Intérpretes: Robert Downey Jr., Chris Hemsworth, Mark Ruffalo, Chris Evans, Scarlett Johansson, Don Cheadle, Benedict Cumberbatch, Tom Holland, Chadwick Boseman, Zoe Saldana, Karen Gillan, Tom Hiddleston, Paul Bettany, Elizabeth Olsen, Anthony Mackie, Sebastian Stan, Josh Brolin, Chris Pratt, Pom Klementieff, Chris Pratt, Peter Dinklage, Danai Gurira Estreno en España: 27 de abril de 2018 Calificación por edades: No recomendada para menores de 12 años



SINOPSIS: El todopoderoso Thanos ha despertado con la promesa de arrasar con todo a su paso, portando el Guantelete del Infinito, que le confiere un poder incalculable. Los únicos capaces de pararle los pies son los Vengadores y el resto de superhéroes de la galaxia, que deberán estar dispuestos a sacrificarlo todo por un bien mayor.

CRÍTICA: Después de 10 años, 18 películas y miles de millones de dólares amasados en recaudación, llegó el momento que todos los aficionados al UCM (Universo Cinematográfico de Marvel) estábamos esperando: la llegada del villano que iba a poner todo patas arriba, Thanos, obesionado por conseguir todas las Gemas del Infinito para instaurar (a su manera) el orden en el Universo. Y, definitivamente, podemos decir que Marvel lo ha hecho a lo grande, ya que nos encontramos ante uno de los mayores espectáculos que se pueden visionar en la actualidad en una pantalla de cine. Por ello, es indispensable no hacer caso de las críticas (positivas y negativas) que circulan por internet e intentar disfrutar de la película sabiendo lo mínimo sobre ella, ya que el factor sorpresa es absolutamente necesario para vivir plenamente la experiencia. "Vengadores: Infinity War" es el crossover de superhéroes por excelencia, una experiencia visual apabullante que toma la épica por bandera, con un tono más sombrío que todo lo que nos ha ofrecido Marvel hasta el momento y que pone el broche de oro a todas las sagas de superhéroes que han ido poniendo en marcha durante todos estos años. Trataré de analizar la película sin ningún tipo de spoiler, más allá de lo que ya se ha visto en trailers o leído en internet.



                 "Dime su nombre otra vez". La premonitoria frase de Tony Stark deja a las claras la piedra angular sobre la que pivota toda la trama de "Avengers: Infinity War", que  no es otra que el villano (y sus motivaciones) de la función, Thanos, el Titán que hará todo lo que esté en su mano (y cuando digo todo, es todo) para conseguir todas las Gemas del Infinito desperdigadas por la galaxia y llevar a buen puerto su misión. Thanos es el contricante más peligroso al que se han enfrentado los Vengadores, y esto queda a las claras desde la tensa y oscura escena inicial, en la que nos queda meridianamente claro que estamos ante otro nivel en el UCM, donde el auténtico peligro ronda a nuestros héroes y en el que TODO puede pasar (avisados estáis). Digamos que no llega a ser Juego de Tronos, pero se le puede acercar, ¡¡¡jejeje!!! Durante esos primeros compases, la película te atrapa y ya no te suelta en las casi dos horas y media que dura, con un ritmo trepidante (con las consabidas pausas para recuperar el aliento) que redefine el concepto de blockbuster tal y como lo conocíamos. El hecho de que el film cuente con tantísimos personajes suponía un reto para los guionistas a la hora de repartir el tiempo de los mismos en lo que a aparición en pantalla se refiere, y podemos asegurar que han tenido éxito, ya que las diferentes líneas argumentales generadas dan pie a que todos, en mayor o menor medida, se luzcan. Bien es cierto que muchos echarán en falta más minutos para ciertos superhéroes, pero tampoco era cuestión de realizar una película de 4 horas.

                   El humor es una de las señas de identidad por excelencia de todas las películas del UCM, y "Avengers: Infinity War" no se iba a quedar atrás en este aspecto. Hay gran cantidad de líneas de diálogo destinadas a arrancar una carcajada al espectador, algunas épicas y otras más simples, pudiendo llegar a ser cargantes en un momento dado, aunque sin darnos cuenta, el tono de la película se va volviendo más serio y dramático, adueñándose poco a poco de las emociones del espectador, y es ahí donde vamos a observar que muchas de las bromas no vienen a cuento, como si los guionistas no supieran calibrar la magnitud de lo que está ocurriendo en pantalla y no dejaran al espectador digerir ciertos sucesos que no casan demasiado bien con el humor que les precede. 

                    El apartado técnico es de los que quita el hipo, literalmente. Los efectos especiales alcanzan una perfección no vista con anterioridad, luciendo especialmente en las épicas batallas (hay muchas a lo largo del metraje), y en la recreación de todas y cada una de las localizaciones (terrícolas e intergalácticas) de la cinta notamos el estupendo trabajo del encargado de la fotografía. Por otro lado, Alan Silvestri (Nueva York, 1950) compone una fantástica banda sonora, que impregna todos y cada uno de los rincones de la película fluctuando de manera armoniosa entre el drama, la épica, la acción...sabiendo en cada momento el tono que debe adquirir la música, siendo un acompasamiento perfecto a lo que sucede en la pantalla.

                      Todos y cada uno de los actores implicados en el proyecto ponen su granito de arena para que el espectáculo no decaiga en ningún momento. A través de las diferentes partes de todas y cada una de las sagas del UCM han ido moldeando una personalidad que les ha permitido hacer suyos los personajes, por lo que los seguidores más acérrimos disfrutarán de lo lindo viendo a sus personajes favoritos con sus virtudes y defectos. Hay que detenerse con más detalle con el que sin duda es el gran descubrimiento de la película, Thanos, encarnado por Josh Brolin (Santa Monica, 1968), actor que está viviendo una segunda juventud en su carrera. Se trata posiblemente del mejor villano del UCM, con un amplio espectro de matices que hacen que en ocasiones hasta seamos capaces de entender sus motivaciones, pero con la carga de maldad adecuada para que lo único que hagamos durante todo el metraje sea odiarlo. Lo que sí está claro es que todas y cada una de sus apariciones en pantalla son oro puro, robando la función a prácticamente todos sus contendientes.

                         En definitiva, los hermanos Anthony y Joe Russo han sido capaces de deconstruir las reglas del blockbuster, llevándolo a cotas antes nunca vistas. No era tarea fácil coger historias y personajes que se han ido desarrollando a lo largo de tantos años y conjugarlos de una manera tan precisa, siendo la película una auténtica gozada para los sentidos, un divertimento de primera que (como siempre digo) debe disfrutarse en una sala de cine. Gustará a los apasionados de las películas del UCM y también a los neófitos en la materia, de ahí las espectaculares cifras que está consiguiendo en taquilla, siendo de momento la cuarta película más taquillera de la historia. Ahí es nada. ¿Lo peor? Lo poco que sale Hulk y que hay que esperar un año para ver la resolución de todo...

NOTA: 9,5/10

                         

lunes, 30 de abril de 2018

Crítica: Un lugar tranquilo (2018)

FICHA TÉCNICA
Título: A quiet place País: Estados Unidos Género: Drama, Horror, Ciencia-Ficción Duración: 90 minutos Director: John Krasinski Guión: Bryan Woods, Scott Beck, John Krasinski Productores: Michael Bay, Scott Beck, Bryan Woods, John Krasinski, Allyson Seeger, Aaron Janus, Bradley Fuller, Andrew Form, Cecilia D. Costas, Jeffrey Beecroft Música: Marco Beltrami Fotografía: Charlotte Bruus Christensen Montaje: Christopher Tellefsen Intérpretes: John Krasinski, Emily Blunt, Millicent Simmonds, Noah Jupe, Cade Woodward, Leon Russom, Doris McCarthy Estreno en España: 20 de abril de 2018 Calificación por edades: No recomendada para menores de 16 años






SINOPSIS: Los Abbott son una familia que vive en una aislada granja de algún lugar de Estados Unidos, donde están constantemente amenazados por la existencia de unas misteriosas y mortíferas criaturas que, guiadas por el sonido, aniquilan a los humanos al más mínimo ruido. Lee, Evelyn y sus tres hijos han desarrollado una serie de estrictos hábitos y protocolos para mantener el más completo silencio en su día a día, ya que cualquier descuido en la tarea más rutinaria podría llevarles a su total extinción.

CRÍTICA: En una época en la que las superproducciones cinematográficas apuestan por la grandilocuencia tanto visual como sonora, con diseños de sonido absolutamente atronadores, se antoja como poco curioso que esté triunfando una cinta en la que en gran parte del metraje se aboga por utilizar un estilo totalmente opuesto. Tal vez sea por nuestra innata necesidad como espectadores de sentir nuevas experiencias, de que de vez en cuando nos saquen de nuestra zona de confort cinéfila con un producto que nos reconcilie con un cine que sufre de agotamiento creativo. John Krasinski (Newton, 1979), conocido por su faceta de actor, especialmente por la televisiva The Office (2005-2013), es el encargado de tensar nuestros nervios y acelerar nuestro corazón en una película en la que ejerce de director, guionista, productor y actor principal,  dejando a las claras que quería tener control absoluto sobre el proyector para poder hacer la película que tenía en mente. El resultado es una de las mejores películas de lo que llevamos de año, que pone el énfasis principalmente en el suspense y el terror, pero sin dejar de lado el drama humano, y que ha conseguido poner a crítica y público de acuerdo.


         
                   Cada vez es más difícil soprender a la audiencia, por lo que es necesaria una constante vuelta de tuerca a los convencionalismos de un género que maneja casi siempre la misma hoja de ruta. En "Un lugar tranquilo", esa vuelta de tuerca se ve reflejada en el hecho de que para sobrevivir a las criaturas que los acosan deben mantenerse en el silencio más absoluto posible, ya que cualquier ruido más alto de lo normal puede suponer su muerte. Krasinski lleva esta premisa hasta límites insospechados, convirtiendo el visionado de la película en una experiencia terriblemente angustiosa para el espectador que se decide a entrar en el juego del director, que se ve envuelto en una atmósfera opresiva y asfixiante, comiéndose las uñas mientras es consciente de que el ruido que va a provocar que todo salte por los aires está agazapado a la vuelta de la esquina. El punto de calidad viene dado por el hecho de que el director cuida con mimo el tratamiento de personajes y la modulación del drama, por lo que consigue que suframos por el destino de la familia protagonista, que consigue sobreponerse a una tragedia que podemos ver en la excelente escena inicial y que cimenta en el amor muchas de las decisiones que toman a lo largo del film, por lo que la responsabilidad de la paternidad y la obsesión por proteger a los hijos es uno de los pilares sobre los que pivota la historia. Si la película no es perfecta debido a ciertas licencias de guión, necesarias para que la historia siga su correcto desarrollo, reflejadas en algunas situaciones poco creíbles pero que cumplen con el objetivo de poner a la familia en constante peligro. Es más, en ocasiones el espectador se pregunta que qué más les puede pasar, cumpliendo la máxima de que "todo aquello que pueda salir mal, lo va a hacer".


                       Si logramos identificarnos fácilmente con la familia que protagoniza la película es gracias al notable trabajo de todos los actores implicados en el proyecto. Ya hemos mencionado a John Krasinski como el cabeza de familia. Junto a él aparece su esposa en la vida real, Emily Blunt (Roehampton,1983), que tiene sin duda una de las escenas más tensas de la película. Millicent Simmonds encarna a la hija mayor, que sufre de sordera, lo que hace que viva en un permanente silencio, lo que provoca que no sea consciente de los ruidos que hace, y que tiene una relación difícil con su padre. Noah Jupe (Londres, 2005), es el hijo mediano, sin duda el que más sufre con la situación en la que se encuentran y que se muestra reacio a aprender las lecciones de supervivencia que le inculca su padre para que pueda proteger a su familia en el caso de que él falte.

                     En definitiva, una película muy tensa e ideal si lo que uno busca es pasarlo mal en el cine, que coge una idea bastante manida y le da el enfoque necesario para que pueda sorprender al espectador, que llega a empatizar con los protagonistas debido a unas interpretaciones muy destacables. Muchos afirman que "Un lugar tranquilo" consigue lo que no logró "Llega de noche" (2017), películas con dos premisas bastante parejas pero diferentes en la ejecución.  


NOTA: 9/10