domingo, 28 de mayo de 2017

Crítica: Guardianes de la Galaxia Vol.2 (2017)


FICHA TÉCNICA
Título: Guardians of the Galaxy Vol.2 País: Estados Unidos Duración: 137 minutos Género: Acción, Aventuras, Ciencia Ficción Director: James Gunn Guión: James Gunn, Dan Abnett, Andy Lanning Productores: Victoria Alonso, Kevin Feige, Nikolas Korda, Stan Lee Música: Tyler Bates Fotografía: Henry Braham Montaje: Fred Raskin, Craig Wood Intérpretes: Chris Pratt, Zoe Saldana, Dave Bautista, Vin Diesel, Bradley Cooper, Michael Rooker, Karen Gillan, Pom Klementieff, Sylvester Stallone, Kurt Russell, Elizabeth Debicki, Chris Sullivan, Sean Gunn Estreno en España: 28 de abril de 2017 Calificación: No recomendada para menores de 13 años







SINOPSIS: Continúan las aventuras del equipo en su travesía por los confines del cosmos. Los Guardianes deberán luchar para mantener unida a su nueva familia mientras intentan resolver el misterio de los verdaderos orígenes de Peter Quill. Viejos rivales se convertirán en nuevos aliados, y queridos personajes de los cómics clásicos acudirán en ayuda de nuestros héroes a medida que el universo cinematográfico de Marvel continúa expandiéndose.


CRÍTICA: Contra todo pronóstico, y superando todas las expectativas previstas, Guardianes de la Galaxia (2014) supuso un auténtico fenómeno de crítica y público, hasta el punto de que muchos la consideramos (a pesar de que he de reconocer que no había oído hablar del cómic en el que se basa) como la mejor de las películas de Marvel Studios, teniendo en cuenta que la saga de Los Vengadores empieza a transitar por un camino entre lo trascendental y lo superfluo que empieza a ser verdaderamente peligroso para el entretenimiento. Y lo consiguió con una estimulante mezcla de preciosistas efectos especiales, personajes con gran carisma, un humor irreverente que rodeaba la historia de un halo de cachondeo y una fabulosa banda sonora con varios éxitos de los 60 y los 70. Evidentemente era cuestión de tiempo que la secuela empezara a tomar forma, y por fin la tenemos aquí, y es momento de juzgar si ha merecido la pena o, por el contrario, nuestros héroes han patinado en esta ocasión. 
                      La duda queda disipada rápidamente, porque la escena utilizada para introducir los títulos de crédito es sencillamente magistral, demostrando que la capacidad para la dirección de James Gunn (1966, Missouri), no es flor de un día. Era complicado mantener la atención del espectador una vez que el factor sorpresa utilizado en la primera película se había disipado, por lo que Gunn ha optado por no tocar lo que había funcionado tan bien y nos vuelve a ofrecer una apasionante "space opera-rock", llena de colorido y en la que, aún más si cabe, las notas de humor (bastante grueso en ocasiones) siguen siendo uno de los ingredientes predominantes de la fórmula de su éxito. También dota de profundidad a las relaciones que se establecen entre los distintos personajes y a sus propios conflictos internos, sin que ello suponga una rémora para el ritmo electrizante que caracteriza a la cinta , ya que no caen en sesudas soflamas pseudofilosóficas, propiciando únicamente que conectes, que empatices con esos personajes. 
                          Uno de los principales aciertos de "Guardianes de la Galaxia" fue contar con un reparto integrado por caras poco conocidas para el público en general, no con estrellas rutilantes. La carrera de Chris Pratt (Minnesota,1979), que encarna a Peter Quill (AKA Starlord), el aventurero espacial que va en busca de sus orígenes, se relanzó gracias a este blockbuster, todo gracias a la simpatía y el carisma que desprende, algo que le ha valido para entrar dentro de la lista de actores que pugnarán por encarnar a Indiana Jones. Dave Bautista (Washington, 1969) carga con prácticamente toda la parte humorística de la película, algo que particularmente me acabó cansando en ciertos momentos. Yondu, que cuenta con las (azuladas) facciones de Michael Rooker (Alabama, 1955)adquiere mayor protagonismo en esta segunda parte. El cupo de mujeres guerreras lo componen Zoe Saldana (New Jersey, 1978) como Gamora y Karen Gillan (Escocia, 1987) como su hermana Nebula. Sin duda, dos de las estrellas de la función son el mapache Rocket, con sus graves problemas de autoestima y su propensión a la violencia, y que cuenta con la voz de Bradley Cooper (Pennsylvania, 1975) y Baby Groot, con la voz de Vin Diesel (California, 1967).

                         En definitiva, una segunda entrega que apuesta por una línea continuista, entretenimiendo de calidad, con forma y fondo perfectamente definidos, brillante en el apartado técnico (pujará por el Óscar a los mejores efectos especiales, seguro), una dirección muy solvente y una banda sonora nuevamente marchosa. Así que poneros vuestro walkman, dadle al play y disfrutad de las nuevas aventuras de Peter Quill y sus amigos.


NOTA: 8,5/10

domingo, 7 de mayo de 2017

Crítica: Fast & Furious 8 (2017)

FICHA TÉCNICA
Título: Fast & Furious 8 País: Estados Unidos Duración: 136 minutos Género: Acción, Aventura, Crimen Director: F. Gary Gray Guión: Chris Morgan Productores: Vin Diesel, Neal H.Moritz Música: Brian Tyler Fotografía: Stephen F. Windon Montaje: Paul Rubell, Christian Wagner Intérpretes: Vin Diesel, Dwayne Johnson, Jason Statham, Michelle Rodríguez, Tyrese Gibson, Ludacris, Charlize Theron, Kurt Russell Estreno en España: 12 de abril de 2017 Calificación: No recomendada a menores de 16 años





SINOPSIS: Con Dom y Letty de luna de miel, Brian y Mia fuera del juego y el resto de la pandilla exonerada de todo cargo, el equipo está instalado en una vida aparentemente normal. Pero cuando una misteriosa mujer (Theron) seduce a Dom (Diesel) para regresar nuevamente al mundo del crimen, se ve incapaz de rechazar la oportunidad...

CRÍTICADentro de unos meses se van a cumplir 16 años del estreno de The Fast and the Furious (2001), y me atrevo a aventurar que ninguno de sus responsables era consciente del tremendo éxito que iba a atesorar la saga, que va por su octava entrega y que vislumbra dos más en el horizonte (la siguiente a estrenar en 2019). Sobreponiéndose a la trágica muerte de uno de sus protagonistas principales, Paul Walker (Glendale, 1973), la máquina de hacer dinero sigue perfectamente engrasada y, evidentemente, con algunas muestras de agotamiento que no van a impedir que las masas sigan acudiendo al cine a disfrutar de las andanzas de Dominic Toretto y compañía. Bien es cierto que se ha aplicado entrega a entrega la máxima de "renovarse o morir", y que año tras año se va perdiendo la intencionalidad y el espíritu de las primeras películas y que poco a poco la saga se va tornando en el hermano macarra de James Bond, terreno en el que, todo sea dicho, me siento más cómodo como espectador.

                     Seamos sinceros. "Fast & Furious 8" no aburre, e incluso se pasa en un suspiro. Todo es cuestión de no pedir peras al olmo y dejarse seducir por el desfile de todo tipo de vehículos, explosiones, chistes facilones y testosterona por las nubes. Todo vale para impresionar, incluso aquello que resulta completamente inverosímil. Pero vamos, si has llegado hasta la octava parte de la saga no te va a pillar de sorpresa. O sí. Porque cuando piensas que el nivel de espectacularidad ha llegado a su punto culminante, los responsables de la película se sacan de la chistera otro truco más para dejarte pegado en la butaca. Para ello, han encargado la dirección de la nueva entrega a F. Gary Gray (Nueva York, 1969), un habitual del cine de acción, y que ya hizo sus pinitos en el cine de persecuciones automovilísticas y atracos con The italian job (2003), y que ha tenido que adaptar su habitual temple a las exigencias de una dirección adrenalítica. Se agradece el intento de que parezca que hay algo parecido a un guión, y que incluso el libreto nos tenga reservadas un par de sorpresas, pero no esperemos una historia profunda y trabajada, porque no la hay. 

                           Uno de los atractivos principales de la saga es, sin duda, su reparto. De la cinta original únicamente quedan Vin Diesel (California, 1967), encarnando a un Dominic Toretto que debe enfrentarse a su mayor reto, y Michelle Rodríguez (Texas, 1978), como eterna compañera del ¿protagonista? Lo pongo entre signos de interrogación porque no tengo tan claro que Diesel sea el protagonista absoluto de la cinta. Es más, creo que pierde peso en beneficio de Dwayne "The Rock" Johnson (California, 1972), y es posible que esta sea una de las principales causas de la supuesta mala relación entre ambos actores. Es más, lo mejorcito de la cinta son las escenas que comparten el mencionado Johnson y Jason Statham (Derbyshire, 1967), con constantes puyas sobre los músculos del primero y la nacionalidad del segundo. Y ya que hablamos de rumores, es posible que ambos personajes compartan película más allá del universo "Fast & Furious". Comentaba más arriba que el espíritu James Bond inunda poco a poco la franquicia, y quizás uno de los aspectos que remarcan esta impresión es la inclusión de una villana muy del todo James Bond, que tiene los rasgos de Charlize Theron (Benoni, 1975), la cual traza un personaje frío y con muy mala leche, del que tal vez echemos en falta más presencia en las escenas de acción, pero que es la piedra angular sobre la que se edifica la trama. Hay alguna que otra sorpresa que no desvelaré aquí, aunque a mi juicio están bastante desaprovechadas.

                             En definitiva, adrenalina en vena durante dos horas, una sucesión de apabullantes escenas de acción con un "todo vale" llevado hasta el límite de lo absurdo pero que ya es una indudable marca de la casa. Lo mejor, dejar las neuronas en piloto automático y disfrutar del espectáculo que tenemos en pantalla, que ya habrá tiempo de sesudas soflamas filosóficas.


NOTA: 6,5/10 

                                

sábado, 4 de febrero de 2017

Crítica: Comanchería (2016)

FICHA TÉCNICA
Título: Hell or high water País: Estados Unidos Duración: 102 minutos Género: Crimen, Drama, Western Director: David Mackenzie Guión: Taylor Sheridan Productores: Braden Aftergood, Peter Berg, Katrhyn Dean Música: Nick Cave, Warren Ellis Fotografía: Giles Nuttgens Montaje: Jake Roberts Intérpretes: Ben Foster, Chris Pine, Jeff Bridges, Gil Birmingham, Dale Dickey, Marin Ireland, William Sterchi, Buck Taylor, Kristin Berg Estreno en España: 30 de diciembre de 2016 Calificación por edades: No recomendada a menores de 12 años


SINOPSISUn padre divorciado y su hermano, un presidiario recién salido de la cárcel, se dirigen al Oeste de Texas; han concebido un plan desesperado para poder salvar la granja familiar.

CRÍTICA: Si buscamos el significado de comanchería, encontramos dos acepciones: por un lado puede referirse a una jefatura de policía, y por el otro hace referencia al nombre que recibe habitualmente las regiones de Nuevo México, oeste de Texas y zonas cercanas ocupadas por los comanches antes de 1860. Ambas casan perfectamente con el fondo de la película, un western contemporáneo con una aureola de denuncia social dirigido por el británico David Mackenzie (Escocia, 1966), en el que se abordan temas como la lealtad o la familia, con el trasfondo de la profunda regresión económica que asola esa parte del país estadounidense, representada en la voracidad y falta de escrúpulos de los bancos y que es el detonante de la historia que nos cuenta la película. 

                      "Comanchería" es una historia de claros y oscuros, en la que la línea entre el bien y el mal no está claramente definida. Tenemos a la pareja de hermanos que se dedica a robar bancos, pero nos llama la atención el motivo por el que lo hacen, por lo que en prácticamente en todo momento podemos ponernos en su piel. Se rebelan contra una sociedad injusta y un sistema económico que ha hecho mucho daño a su familia. Toby es el hermano sensato y reflexivo, el que quiere robar lo justo para cumplir el plan que ha trazado, sin que ningún inocente salga dañado. Tanner ha visitado la cárcel en más de una ocasión, y es violento e impulsivo, por lo que es inevitable que choquen en más de una ocasión. Por otro lado está la pareja de policías que persiguen sin descanso a los atracadores, que mantienen una relación como poco curiosa, y que aporta las consabidas gotas de humor a un relato que tanto en su fondo como en su forma dibuja un ambiente deprimente y apático, remarcado por la melancolía que rebosa en las diferentes conversaciones que mantienen los hermanos en el porche de su casa, cerveza en mano y observando la puesta de sol. Mackenzie nos ofrece un relato duro y conciso, apoyándose en la estupenda (y polvorienta) fotografía de Giles Nuttgens, abundante en planos de cielos tormentosos, clara referencia al estado anímico de todos los personajes que desfilan por la cinta. Taylor Sheridan ofrece un libreto en principio simple pero lleno de matices, en el que dibuja con trazo firme el modo de vida de los vaqueros modernos y el desajuste social que provoca la implacable mano de los bancos sin escrúpulos. Me gustaría destacar también una muy cuidada banda sonora, con partitura de Nick Cave y Warren Ellis y temas de Chris Stapleton o Townes Van Zandt, entre otros.



                   Los tres actores principales rayan a gran nivel. Chris Pine demuestra que es algo más que una cara bonita y que puede atreverse con proyectos que van más allá de meros blockbusters. Ben Foster tiene, en cambio, un registro más amplio, por lo que nos ofrece interpretaciones muy correctas siempre que aparece en pantalla. Jeff Bridges, como los buenos vinos, mejora con los años, y parece que definitivamente ocupa en Hollywood el lugar que siempre se ha merecido. Incluso en aquellas películas en las que hace una interpretación de manual, como puede ser esta, deja poso y se erige como el mejor actor del reparto.

                   En definitiva, una película muy destacable tanto en el fondo como en la forma, con un ritmo pausado (que no lento) y una aureola intimista, y que trata un tema que lamentablemente está muy de actualidad, apoyado en escenarios desérticos, en una banda sonora muy disfrutable y en unas interpretaciones notables.


NOTA: 8/10

                           

martes, 17 de enero de 2017

Crítica: Train to Busan (2016)

FICHA TÉCNICA
Título original: 부산행 Busanhaeng País: Corea del Sur Duración: 118 minutos Género: Acción, drama, horror Director: Sang-ho Yeon Guión: Sang-ho Yeon Productores: Lee Dong-Ha Productora: Red Peter Film Música: Jang Young-gyu Fotografía: Hyung-deok Lee Intérpretes: Yoo Gong, Soo-an Kim, Yu-mi Jung, Dong-seok Ma, Woo-sik Choi, Sohee, Eui-sung Kim, Eun-kyung Shim, Gwi-hwa Choi, Seok-yong Jeong, Jang Hyuk-Jin, Myung-sin Park Esteno en España: 4 de enero del 2017 Calificación por edades: No recomendada para menores de dieciséis años



SINOPSISUn virus letal se expande por Corea del Sur, provocando violentos altercados. Los pasajeros de un tren KTX que viaja de Seúl a Busan tendrán que luchar por su supervivencia.

CRÍTICA: De un tiempo a esta parte, el interés por el género de terror, y más concretamente por el subgénero de los zombis, ha crecido exponencialmente, hallando su punto culminante en el fenómeno The walking dead (2010- ), que instaló de manera definitiva en nuestra sociedad la fiebre por todo lo que rodea a los muertos vivientes, provocando una avalancha de películas y series, siendo la gran mayoría de ellas de una calidad más que discutible. Evidentemente, a estas alturas, prácticamente está todo inventado, y es complicado encontrar una propuesta que arroje algo de originalidad a un género muy explotado y que acaba contentando únicamente a sus incondicionales (entre los que me incluyo). Una de las propuestas que puede dar un nuevo aire al género es la surcoreana "Train to Busan", dirigida por Sang-ho Yeon (Seúl, 1978), que ya tenía una sólida carrera como director de animación (es más, "Train to Busan" está basada en Seoul Station (2016), del mismo director) y que en esta ocasión se atreve con personajes de carne y hueso. 

                                                                                                                 
                         El punto de partida es sencillo: un grupo de personas se ve atrapada en el tren que va de Seúl a Busan debido a una epidemia provocada por un virus que convierte a las personas a seres ávidos de carne humana. Vamos, lo de casi siempre. Tras unos minutos dedicados a la obligada presentación de los personajes, entramos en el tren en cuestión, donde los acontecimientos se van desarrollando rápidamente. A partir de ese momento, asistimos a una película que no da ni un segundo de tregua, a través de diferentes escenas de acción perfectamente rodadas y coreografiadas (algunas incluyen la presencia de multitud de extras), en las que no falta la ración habitual de sangre (sin llegar a cotas de salvajismo ya vistas con anterioridad, no se nos vaya a desmayar el público...), y todo aderezado con el habitual sentido del humor de las producciones surcoreanas. Realmente, los zombis constituyen una excusa para que el director haga una feroz crítica a algunos de los males que asolan a la sociedad actual, como las familias desestructuradas, reflejadas en el protagonista, absorbido completamente por su trabajo y sin tiempo para ocuparse de su hija pequeña. También observamos la deshumanización de la sociedad, en la que todos miran por sí mismos sin preocuparse por el que tienen al lado. Y quizás ese es uno de los puntos fuertes de la película, un buen desarrollo de los personajes, cada uno con sus motivaciones y preocupaciones, personajes que te importan, al contrario que sucede en muchas de las producciones de este tipo.





                       El reparto cumple a la perfección. Es norma habitual de las películas de infectados (sí, ahora se llaman así) que un grupo de variopintos personajes se junten para afrontar la situación. "Train to Busan" no iba a ser menos, por lo que tenemos al ejecutivo de éxito con problemas familiares, la feliz pareja que espera un bebé, un mendigo, un hombre de negocios sin escrúpulos y hasta un equipo de baseball...Diferentes estamentos sociales afrontando una situación extrema. Sin decantarme expresamente por ninguno de los actores, ya que todos están más que correctos, la niña es la que más transmite la confusión y terror que el desastre provoca en los personajes. 

                  En definitiva, una película que le da una nueva dimensión a un subgénero que nos tenía algo saturados. El hecho de que la acción se desarrolle en un espacio cerrado como es un tren suma tensión a la trama, y se agradece que el guión se esfuerce por dar una identidad a los personajes, provocando que el espectador empatice con ellos y no todo se reduzca a hacer cábalas sobre el orden en el que irán pereciendo. Todo rodado de manera muy competente y con unos FX muy destacables. 


NOTA: 8/10







miércoles, 4 de enero de 2017

Crítica: Hasta el último hombre (2016)

FICHA TÉCNICA
Título original: Hacksaw Ridge País: Estados Unidos, Australia Duración: 131 minutos Género: Drama, Histórico, Bélico Director:  Mel Gibson Guión: Robert Schenkkan, Andrew Knight Productores: Michael Bassick, Lawrence Bender, Terry Benedict Música: Rupert Gregson-Williams Fotografía: Simon Duggan Montaje: John Gilbert Intérpretes: Andrew Garfield, Sam Worthington, Hugo Weaving, Vince Vaughn, Luke Bracey, Theresa Palmer Estreno en España: 7 de diciembre del 2016 Calificación por edades: No recomendada para menores de 16 años


SINÓPSIS: Segunda Guerra Mundial. Desmond Doss (Andrew Garfield), un joven contrario a la violencia, se alista en el ejército de los EEUU con el objetivo de servir como médico durante la guerra. Tras enfrentarse a las autoridades militares y a un juicio por su negativa a empuñar un arma, consigue su objetivo y es enviado a servir como médico al frente japonés.

CRÍTICA: Si algo ha demostrado Mel Gibson (Peekskill, 1956) a lo largo de su carrera ha sido esa inmensa capacidad para no dejar a nadie indiferente, tanto en su faceta interpretativa como, especialmente, en su trabajo detrás de las cámaras. Ambas dimensiones nunca han estado exentas de polémicas, con acusaciones de homofobia y antisemitismo y problemas con el alcohol entre otras cosas. Él se mueve como pez en el agua en este ambiente, y a través de su cine deja que el espectador decida qué es lo que trata de denunciar con las películas que dirige, películas que financia en gran parte con dinero de su propio bolsillo, lo que le permite hacer lo que quiere y como quiere. Tras abordar diversos géneros, era cuestión de tiempo que Gibson se atreviera con el cine bélico, y en "Hasta el último hombre" deja sus habituales sellos de identidad, aquellos que han convertido a Gibson en uno de los directores más viscerales de la actualidad.

                          La principal sensación que me dejó "Hasta el último hombre" es la de haber visto dos películas en una. Y aunque considero que el primer tramo de la historia es necesario para explicar las motivaciones de los personajes, veo situaciones demasiado forzadas (como la historia de amor entre el soldado y la enfermera) y un repetitivo tratamiento de la ideología de Desmond Doss, lo que convierte en redundantes muchos de los minutos de este primer acto. Todo ello aderezado con constantes referencias a la Biblia y al catolicismo, al tener la familia del protagonista unas profundas convicciones religiosas. Además, toda la parte del entrenamiento militar me parece bastante floja, pero sin duda eso es culpa de R. Lee Ermey y su memorable Sargento Hartman en La chaqueta metálica (1987) de Stanley Kubrick, además de un flagrante error de casting. A pesar de estar rodada de manera eficiente por el director, sientes que la película no termina de arrancar, y ese ritmo cansino resta bastantes puntos a la valoración final.

                            Es en la segunda parte del metraje, esa en la que nos metemos de lleno en las trincheras, donde el bueno de Mel empieza a encontrarse totalmente a gusto y donde usa todos los mecanismos necesarios para que sus películas funcionen a la perfección, que no son otros que una dirección firme, sin fisuras, y una capacidad notable para mostrar la violencia en su máxima expresión. Sientes el barro, sientes la sangre, sientes el miedo que atenaza a los soldados, sus expresiones de desconcierto, el sumo cuidado con el que tratan sus objetos personales, única esperanza a la que aferrarse en medio del infierno que están viviendo.Y también observas la evolución (o no) del personaje de Doss, puedes entender su forma de actuar (o no), pero el debate está servido. Lo que es cierto es que tras este despliegue de fuertes emociones, perdonas al director por ese desliz que ha tenido en la primera hora de metraje y vuelves a pensar lo bueno que es.



                           Antes de que se me olvide, me gustaría empezar el recorrido por el reparto con el error de casting que he comentado con anterioridad. No soporto a Vince Vaughn, un tipo que se ha especializado en comedias y que no tiene ni pizca de gracia, y que si se atreve con algo más serio, sale escaldado (un lunar interpretativo en la fallida segunda temporada de True Detective (2014- ), por lo que su participación en esta película como el Sargento Howell es un insulto al espectador. Andrew Garfield es un actor al que no todavía no le he pillado el punto. Cierto es que me gustó bastante como Spider-Man, papel por el que ha sido vapuleado, pero todavía tiene que llegar la película que me lo confirme como uno de los actores a seguir. Esperemos que dicha película sea la nueva de Martin ScorseseSilencio (2016). Como el soldado Doss está bastante correcto, e incluso puede que acumule un buen puñado de nominaciones para la temporada de premios, ya que es un tipo de personaje muy del gusto de los académicos.Del resto del reparto me quedo con un siempre cumplidor Hugo Weaving, que encarna al padre del soldado Doss, y que sufre las secuelas de lo vivido en la 1ª Guerra Mundial.

                              En definitiva, otra muestra más de que el cine bélico está más vivo que nunca, a través de los ojos de un director valiente, que no se casa con nadie y cuyas virtudes cinematográficas le vienen como anillo al dedo al género. Lenta y algo cursi en su primer tramo, brutal y descarnada en toda la parte que se desarrolla en Okinawa, conforma un díptico que agradará a un amplio espectro de espectadores.


NOTA: 8/10

lunes, 31 de octubre de 2016

Crítica: Mechanic: Resurrection (2016)

FICHA TÉCNICA
Título original: Mechanic: Resurrection País: Estados Unidos, Francia Duración: 99 minutos Género: Acción, Thriller, Crimen Director: Dennis Gansel Guión: Philip Shelby, Tony Mosher, basado en los personajes creados por Lewis John Carlino Productores: William Chartoff, Samuel Hadida, Victor Hadida Música: Mark Isham Fotografía: Daniel Gottschalk Montaje: Ueli Christen Intérpretes: Jason Statham, Jessica Alba, Tommy Lee Jones, Sam Hazeldine Estreno en España: 7 de octubre del 2016 Calificación por edades: No recomendada a menores de 16 años


SINOPSISCuando Arthur Bishop (Jason Statham) creía que ya había dejado atrás su pasado criminal, se encuentra de nuevo con él al ser secuestrada la mujer de su vida por uno de sus mayores enemigos. Se ve así obligado a viajar por el mundo para ejecutar tres asesinatos imposibles que deben parecer accidentes.

CRÍTICA: Si hay un actor que lleva años intentando ganarse por derecho propio el título de "action hero" del milenio, ese es sin duda Jason Statham (Derbyshire, 1967), que desde el 2002, año en el que encarnara por primera vez a Frank Martin, el taciturno protagonista de Transporter, ha ido encadenando proyecto tras proyecto, casi todos de una calidad en cierto modo cuestionable (aunque hemos de reconocer que ha participado en una serie de títulos muy destacables), pero a los que no se les puede negar su capacidad para divertir al espectador menos exigente. La película que nos ocupa es la secuela de The mechanic (2011), cinta que a su vez era un remake de Fríamente...sin motivos personales (1972), protagonizada por otro duro por excelencia del cine, Charles Bronson, por lo que los paralelismos aumentan a la hora de considerar a Statham digno sucesor de todos esos justicieros del cine. Pues bien, la primera película protagonizada por el personaje Arthur Bishop fue una pequeña sorpresa dentro de aquello a lo que nos tiene acostumbrados Jason Statham, por lo que la noticia de una secuela despertó el interés del ávido consumidor de palomitas que todos llevamos dentro, pero el resultado no ha podido ser más decepcionante.

                           Algo falla cuando una película la escriben nada más y nada menos que cuatro guionistas y el libreto termina siendo absolutamente infame, totalmente inconsistente y con una trama sencillamente ridícula. Ya desde el primer momento se ve lo forzado de los diálogos, y después de mirar el reloj un par de veces únicamente esperas a que llegue la siguiente escena de acción para no arrepentirte del todo de esa hora y media que ya sabes que has tirado a la basura (junto con el dinero de la entrada). No todo iba a ser malo, tiene alguna escena rescatable, como la de la piscina (un oasis en el desierto del aburrimiento), y las peleas no están mal coregrafiadas del todo. Y paramos de contar, ya que el resto del producto es (tristemente) olvidable, de esos que guardas en una caja en lo más profundo de tu subconsciente para posteriormente tirar la llave al mar. 




                        En el apartado interpretativo (carcajadas de fondo), Statham es Statham, y evidentemente hace lo que puede o sabe. Pero es que en esta ocasión lo han juntado con Jessica Alba, que sin haber sido nunca un dechado de virtudes en cuanto al arte de actuar se refiere, es evidente que se encuentra en un agujero negro del que no creemos que puede salir nunca. Y, para colmo de males, la química entre ellos está a bastantes grados bajo cero, lo que en ningún momento hace creíble su relación. Menos mal que andaba por ahí Tommy Lee Jones, con una papel tan ridículo como balsámico, y que logró despertar del sopor generalizado a toda la sala de cine. Del malo de la función prefiero no acordarme...

                         Y poco más que decir. Nos encontramos ante un Bond de mercadillo, sin glamour, sin la mordacidad habitual de 007 y viajando por países de cartón piedra, que gustará a los seguidores de Statham y dejará indiferente a todos los demás. Película de DVD de domingo por la tarde en el que no hay nada mejor que hacer.

NOTA: 3/10 

domingo, 16 de octubre de 2016

Crítica: Un monstruo viene a verme (2016)


FICHA TÉCNICA
Título original: A Monster Calls País: España, Estados Unidos Duración: 108 minutos Género: Drama, Fantástico Director: J.A. Bayona Guión: Patrick Ness, basado en su novela Productores: Belén Atienza, Álvaro Agustín, Ghislain Barrois, Sandra Hermida Patrick Ness Música: Fernando Velázquez Fotografía: Óscar Faura Montaje: Jaume Martí, Bernat Vilaplana Intérpretes: Lewis MacDougall, Sigourney Weaver, Felicity Jones, Toby Kebbell, Ben Moore Estreno en España: 7 de octubre del 2016 Calificación por edades: No recomendada para menores de 12 años







SINOPSISTras la separación de sus padres, Connor (Lewis MacDougall), un chico de 12 años, intentará superar sus miedos y fobias con la ayuda de un monstruo que viene a visitarle siempre a la misma hora.

CRÍTICA: Una de las máximas fundamentales para disfrutar del visionado de una película es saber lo menos posible de ella, misión harto complicada por gracia y obra de la cantidad de información que nos llega a través de los diferentes medios. Y con "Un monstruo viene a verme" es aún más difícil  abstraerse, puesto que la campaña promocional de la película ha sido sencillamente titánica, algo que ya sucedió con la anterior película del director,  Lo imposible (2012). Estas dos películas, junto con El orfanato (2007), han bastado para colocar a J.A. Bayona (Barcelona,1975) en los altares del panorama cinematográfico español. ¿Las claves para haber alcanzado tal estatus? Pues ofrecernos historias que tocan nuestra fibra sensible y que tienen una factura técnica impecable. Bueno, y, ya lo hemos dicho antes, una campaña publicitaria mastodóntica, que también ayuda lo suyo. Por todo esto no es de extrañar que Hollywood haya fijado su mirada en el director español y le haya encargado su primer proyecto más allá del charco, ni más ni menos que la secuela de Jurassic World (2015). Palabras mayores. Pero eso es otra historia, ahora nos detendremos en analizar si vale la pena sumergirse en la odisea de Conor O,Maley.

                            Nuestro joven protagonista tiene una vida muy complicada, tanto en lo personal como en lo familiar. Ha tocado fondo, y su vía de escape son las visitas de un monstruo milenario que parece conocerle muy bien. Y hasta ahí puedo leer, porque es imposible contar más cosas sin destripar una trama que se debe disfrutar desde el más profundo desconocimiento. Nos encontramos ante una fábula adulta, vista desde los ojos de un niño al que obligan a crecer demasiado deprisa. Bayona ha demostrado con creces que se mueve como pez en el agua con estos ingredientes, y nos ofrece una película tremendamente bella a pesar de la tristeza que emana durante prácticamente todo el metraje. El director recurre a un tema habitual en su trilogía cinematográfica, las relaciones madre-hijo, y si bien puede parecer que recurre a mecanismos que buscan arrancar la lágrima fácil del espectador, aquí parecen más justificados que en "Lo imposible", o tal vez el realizador ha depurado su técnica y su manera de contar las historias para que no de esa impresión, por lo que podemos decir que poco a poco alcanza su madurez profesional, algo sorprendente teniendo en cuenta que tiene 41 años.La cinta conjuga de manera potente el intimismo que requiere la historia que cuenta con los apabullantes efectos especiales utilizados en las apariciones del monstruo, por lo que es una película que contentará a un amplio espectro de espectadores, desde los más exigentes con la forma de contar una historia hasta los que se centran únicamente en el apartado técnico.




                              Destacaba en la crítica de El hogar de Miss Peregrine para niños peculiares (2016) la interpretación de Asa Butterfield. En "Un monstruo viene a verme", el peso de la historia recae en otro joven actor, Lewis MacDougall, cuya fantástica actuación viene a confirmar que nos encontramos ante una generación de actores y actrices que tiene muy buena pinta. El hecho de que la película se centre en el personaje de Conor hace que los actores adultos tengan un papel algo secundario, empezando por Felicity Jones, que encarna a la madre del protagonista. Por su parte, tanto Sigourney Weaver como Toby Kebbell, abuela y padre del niño, respectivamente, tienen papeles casi testimoniales, y se les podía haber sacado mayor partido. Por último, me gustaría señalar que un famoso actor (del que no diré el nombre), pone la voz al monstruo, y si estamos atentos durante la película nos fijaremos en un detalle que puede ser clave en la comprensión de la trama.

                                 En definitiva, una película muy bonita, a la vez que muy triste, que se apoya en un despliegue descomunal de efectos especiales sin dejar de lado la habitual capacidad de Bayona para contar la historia de una manera que nos atrapa hasta los títulos de crédito. Todo apoyado en el libreto de Patrick Ness (autor del libro en el que se basa la película) y en la preciosa banda sonora de Fernando Velázquez. Que no os la cuenten, disfrutadla y sacad vuestras propias conclusiones.


NOTA: 8/10